The Project Gutenberg EBook of Los cursos, by Pierre-Eugne Veber

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Title: Los cursos

Author: Pierre-Eugne Veber

Translator: Jos A. Luengo

Release Date: September 10, 2011 [EBook #37382]

Language: Spanish

Character set encoding: ISO-8859-1

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En esta edicin se han mantenido las convenciones ortogrficas del
original, incluyendo las variadas normas de acentuacin presentes en el
texto. (nota del transcriptor)




CALPE

LOS HUMORISTAS


Volmenes publicados.

     JORGE COURTELINE.--_Boubouroche._ Traducida del francs por N.
     Gonzlez Ruiz.

     _Los seores chupatintas._ Tr. por N. Gonzlez Ruiz.

     ARNOLD BENNET.--_Enterrado en vida._ Traducida del ingls por
     Vicente Vera.

     _El "matador" de Cinco-Villas._ Tr. por C. Rivas Cherif.

     _La viuda del balcn._ Tr. por C. Rivas Cherif.

     JULIO CAMBA.--_La rana viajera._

     HENRY SIDNOR HARRISON.--_Queed, el doctorcillo._ Tr. del ingls por
     Juan de Castro.

     EUGENIO HELTAI.--_"Family Hotel" y Mi segunda mujer._ Tr. del
     hngaro por A. Rvsz.

     _Manuel VII y su poca._ (Continuacin de "_Family Hotel_".) Tr.
     por A. Rvsz.

     A. CHEJOV.--_Historia de una anguila, y otras historias._ Tr. del
     ruso por Saturnino Ximnez.

     RAMON GOMEZ DE LA SERNA.--_Disparates._

     ESTEBAN SZOMACHAZY.--_El dramaturgo misterioso._ Tr. del hngaro
     por A. Rvsz.

     RENE BENJAMN.--_Gaspar._ Tr. del francs por Manuel Azaa.

     P. VEBER.--_Los cursos._ Tr. del francs por M. Luengo.


En prensa.

     ARNOLD BENNET.--_Hilda Lesways._ Tr. del ingls por Eugenio Xammar.

     RENE BENJAMIN.--_El mayor Pipe y su padre._ Traducida del francs
     por N. Gonzlez Ruiz.

     PAWLOWSKY.--_Viaje al pais de la cuarta dimensin._ Tr. del francs
     por R. Snchez Ocaa.

     ANDRS MAUROIS.--_Los silencios del coronel Bramble._ Tr. del
     francs por J. J. Llovet.


COLECCIN CONTEMPORANEA

Primeras obras que aparecen en esta serie.

     CHARLES MAURRAS.--_Anthinea._ Traducida del francs por Enrique de
     Mesa.

     MAURICIO BARRES.--_La colina inspirada._ Traducida del francs por
     Fernando Garca Vela.

     _Amori et dolori sacrum._ Traducida por Luis Bello.

     _El viaje de Esparta._ Tr. por J. Ortega y Gasset.

     _Los desarraigados._ Tr. por B. G. de Candamo.

     TOMAS HARDY.--_Lejos de la loca multitud._ Tr. del ingls por F.
     Climent Terrer.

     _La mano de Ethelberta._ Tr. por F. Villaverde.

     _La Bien Amada._ Traducida por F. Climent Terrer.




LOS CURSOS

ES PROPIEDAD

COPYRIGHT BY CALPE, MADRID, 1921


Papel expresamente fabricado por LA PAPELERA ESPAOLA




PEDRO VEBER

LOS CURSOS

_LA TRADUCCION DEL FRANCES_

_HA SIDO HECHA POR_

_JOSE A. LUENGO_


LOS HUMORISTAS

CALPE


"Tipogrfica Renovacin" (C. A.), Larra, 6 y 8.--MADRID




I

CURSO DE LITERATURA


_En el Liceo Montespan, el despacho de la directora no es severo de
aspecto. El limonero del mobiliario, las colgaduras azul de Francia, la
luz que cae de una vidriera un poco alta, todo da al decorado la
apariencia de un saln de lujo en un paquebote. La directora--la seora
Jozielle--bordea los treinta y cinco aos. Aunque famosa por su virtud,
que atacaron en vano diez ministros de Instruccin pblica, veinte
diputados, treinta consejeros municipales y un nmero incalculable de
funcionarios, la seora Jozielle puede pasar por una belleza
provocativa; no tiene lentes; luce un vestido azul miosotis; este
vestido representa un programa completo, porque es suelto y, por
consiguiente, permite adivinarlo todo y no olvidar nada. La directora lo
toma todo en serio, hasta las cosas serias; en este momento repasa una
carta, cuyos trminos no son muy de su agrado. El timbre del telfono,
instalado junto al tintero, tintinea. La directora coge el auricular y,
como se hace cuando se telefona, mira vagamente al plinto que hay frente
a ella._

LA SEORA JOZIELLE.--Al habla! S...! La seora Labron? Quin es...?
Ah..., s...! La seora que me ha escrito? No pude leer la firma de la
carta. Acompela hasta aqu...! S! Tiene solicitada una visita...

     _Un silencio. La seora directora cuelga de nuevo; levntase a
     medias para examinar su fisonoma en el lejano espejo que forma
     parte del plinto. Da unos toquecitos a sus hermosos cabellos
     rojizos y torna a sentarse; toma un libro de cuentas, que aparenta
     estudiar con un cuidado afanoso. Llaman; un tiempo, y luego la
     seora Jozielle dice con acento de fastidio_:

--Adelante...!

     _Una criada sin edad abre la puerta y anuncia_:

--La seora Labron!

     _Antes de que la seora directora haya tenido tiempo de manifestar
     su opinin, otra seora de cierta edad se precipita en la estancia
     como un tanque; es la seora Labron, que anuncia la cuarentena tan
     verdicamente como si tuviera la fiebre amarilla a su lado. Es
     tambin roja, pero la alhea tiene alguna culpa de ello; est
     vestida con un traje de color de ciruela y tocada con un sombrero
     verde obscuro; comprende confusamente que esto no se armoniza con
     las colgaduras de la estancia. Por esta causa adopta el partido de
     mostrarse agresiva._

LA SEORA LABRON.--Seora directora: soy una madre indignada, que
acude...

LA SEORA JOZIELLE (_tranquila, levantndose e indicndole una silla
junto a su mesa_).--Quiere usted hacerme el favor de sentarse, seora?

LA SEORA LABRON.--Muchas gracias! (_Se sienta._) Seora: soy una madre
indignada, que...

LA SEORA JOZIELLE (_muy afable_).--Usted dispense...! Es usted la
seora Labron, verdad?...

LA SEORA LABRON (_ya menos duea de s misma_).--S, seora! Soy una
madre, que...

LA SEORA JOZIELLE (_completamente amable_).--Usted es la mam de Pepita
Labron, que est, con las mayores, en primera. Aun sin saber quin es
usted la hubiese reconocido, porque su encantadora nia es un vivo
retrato de usted. Parecen ustedes dos hermanas...

LA SEORA LABRON (_casi sosegada_).--Es usted muy amable! Seora
directora: es una mam inquieta, que espera de usted...

LA SEORA JOZIELLE.--Seora: en m encontrar usted una amiga, ms
vieja, ay!, que usted; una amiga que sabr seguramente calmar su
inquietud. En su carta, que recib hace un instante, se queja usted de
nuestro eminente profesor de Historia literaria, seor Chabregy...

LA SEORA LABRON (_nuevamente encolerizada_).--Es un miserable...! Ha
abusado indignamente de mi pobre hija...!

LA SEORA JOZIELLE.--Me pasma usted! El seor Chabregy es un sabio
austero...

LA SEORA LABRON (_furiosa_).--Hay que decirlo! Ha besado a mi
hija...!

LA SEORA JOZIELLE (_estupefacta_).--Oh...! Y dnde...?

LA SEORA LABRON.--En la boca, seora, en la boca...!

LA SEORA JOZIELLE.--Usted perdone! Quiero decirle que en qu lugar ha
sido ello.

LA SEORA LABRON.--La ha besado en el locutorio, seora...! Y en la
boca, seora...!

LA SEORA JOZIELLE.--Estoy llena de confusin. Es la primera vez que
ocurre una cosa parecida en el Liceo Montespan... Y el seor
Chabregy...! Oh! Quin le cont este incidente...?

LA SEORA LABRON.--La misma Pepita! Entr en casa, me cogi aparte y me
dijo: Madre ma: amo al seor Chabregy. Me ha besado en la boca.
Quiero casarme con l...! Se convence usted ahora?

LA SEORA JOZIELLE (_muy disgustada_).--Evidentemente, puesto que la
vctima ha denunciado a su seductor...! Adems, he hecho interrogar a
Pepita por la seora Rouvert, mi subdirectora, y ella ha confesado,
ruborizndose, lo que usted acaba de decirme...

LA SEORA LABRON.--Ah! Lo ve usted...? Qu stiro...!

LA SEORA JOZIELLE.--No nos precipitemos...! Primeramente hay que
instruir el proceso, saber cmo ha ocurrido la cosa, las circunstancias
que concurrieron...

LA SEORA LABRON.--Las circunstancias...! Ha besado a mi hija en la
boca... Eso es todo...!

LA SEORA JOZIELLE (_irritada_).--Ya lo s...! En fin, puede que se
trate de un movimiento involuntario...

LA SEORA LABRON.--Involuntario...? Por Dios, seora...! La besaron a
usted alguna vez de este modo...?

LA SEORA JOZIELLE (_digna_).--Qu duda cabe...? Estoy divorciada,
seora...!

LA SEORA LABRON.--Ah! Enhorabuena...! Pues bien; usted no ignora cmo
se conduce un hombre cuando se entrega a estas demostraciones...
Principia por la boca...!

LA SEORA JOZIELLE (_soadora_).--Es lo general...!

LA SEORA LABRON.--Y adnde va a parar...?

LA SEORA JOZIELLE.--_Quo non descendam?_, habra dicho Foucquet. Pero
nos alejamos del asunto... Usted tiene derecho a una reparacin, seora.
Qu exige usted...? Yo puedo despedir al seor Chabregy... Piense usted
en las consecuencias; el Consejo de disciplina se enterar del asunto.
Este excelente profesor verse obligado a abandonar la Universidad. Es
destrozar su porvenir! Piense, seora, que apagar usted una lumbrera
de la Ciencia...!

LA SEORA LABRON.--De veras...?

LA SEORA JOZIELLE.--Adems, no podremos ahogar el escndalo. Su querida
Pepita resultar comprometida. Y tiene usted derecho a estropear el
porvenir de su hija...?

LA SEORA LABRON (_perpleja_).--Es verdad...! Entonces no veo mas que
una solucin... Puesto que ese monstruo con rostro humano se ha hecho
amar por mi hija..., que se case con ella...!

LA SEORA JOZIELLE (_estupefacta_).--Cmo...! Consentira usted en
entregar su hija a...?

LA SEORA LABRON.--No hay ms remedio! Siga usted mi razonamiento: una
rapaza que ha sido besada de esta manera se transforma y ya no tiene
ideas normales acerca de la existencia... Mire: cuando yo era una
jovencita, el seor Labron me bes la boca en un baile blanco...
Recuerdo el efecto que esto me caus...! Hubo que casarme a escape...!
Mi hija es mi hija... Me entiende usted...?

LA SEORA JOZIELLE.--La entiendo...! Pero hay un obstculo...!
(_Vacilando._) Creo que el seor Chabregy es casado...!

LA SEORA LABRON (_dando un brinco_).--Casado...! Y se atreve a besar
a las jvenes...! Est usted segura de que es casado...?

LA SEORA JOZIELLE.--Claro! El me ha presentado a una seora bastante
fea como si fuera la seora Chabregy...

LA SEORA LABRON.--Quia, seora, quia...! Mi hija me ha dicho que era
soltero... Y ella ha debido tomar sus informes...! El le ha presentado
a usted a su querida...! Yo pagar lo que haga falta...! O se casa, o
dar el escndalo...! Es mi resolucin definitiva...!

LA SEORA JOZIELLE.--Est bien, seora...! Voy a interrogar al seor
Chabregy y a darle a conocer las condiciones de usted. Haga el favor de
retirarse y vuelva dentro de una hora.

     _La seora Labron se marcha. A los pocos segundos entra en el
     despacho directorial el profesor literario: es un hombrn rubiazo,
     miope, rasurado, inverosmilmente flaco y ya un poco calvo; no sabe
     dnde poner las manos ni los pies; flota como una deuda en una
     chaqueta lamentable; dirase que fu criado en un telescopio.
     Parece aburrido ms de cuanto pudiera expresarse._

CHABREGY.--Me ha mandado usted llamar, seora directora...?

     _La seora Jozielle contempla al seductor con una estupefaccin
     poco aduladora, con aire de decirse que las jvenes tienen un gusto
     deplorable. Luego indica una banqueta, donde Chabregy se sienta
     tmidamente; ruido de rtulas mal engrasadas._

LA SEORA JOZIELLE (_muy en directora_).--Tenemos que hablar, seor
profesor...

CHABREGY (_suplicante_).--No siga usted, seora directora...! Va usted
a hablarme del asunto Pepita...?

LA SEORA JOZIELLE.--Ah...! Confiesa usted...?

CHABREGY (_enrgico_).--Yo no confieso nada...! Soy vctima de una
maquinacin horrible...! Le juro, seora, que soy un hombre amigo de
cumplir con mi deber..., que soy un profesor irreprochable...! Y
permtame que se lo confiese con orgullo: a pesar de tener treinta y
cinco aos, me he conservado virgen...

LA SEORA JOZIELLE (_incrdula_).--De veras...?

CHABREGY.--No hay en ello mrito alguno; el estudio me absorbe y no me
deja tiempo para dedicarme a la francachela. Adems, y esto ya lo debi
notar usted, no soy hermoso...!

LA SEORA JOZIELLE (_vaga_).--Dios mo...! Los hay ms feos que
usted...!

CHABREGY (_firme_).--No, seora...! Yo tengo la fealdad profesional, y
por eso me eligi usted...! Usted se dijo: Con este, por lo menos,
puedo estar bien tranquila...! No inspirar malas ideas a sus
discpulas...! Confieso que esta opinin me ufan...!

LA SEORA JOZIELLE (_ya interesada_).--Le aseguro, seor Chabregy, que
usted exagera su fealdad...!

CHABREGY.--No...! Soy tan feo como Littr...! Y juzgbame al abrigo
de las vanas pasiones humanas...! Me engaaba...!

LA SEORA JOZIELLE.--Caramba...! Es verdad que ha besado usted a una
joven en la boca...? S o no...?

CHABREGY (_confuso_).--S, seora directora...! Y puedo aadir que no
me ha causado placer alguno...!

LA SEORA JOZIELLE.--De veras...? Tiene usted el gusto muy difcil,
amigo mo...! La seorita Labron es una muchacha muy linda. Es hasta
bella...!

CHABREGY.--Oh! No exagera usted...! Es una diosa joven, conformes; es
tan alta como yo, aunque mejor proporcionada y de buenas carnes. Su
rostro tiene la nobleza de las medallas antiguas. Me inspiran horror
estas mujeres...!

LA SEORA JOZIELLE (_aturdida_).--Entonces no me explico lo
sucedido...!

CHABREGY.--Va usted a verlo; es sencillsimo: me rog usted que diera a
las discpulas mayorcitas un curso de historia literaria; dispusimos de
comn acuerdo el tema de mis lecciones: La influencia de la mujer en la
literatura y en las costumbres del siglo XVII.

LA SEORA JOZIELLE.--Confieso mi imprudencia...! No conviene hablar de
las mujeres a las jvenes...!

CHABREGY.--Y de qu quiere usted que se les hable...? De los
hombres...? Eso sera todava peor...!

LA SEORA JOZIELLE (_melanclica_).--Tiene usted razn...!
Contine...!

CHABREGY.--Hasta entonces yo no haba dado clase mas que a las medianas,
a las _back fish_, que aun no tienen sexo, si me atrevo a expresarme
as. Estas apenas me intimidaban; pero al entrar en la clase de las
mayores sentme sbitamente desorientado, como si penetrara en un pas
desconocido, habitado por seres inquietantes; haba all, en esta clase,
un extrao perfume, formado por mil perfumes; un aroma que se me suba a
la cabeza. Yo perda la conciencia de mi personalidad y me converta en
un individuo distinto; yo, que soy modesto y ms bien insignificante,
experimentaba un deseo de brillar, de decir cosas espirituales y
sutiles, de hacerme valer, en fin...! Qu vergenza...!

LA SEORA JOZIELLE (_protestando_).--No hay por qu avergonzarse de
esto...! Sus cursos han sido muy estimados.

CHABREGY (_severo_).--No lo fueron tanto como debieran...! A pesar
mo, me haba convertido en un comicucho. Buscaba los efectos...! Yo
no era ya un profesor, sino un conferenciante...! Las muchachas sentan
tentaciones de aplaudirme, y yo--no se lo ocultar,
seora!--experimentaba un placer infame ante este solo pensamiento.
Cuando sala de mi clase estaba como embriagado con una deliciosa
embriaguez. Cmo me despreciaba en seguida, Dios mo...! Muchas veces
estuve a punto de correr aqu para rogarle que me librara de esta tarea,
de la que era indigno. Fu cobarde y continu. Soy el mal sacerdote de
la religin acadmica. Eso es, seora...!

LA SEORA JOZIELLE.--Y cmo concibi usted el proyecto de seducir a la
joven Pepita?

CHABREGY (_cambiando de tono_).--Cmo...! Ni por pienso...! Es un
absurdo...! Seducir a alguien...? Yo...? Usted no me ha visto
bien...! No...! El castigo cay sobre m cuando menos lo esperaba...!
Por culpable que fuese, yo haba conservado cierta conciencia
profesional. Quera que mis lecciones fuesen, no solamente agradables,
sino tambin tiles. Para estar seguro de que me comprendan bien, yo,
como todos los pedagogos, haba escogido a la ms estpida de la clase,
es decir, a la seorita Labron. Yo me deca: Si esta lo entiende, las
dems lo entendern mejor!, y, mientras hablaba, mirbala para seguir
en su semblante el trabajo de su lenta inteligencia. Y si su semblante
se iluminaba, me senta satisfecho...! Puesto que esta simplota se
enteraba, las dems deban de haberse enterado tambin...!

LA SEORA JOZIELLE.--Desgraciado...! La pobre muchacha crey que usted
le dedicaba una atencin particular...! Al principio sintise adulada,
y luego, agradecida. La seorita Labron se dijo: Habla por m...!
Interpret esto como una discreta declaracin, y como esta nia es
novelesca, enamorse de usted... Y usted no comprendi nada...?

CHABREGY.--S, seora; pero demasiado tarde...! Figrese usted que
despus de la ltima leccin la seorita me dijo en voz baja:
Caballero! Tengo que preguntarle una cosa a solas. Le espero en el
locutorio... Yo no desconfiaba ni pizca...! Ocurre con mucha
frecuencia que una discpula le pida a uno aclaraciones; no puede
rehusarse este benvolo repaso. Me presento, pues, en el locutorio;
apenas hube entrado en l, la seorita Pepita se precipita contra la
puerta, la cierra, se vuelve hacia m y me dice: Lo s todo,
caballero...! Qu sabe usted, seorita...? S que usted me ama y no
se atreve a decrmelo... Qu...!, exclam yo. Pues bien; yo
tambin le amo...! Seora: si un rayo hubiera cado a mis pies, no me
hubiese quedado ms aterrorizado...

LA SEORA JOZIELLE.--Bah! Ya se hubiera usted aterrorizado algo
ms...! Pero contine...!

CHABREGY.--No haba tenido tiempo de salir de mi asombro, cuando esta
joven me salt al cuello y me bes en la boca... Luego huy despus de
haberme encerrado en el locutorio... Tuve que salir por la ventana...!
A esto se reduce toda mi novela de amor...! Juro que he dicho la
verdad. Jzgueme usted...!

LA SEORA JOZIELLE (_soadora_).--Es usted sincero...! Estas
chiquillas tienen a veces unas ocurrencias locas...! Pero me asombra que
usted..., un hombre casado...

CHABREGY.--Yo...! Yo no soy casado...!

LA SEORA JOZIELLE (_severa_).--De modo, caballero, que la seora
Chabregy que usted me present era su querida...?

CHABREGY.--No...! Es mi madre...!

LA SEORA JOZIELLE (_alegre_).--Oh! Entonces es otra cosa...! Usted
puede casarse con su vctima...!

CHABREGY (_estupefacto_).--Quiere usted que me case...?

LA SEORA JOZIELLE (_sin rodeos_).--No discuta usted...! Se trata de
una joven exquisita, que le ama y que tiene doscientos mil francos de
dote... Los padres exigen que usted repare su falta...!

CHABREGY (_afligido_).--Pero si yo no quiero casarme...! Yo no quiero
casarme...!

LA SEORA JOZIELLE.--Oh! No discuta usted...! No tiene derecho a
elegir...! O se casa o, de lo contrario, vendr el Consejo de
disciplina y la expulsin...!

CHABREGY.--Es usted cruel...! Yo no amo a esa chiquilla...!

LA SEORA JOZIELLE.--Peor para usted...! No quiero que haya escndalos
en mi Liceo...! Se casar usted...! Se lo exijo...!

CHABREGY (_lamentable_).--Puesto que no queda otro remedio...! Har lo
que usted quiera...!

LA SEORA JOZIELLE.--Gracias a Dios...! Voy a dar una buena respuesta a
esa joven madre...

CHABREGY.--Dsela usted...! Pero, si quiere conocer mi opinin, he aqu
un matrimonio que no ser dichoso... (_Saluda y se va._)




II

CURSO DE DECLAMACION


_La seorita Jessy Loudon se ha metido en la avenida Frochot; busca un
pabelln, que le ha indicado la portera; llega ante uno de hermoso
aspecto cuya puerta de entrada adrnase con una placa de cobre que tiene
estas palabras_: ANTHIME TALMA, CURSO DE DICCIN. _Llama; una criadita
de repertorio abre la puerta e introduce a la visitante en un amplio
estudio adornado con grabados antiguos. En el fondo, una especie de
escenario; a la derecha, un divn, tumba de la virtud de las mujeres; a
la izquierda, una mesita de te, sin te, y unas sillas_. (Mise en scne
_de la Comedia Francesa_.) _La seorita Jessy se sienta junto a la
mesita de te. Es una joven morena, estilo Otero, de buenas carnes y
bellamente ataviada con un vestido que, bastante corto segn nuestro
gusto, muestra un arranque de piernas esplndidas y descubre un
nacimiento de pecho impresionante. Un nacimiento es siempre bendito!
Mientras la criadita se retira, Jessy contempla los grabados antiguos,
que recuerdan a los grandes artistas, orgullo de nuestro Teatro: Lekain,
Potier, los Lepeintre--el joven y el mayor--, Beauvallet, la seorita
Mars, la seorita George--esta cocinera heroica--, Rachel, Descle, el
famoso Grassot--inventor de un ponche--, Arnal y Vernet, en sus papeles
ms clebres. Las obras desaparecieron; pero la efigie de los actores
permanece. Jessy contempla a estos antepasados, mientras pasa su mano,
distrada, por una banda de perlas, que vale cien mil francos. Hermoso
nmero...! Entra el maestro; es Anthime Talma, el comediante ms notable
de nuestra tercera Repblica. Pertenece a esa fuerte raza de cmicos
que, no habiendo podido triunfar en escena, abrazaron el estado de
profesor y prosperaron en l enseando las reglas de un arte que ellos
no supieron aplicar nunca. Talma es un eterno galn joven, que tiene
cuarenta y cinco aos y representa cincuenta. Cabeza pelada, con las
arrugas de la vejez a lo largo de la nariz; frente genial de imbcil y
ojos apagados; porte exquisitamente correcto._

TALMA (_saludando_).--Seorita! A quin tengo el gusto...?

JESSY (_levantndose_).--Soy la seorita Jessy Loudon; me enva a usted
la seorita Marjorie Daw, su discpula...

TALMA.--La seorita Daw es ms que una discpula...! Es una emanacin
de mi genio...! Hgame el favor de sentarse, seorita Loudon...! Y
explqueme lo que la trae por aqu...! Estoy a su disposicin...!

     _Juega con un monculo que le serva antiguamente en sus papeles de
     galn joven._

JESSY.--Se trata, maestro, de pedir a usted unas lecciones y...

TALMA (_interrumpindola con un noble ademn_).--Un instante...! Tiene
usted vocacin, hija ma...?

JESSY (_turbada_).--No lo s...! A usted le toca decrmelo...!

TALMA.--Somete usted mi conciencia a una dura prueba. Sepa usted que yo
tengo el respeto de mi arte...! Antes de alcanzar la celebridad conoc
horas dolorosas. Llegu hasta a dudar de mi porvenir...! Pas por
pruebas de incertidumbre, donde otros hubieran zozobrado...!
Preguntbame yo mismo si posea lo que hace al artista, si tena derecho
a imponerme a la admiracin de las multitudes... Ha sentido usted,
seorita, estas angustias...?

JESSY (_sincera_).--No, maestro...!

TALMA.--Pues la envidio...! Usted ignora los atroces dolores que
templan al artista. Yo, aqu donde usted me ve, estuve a punto de
sucumbir a ellos. Un poco ms, y hubiera renunciado al teatro para
entrar en la Compaa de Suez...! La suerte quiso que fracasara en el
examen! Torn al arte sublime del comediante! Dios me haba indicado mi
camino y lo escuch. Entr en el Conservatorio.

JESSY.--Qu suerte tuvo usted...!

TALMA (_ofendido_).--No fu suerte, como usted dice. Me haba impuesto
al Jurado. Ellos no me haban comprendido, sino soportado; yo llevaba a
esa vieja casona un espritu nuevo, una ardiente sensibilidad, que
maravillaron a mis profesores. Obtuve el primer premio de Comedia y de
Tragedia; los subvencionados se asustaron; no se atrevieron a soltarme
en el repertorio. Yo dominaba el teatro desde muy alto; por esta causa
me consagr al sacerdocio. Yo, seorita, no soy un simple profesor,
sino un sacerdote... Llevo cincuenta francos por leccin; pero enseo,
con los preceptos del arte, el respeto al arte. Mi divisa es Todo por
el arte puro. Aado que se me pagan por adelantado cuatro lecciones;
pero esto es a ttulo de seal. Si usted no tiene condiciones,
rechazar con horror sus doscientos francos...!

JESSY (_tmida_).--No se trata de dinero, maestro...! Estoy dispuesta
a pagar cien francos por leccin...!

TALMA (_suavizado_).--Estos sentimientos la honran, seora. No tendr
usted por qu arrepentirse. Permtame que la mire...! Tiene usted un
buen fsico. Qu edad...?

JESSY (_moneando_).--Dios mo...! Podra mentir a usted y decirle la
edad que aparento: veintin aos. En realidad, tengo veinticuatro.

TALMA.--S! Total, veintiocho...! Si usted se presenta en el
Conservatorio, pondremos en la hoja de admisin diez y nueve aos. No
proteste; se trata de una antigua costumbre administrativa.

JESSY.--Pero protestar mi partida de nacimiento...!

TALMA.--Qu cosas tiene usted...! Si todas las partidas de nacimiento
de las actrices protestaran, no sera posible entenderse...! Estn
pintadas, por espritu de cuerpo. Y para una cmica constituye hasta una
ventaja el pasar por el Conservatorio, porque se rejuvenece en l cinco,
ocho y aun diez aos.

JESSY (_alegre_).--Caramba...! No haba pensado en esto...!

TALMA.--No es posible pensar en todo. La comedia es una fuente de
juventud. Se llama usted Jessy Loudon?

JESSY (_ingenua_).--Ese es mi nombre de guerra... de guerra contra los
hombres... Yo me llamo verdaderamente Josefina Branchu.

TALMA.--En lo sucesivo, hija ma, se llamar usted Rachel Mars.

JESSY (_confusa_).--El nombre no es, por lo visto, moco de pavo.

TALMA.--Para una artista, el nombre es la cuarta parte del xito. Ya
sabe que me intereso mucho por usted. Adivino que posee usted dotes
naturales. Usted ha sido arrastrada al teatro por una de esas vocaciones
irresistibles...

JESSY.--Quia! No! De ninguna manera...! A m no me gusta el teatro...
No me agrada mas que el cinematgrafo...!

TALMA (_sofocado_).--Qu blasfemia...!

JESSY.--Hasta puedo confesarle a usted que el teatro me disgustaba
cuando era muchacha honrada... Hace ya mucho tiempo...!

TALMA (_curioso_).--Ah! De manera que usted no es ya...? (_Se
acerca._)

JESSY.--Claro que no lo soy...! Comprender usted que salgo ya sin mi
nodriza...! Y que no he ganado estas perlas cosiendo a mquina...!

TALMA.--Lo adivino! Usted es hija de un consejero de Estado arruinado
por las especulaciones.

JESSY.--Yo soy hija de mis obras, de mis obras vivas. Mam tiene un
cuarto amueblado en Montparnasse...

TALMA (_molesto_).--Chist...! Chist...! Nada de escndalos...! Eh?

JESSY.--Oh! Mam es muy correcta...! Nunca se llev mal con las
buenas costumbres...! Yo tambin era correctsima. Poseo todos mis
certificados y hubiera podido ser institutriz, como Blanquita... Sabe
usted a qu Blanquita me refiero...?

TALMA.--A la herona del seor Brieux. Le aconsejo a usted la escena del
acto tercero.

JESSY.--Ya es demasiado tarde. Entr en las Galeras Wilson, donde
alcanc un gran xito como maniqu. Exhiba durante el da hermosos
vestidos. Y le advierto que soy una plstica estupenda. Puede usted
creerlo...!

TALMA.--Lo creo...! (_Se sigue acercando._)

JESSY.--Era muy dichosa; pero no lo saba, y por eso me juzgaba muy
desdichada. Presentse un buen negocio: el seor Sautriot, el
confeccionador al por mayor, un hombre por el estilo de usted, un poco
gastado, pero muy corts. Ofrecime una buena posicin.

TALMA (_descorazonado_).--Ah, miserable...!

JESSY.--El...? Es la flor y nata de los hombres...! Me di a escape
todo lo que quera, y adems me daba de propina lo que no quera. Me
entrega dinero en forma de renta vitalicia.

TALMA (_sin comprenderla_).--Procura hacerse perdonar su edad...

JESSY (_impaciente_).--No me entiende usted...! Al hablar as quiero
decir que me asegura mi porvenir. No es viejo. Apenas tiene cuarenta
aos. Es ms joven que usted...!

TALMA (_vejado_).--Usted dispense! Yo tengo...!

JESSY.--Usted tiene cuarenta y cinco aos. He comprobado su edad en la
lista de los premiados del Conservatorio. Ahora bien; con arreglo a su
teora, esto equivale a...

TALMA (_evasivo_).--Dejemos eso a un lado...!

JESSY.--Como usted guste...! Entonces se produjo en mi vida un fenmeno
inverso: creame dichosa, puesto que lo tena todo, y en realidad era
muy desdichada. Me aburra con un aburrimiento de ms de cien francos
por hora...! Siguise a esto que el seor Sautriot se aburri viendo que
yo me aburra. Me compr un aparato fotogrfico perfeccionado, tiles de
pirograbado, una caja de colores, las ltimas novelas y los juegos de
sociedad. Todo en vano...! Me pag vestidos para distraerme. Me ofreci
lecciones de piano. Todo me fastidiaba...! Una noche, al desnudarme
delante de l, exclam: Qu piernas tan bonitas tienes, querida
ma...!

TALMA (_ofuscado_).--Por Dios, seorita...!

JESSY.--Dispnseme usted, maestro...! El exclam: Qu piernas tan
bonitas tienes...! Con unas piernas semejantes, no se te ocurri nunca
hacerte del teatro...?

TALMA.--Y usted se neg...?

JESSY.--Ni soarlo...! Sent que la vocacin se adueaba de m, que iba
a tener al fin algo que me interesara en la vida, que Dios me sealaba
el camino que haba de seguir... Dios me haba concedido unas piernas
lindas...! Era para que se las enseara a todos los amigos del seor
Sautriot y para que el seor Sautriot se enorgulleciera de ello. De esta
manera satisfaca mi deseo de actividad y la vanagloria del seor
Sautriot. Mi amigo se hubiera desconsolado si yo lo hubiese engaado con
un aviador, o con cualquier otro objeto de primera necesidad. Pero
sentase ufano de que lo engaase con el pblico.

TALMA.--Exactsimo...! Ha definido usted la seduccin que las mujeres
de teatro ejercen sobre sus amantes ricos.

JESSY.--Sautriot mostrse encantado. Fu a recomendarme a la seora
Grattemimi, directora de las Locuras Medianas. Esto debi costarle
mucho...!

TALMA.--Supone usted que esa dama le pedira dinero...?

JESSY.--Djeme continuar...! Esto debi costarle mucho trabajo, porque
a l no le gustaba relacionarse con la gente de teatro. Es un negociante
apacible y un hombre casado, que no tiene gran inters en
encanallarse... Hizo que me contrataran; fu a ver con l a la
directora, una verdadera mujer de mundo, en toda la extensin de la
palabra. Nos recibi muy amablemente y me dijo: Usted, amiguita, har
una Gran Coqueta. Lo veo desde la primera ojeada...! En seguida me
rog muy discretamente que le enseara mis piernas y me firm un
contrato; en la primera revista, que est en ensayo, debo representar a
la hija de Jeft, al Pudor y a la Verdad. He visto los trajes, que son
preciosos. Si los reuniera usted pedazo por pedazo, no conseguira hacer
con ellos un vestido de mujer honrada.

TALMA.--Y acepta usted esto...?

JESSY.--No se disguste usted...! Tendr que aceptar cosas peores.
Despus de todo, las mujeres honradas se desnudan de da y yo me
desnudar de noche. Unicamente nos diferenciar la diversidad de
pblico. Yo no amo a nadie; por esta causa estoy resuelta a acostarme
con todo el mundo. No aportar vicio alguno con la ejecucin de este
programa. Me acostar con los autores, con los principales intrpretes,
con el administrador, con el apuntador, con los tramoyistas y hasta con
el amante de la seora directora; me acostar con el comanditario, con
el vendedor de programas, con el consejero municipal del barrio, con el
diputado del distrito y, si es preciso, con el ministro. Me acostar, en
fin, con el ms alto magistrado del Estado, si ste tiene tiempo y
deseos de hacerlo. Cuando una mujer abraza una carrera, conviene que
abrace tambin a todos los que pueden facilitarle el acceso a la misma.
Esto no me impedir que entre en la Comedia Francesa, si se me antoja.
Por el contrario...! Me ayudar a conseguirlo...!

TALMA (_indignado_).--Est usted hiriendo mis convicciones, seora...!

JESSY.--Sus convicciones...! Se las compro...! Mire: tome cien sueldos
y devulvame cinco francos... Cree todava en la nobleza del arte,
usted que nunca tuvo mas que sinsabores? Cree usted en el talento y en
el genio? Si yo tuviera la nariz ladeada o la pierna torcida, cambiara
la faz del mundo, al menos para el seor Sautriot, y yo no figurara en
la compaa de la seora Grattemimi.

TALMA.--Est usted pisoteando mis ideas ms queridas. Sin embargo,
siento en usted una personalidad rebelde. Quiero convertirla a la
religin del arte puro. (_Se acerca._)

JESSY.--Demasiado veo adnde va usted a parar...! Cuando un hombre me
habla de arte, acaba siempre por...

TALMA.--Qu se figura usted...? Quiero que usted se eleve hasta estas
cumbres desde las que se contemplan las ideas generales y donde no se
experimenta ningn sentimiento ruin. Para interpretar a los genios, a
Corneille, a Molire, a Racine, hay que hacerse un alma semejante a la
suya; hay que pasar su corazn por el autoclave del sufrimiento; hay que
caminar con pies desnudos por los senderos cubiertos con las espinas de
la envidia y con las ortigas de la maledicencia.

JESSY.--Qu ocurrencias tan graciosas las suyas...! No tengo los pies
hechos a eso...!

TALMA (_cogindole una mano_).--Yo la ayudar, hija ma...!

JESSY.--Pero est usted muy seguro de que hay que comprender a
Corneille para interpretar el papel del Pudor en las Locuras Medianas?

TALMA.--S...!

     _Este principia distradamente a entretenerse._

JESSY.--Acaso Gandouille tutea a Racine...?

TALMA.--Quin es ese Gandouille...?

JESSY.--El cmico que ha perpetrado la revista en que yo trabajo y que
hace todas las porqueras que estrena la seora Grattemimi.

TALMA (_ajeno a todo esto_).--No lo s...! Es posible...! Todo es
posible...!

JESSY.--Y usted, que se codea con Molire, qu est buscando en este
momento por los alrededores de mis ligas...? Sin duda, esto es lo que
usted llama un sendero de espinas...

TALMA.--Le suplico, querida ma...!

JESSY.--Comprendido...! Es el oficio que entra, como suele decirse...
Bah...! Yo soy una buena muchacha...!

     _Se dirige hacia el divn y se quita el cors._

--Ea...! Vamos a elevar nuestra alma...

     _Talma no se lo hace repetir. Adivnase la continuacin. Al cabo de
     unos cuantos minutos, Jessy se levanta tan tranquila como si
     acabara de cumplir una pequea formalidad administrativa. Se pone
     su capa y se da unos pocos polvos en la nariz y en las mejillas, en
     tanto que el querido maestro restablece la buena disposicin de su
     peinado. Breve silencio. Jessy se toca nuevamente con su sombrero;
     luego, algo turbada, registra en su bolso y saca dos billetes de
     cien francos, que alarga a su profesor._

TALMA (_rechazando los billetes_).--Por qu me ofrece usted este
dinero...?

JESSY.--Caramba...! Es el precio del abono... para la leccin...!

TALMA (_digno_).--Por quin me toma usted...? Soy un caballero,
seora...! Despus de lo ocurrido entre nosotros yo no puedo recibir la
menor cantidad de usted...

JESSY (_asombrada y encantada_).--Bueno...!

TALMA.--Por lo menos, hoy...! Ya me pagar a fin de mes...! La seora
Talma le pasar el recibo...!




III

CURSO DE EURITMIA


_La seora Bouzine ha llevado a su hija nica, Lea, al curso de Euritmia
dirigido por la clebre Terpsy, profesora de bellas actitudes. El curso
Terpsy est situado en esa regin montaosa que ya no es precisamente
Pars y que tampoco es todava Montmartre; calle Blanca; un amplio
estudio, situado en el sptimo piso; no hay ascensor. La seora Bouzine,
que es morena, bastante gruesa, de rasgos acentuados y de aspecto
imponente, jadea al subir la escalera. Lea la sigue ms alegremente; es
una muchachita de diez y ocho aos, morena, como su madre; anuncia
predisposicin para la obesidad. Por ahora no es ms que rechoncha,
pequeita, de buenas carnes y con unas pantorrillas que los seores se
vuelven a contemplar cuando va por la calle. Lea se parece
desagradablemente a su madre. Llegan por fin al ltimo piso, ante una
puerta detrs de la cual djase or una vaga msica; la seora Bouzine
recobra el aliento, y luego llama. Una criada, bastante sucia, introduce
a las visitantes en un saloncito poco amueblado y cuyo moderno estilo
disimula mal la pobreza._

LA CRIADA.--Tengan la bondad de esperar, seoras...! Pronto llegar el
entreacto. La seorita Terpsy no tardar...! (_Vase._)

LEA.--Oye, mam... Por qu no nos marchamos...? Volveramos otro
da...!

LA SEORA BOUZINE.--Tienes ganas de broma...? Yo no he subido siete
pisos para nada...! Adems, hay que obedecer los consejos de tu to.
Esta pequea engorda demasiado... Necesita hacer ejercicio...!
Quieres engordar...? S o no...?

LEA.--Me da lo mismo...!

LA SEORA BOUZINE.--Ests en tu juicio...? Y cuando no puedas
casarte...? Buena la habrs hecho!

LEA.--Bah! Es que todava puedo...!

LA SEORA BOUZINE.--Yo tambin deca eso... Y ya ves a lo que he venido
a parar...!

LEA (_riendo_).--Ay, mam...! Es que vas a seguir tambin el curso
Terpsy...?

LA SEORA BOUZINE.--Por qu no...? Algunas ms gruesas que yo lo
siguen. Ah tienes a la seora Gimblon...! Era ms recia que yo, y ha
adelgazado diez kilos...!

LEA (_riendo_).--Y a consecuencia de esto, hasta se le ha desviado un
rin...! Yo no quiero tener un rin fuera de su lugar...!

LA SEORA BOUZINE (_severa_).--Lo que est fuera de lugar, hija ma,
son tus observaciones...!

     _Detinese la msica entre bastidores. Aparece la seorita Terpsy.
     Es una mujer alta, de cuarenta aos, con rasgos un poco cansados,
     pero muy regulares. Est vestida con una especie de peplo
     grisceo, que cubre un traje de malla de color de carne; piernas y
     brazos desnudos, pies calzados con sandalias entrelazadas; el
     peinado rojo de la seorita Terpsy est sujeto con bandeletas de
     oro. Adivnase un cuerpo esplndido, sobre el cual el peplo forma
     pliegues de una perfecta armona._

TERPSY (_indicando unas sillas_).--Tengan la bondad de sentarse,
seoras...!

     _Ella se adjudica un silln de forma griega; actitud de Tanagra.
     Las visitantes estn maravilladas._

LA SEORA BOUZINE.--Es usted la seora Terpsy? Yo soy amiga de la
seora Gimblon.

TERPSY (_inmvil_).--Ah...! Ya...! De mi Diez-kilos...!

LA SEORA BOUZINE.--Qu dice usted...?

TERPSY.--Le quit diez kilos en un mes...!

LA SEORA BOUZINE.--Ya me lo cont...! Ahora ya puede agacharse!

TERPSY.--Esto no es mas que el principio...! La estoy retrasando un
poco a causa de los senos...[1].

LA SEORA BOUZINE.--Qu designios...?

TERPSY.--Hablo del pecho...! Cuando se adelgaza demasiado de prisa, el
pecho cae... Y no conviene...!

LEA (_curiosa_).--De manera que los senos de la seora Gimblon...?

TERPSY.--Marchan muy bien, gracias a Dios...! Pero... cmo decirlo...?
Sentan vrtigos...! Dejbanse caer en... la tentacin...! Yo dije a
la seora Gimblon: Hay que someterse al masaje, y cuando ellos no
tengan ya vacilaciones volver usted y la dedicar a la prrica...

LA SEORA BOUZINE.--Y qu es eso...?

TERPSY.--La danza guerrera... Usted desconoce todava mi enseanza: la
danza clsica en todas sus manifestaciones. No hay ejercicio mejor...!
Desde luego aqu no aprender usted el tango...!

LEA (_vivamente_).--Oh...! El tango...? Ya lo s...!

TERPSY.--Peor para usted...! Es la nica danza que hace engordar.
Principalmente las piernas y el bajo-vientre!

LA SEORA BOUZINE (_severa_).--No bailars ms el tango, Lea...!

TERPSY (_interesada_).--Ah...! Es esta joven la que necesita mis
consejos...?

LA SEORA BOUZINE.--Claro...! Qu pensaba usted...?

TERPSY (_contemplndola_).--Oh...! Gentil...! Bien proporcionada...!
Rostro interesante...! Sin embargo, ya era tiempo...!

LA SEORA BOUZINE.--Lo mismo pens su to...! Su to es mdico...!

TERPSY.--Estos seores nos envan muchas clientes...!

LA SEORA BOUZINE.--Adems, mi cuado se pasar por aqu al caer la
tarde... Siente curiosidad por conocer el mtodo de usted...!

TERPSY.--Yo no tengo nada oculto para los seores de la Facultad...!
Ah...! Le recuerdo el precio de la leccin...! Es de tres mil francos
mensuales, a leccin por da...!

LA SEORA BOUZINE (_inclinando la cabeza_).--Ya me lo haban
indicado...!

TERPSY.--Yo les facilito el traje y el peplo: son cuarenta luises.

LEA (_irnica_).--Habra que ser verdugo de su cuerpo para privarse de
ello...!

TERPSY (_muy amable_).--Pero si su seor cuerpo no quiere nada de esto,
no hay por qu disgustar a los dems... Yo no corro detrs de las
lecciones...!

LA SEORA BOUZINE (_alargndole discretamente un sobre_).--Dispense a
mi hija...! Es un poco burlona...! Ah van los dos primeros meses.

TERPSY (_arrojando el sobre al fondo de un cajn_).--Gracias...!
(_Firma un recibo en pergamino, que parece un diploma._) Voy a exponerle
mi sistema a grandes rasgos. Aqu tenemos, por ejemplo, a su hija, que
es bastante linda...! Sin embargo, se sostiene mal, es de aspecto vulgar
y se mueve con dificultad. No tiene un solo ademn que sea gracioso...!

LEA (_sonriente_).--Encantador...! Siga usted echndome flores,
mientras las haya en su jardn...!

TERPSY.--Yo, hija ma, le digo a usted la verdad... Usted no sabe
sentarse ni levantarse; usted no sabe acostarse... Usted no sabe
andar...! Usted no sabe inclinarse...! Procure usted designar un
objeto; este jarrn... Y diga: He aqu un jarrn...!

LEA (_obedeciendo_).--He aqu un jarrn... que no me gusta...!

TERPSY.--Lo est usted viendo...? Es lo que yo deca...! Hace usted
un ademn torpe, un ademn vulgar...! Parece que est usted disparando
una pistola con su ndice... Eso carece de gracia...!

LEA.--Yo me sirvo de mi ndice como puedo...!

TERPSY.--Qu error...! Es una cosa muy villana ensear un dedo...!
Mreme...! Yo contemplo el jarrn...! Luego curvo mi brazo, como para
la ofrenda de mi deseo, y tiendo mis manos como si fueran una flor...
(_Actitud._)

LA SEORA BOUZINE (_entusiasmada_).--Bravo...!

LEA (_vejada_).--Evidentemente, es bonito...! Pero si hay que ir de
ofrenda siempre que se quiera un vaso...!

TERPSY (_severa_).--Es necesario...! Atienda...! Apuesto a que usted
no sabe coger un paraguas cado...! (_Toma el paraguas de la seora
Bouzine y lo tira al suelo._) Hala...! (_Deteniendo a la seora
Bouzine, que va a agacharse._) Deje usted a su hija...! Haga usted el
favor de cogerlo, seorita Lea...!

LEA (_doblndose en dos y cogiendo el paraguas_).--No es nada
difcil...!

TERPSY (_indignada_).--Quieta...! Sultelo usted, desventurada...! Y
mreme; me acerco; voy, no sobre el objeto, sino al lado del objeto;
doblo la rodilla derecha y pliego la izquierda; inclino mi cuerpo a la
derecha y, con brazo alado, cojo el objeto como la lanza de un hroe
difunto...

LA SEORA BOUZINE (_en el colmo de la dicha_).--Ah, qu hermoso...!
Bravo, seora Terpsy...! Bravo...! (_A su hija._) Te acordars...?
(_Lea hace una mueca._)

TERPSY.--Se enfada usted conmigo, seorita... Sin embargo, usted
adquirir poco a poco la costumbre de poner cierta armona en sus
menores ademanes... Bajar usted del coche como una princesa baja de
una carroza...! Comer usted tan noblemente, que su yantar no ser la
satisfaccin, sino la idealizacin de una necesidad...! Hasta sus ms
bajas funciones se revestirn de belleza...!

LEA (_interesada_).--Tiene usted tambin una actitud para esto...?

TERPSY.--Para todo, seorita...! Mi enseanza no hace mas que expresar
con ademanes los sentimientos sugeridos por la msica: de esta suerte,
yo la acostumbro a usted a guardar en el odo ciertas frases lricas;
stas acompaarn su vida en lo sucesivo. Principio por los sentimientos
sencillos: _la alegra_ (danza bquica), _la tristeza_ (el treno), _el
ensueo_ (Beethoven), _la voluptuosidad_ (ertica), _la clera_
(prrica), etctera. Una orquesta, oculta detrs de un biombo, toca los
trozos de los mejores maestros, mientras que usted realiza cortejos
tomados de jarrones etruscos, de bajorrelieves, de medallones y de
reconstituciones cuidadosamente clasificadas. As preparamos una
juventud digna de este pas...

LEA.--Una juventud...? Con la seora Gimblon, que tiene ya la
cuarentena...? Hasta le llaman la Fiebre amarilla...!

TERPSY (_digna_).--La seora Gimblon torna a sus treinta aos,
demasiado mal cuidados...! Es ya canfora, que quiere decir portadora
de canastillo...! Dentro de poco ser promovida a hierofante... Vamos
a pasar a la sala de los oficios; antes quiere usted decirme el nombre
del doctor amigo de la familia que debe venir a buscarlas...?

LA SEORA BOUZINE.--Es mi hermano, el profesor Tassouin.

TERPSY (_sobrecogida_).--Gilberto Tassouin...?

LA SEORA BOUZINE.--El mismo! Le conoce usted...?

TERPSY.--De nombre...! Por aqu, seoras...

     _Dice algunas palabras en voz baja a la criada; luego entran en el
     estudio: las damas, en peplo y traje de mallas, toman el te con
     unas amigas ms vestidas. A la entrada de Terpsy se levantan._

TERPSY.--Seoras...! Al altar...!

     _Todas suben a un pequeo tablado._

TERPSY (_manda_).--Los tirsos...! Interpretemos las Bacantes...!
Segn el dibujo nmero 315, copa del museo de Pompeya...! (_A la
orquesta._) El _agitato_ de la _suite_ en mi...!

     _Y de sbito, golpeando a un Baco imaginario, las jvenes se
     precipitan. Terpsy, con los crtalos en las manos, rima la danza,
     cuyos pasos son cada vez ms rpidos; todo esto acaba en un furioso
     torbellino. La seora Bouzine y su hija estn estupefactas y
     piensan_:

--Imposible...! Nos encontramos entre los dingos...!

TERPSY (_a Lea_).--Qu le parece a usted, hija ma...?

LEA.--Oh! Cuando yo refiera esto a mis compaeras de pensin van a
sudar de firme...! Me explico que se pierda grasa con este
ejercicio...!

TERPSY.--Espere...! Tenemos el treno para descansar. (_A sus
discpulas._) Seoras...! El peplo..., los velos negros..., las
palmas...! Usted llevar la urna, seorita Punas...! Dibujo 215, segn
el vaso fnebre del Louvre... (_A la orquesta._) La marcha _Sulla morte
d'un hroe_...!

     _Las damas forman una procesin detrs de la seorita Punas;
     avanzan con lento paso, dando muestras del ms profundo dolor._

LA SEORA BOUZINE (_encantada_).--Mira, Lea...! Qu hermoso...!

LEA (_burlona_).--S...! Aqu estamos ms contentas que ah
enfrente...!

     _Y la jornada contina de esta manera. A cosa de las seis, el
     profesor Gilberto Tassouin, antiguo buen mozo, muy grave, se
     presenta; asiste al final de la sesin sin decir una palabra. La
     seora Bouzine est inquieta._

LA SEORA BOUZINE.--Qu te parece, Gilberto...?

LEA.--Verdad, to, que no se trata de una cosa ordinaria...?

GILBERTO (_grave_).--T no comprendes nada de esto, hija ma...! Es
muy notable...!

LEA (_asombrada_).--Qu dices...? T tambin, maestro, te prendas de
esto...?

GILBERTO.--Hay en ello una revelacin: la Kineterapia aplicada a la
Esttica. Nunca podra aconsejarte bastante cun necesario es para ti
que sigas este curso... Por otra parte, voy a quedarme un instante con
la seora Terpsy; deseo interrogarla acerca de los resultados obtenidos.
(_A la seora Bouzine._) Ir a buscaros esta noche.

     _Las dos mujeres se marchan. El profesor entra en el saloncito,
     donde Terpsy se le une, apenas ida su ltima discpula._

GILBERTO (_ceremonioso_).--Seora: dispense usted mi curiosidad...!

TERPSY (_saltndole al cuello_).--Quita de ah...! A qu viene eso de
seora...? No me besas ya, Gilberto mo...?

GILBERTO (_turbado por este beso_).--Ignoraba si deba...

TERPSY.--Es cierto...! Me abandonaste cochinamente hace veinte
aos...! Pero tuve tiempo de perdonarte...! Te di los mejores aos de
mi juventud, bandido...! Y no lo siento...! Quia...! Cunto me
alegra que hayas venido...!

GILBERTO.--Oh! Me senta atrado por la curiosidad! Que me lleve el
diantre si sospechaba que la clebre Terpsy era Melania Boujotte, a la
que yo haba dejado de modista en Montmartre...!

TERPSY.--Pues, querido mo, algo de culpa tienes t de que yo me haya
convertido en Terpsy... Es una cosa que te debo, adems de la prdida de
mis ilusiones.

GILBERTO.--Imposible...!

TERPSY.--Vas a ver cmo se encadena todo. Cuando me dejaste plantada con
el pretexto de que te impeda estudiar, estuve a punto de matarme...
S, alma ma...! Yo, tu alegra de vivir, como t me llamabas, quise
envenenarme; claro est que no pude hacerlo. No tena ganas de trabajar,
y entonces me lanc a la vida alegre... Todas las noches iba al baile
Vestris y all danzaba para aturdirme... Y nunca regresaba sola...!

GILBERTO (_disgustado_).--Siempre con el fin de aturdirte...?

TERPSY.--Ah tiene usted a los hombres...! Se preocupan de nuestra
fidelidad aun despus que ellos fueron los causantes de nuestra cada...
Un da, o, mejor dicho, una maana, haba venido conmigo un viejo
cmico, que tuvo antao talento, un tal La Tharillire...

GILBERTO.--S...! Lo recuerdo...!

TERPSY.--Como no tena ganas de... rer, nos pusimos a charlar.
Escuchme bonitamente y luego me dijo: T, hija ma, no sers nunca mas
que una pobrecilla fracasada, una triste _horizontal_. De esta manera
no logrars atrapar jams al multimillonario. Sin embargo, hace poco te
vea bailar: tienes en las piernas una cosa que no es vulgar; ests muy
bien formada. Y con esto ya se puede hacer algo...! Me explic su
plan: fundar un curso de danza para _snobs_. Oh...! Nada de
_fox-trot_ ni de matchichas argentinas...! Esto est gastado y
archiconcludo! No! Ha de ser algo medicinal y neosimbolista a la
vez...! Entonces fundamos el curso de Belleza aplicada...! La
Tharillire subvino a los primeros gastos, y hasta se cas conmigo...
S; yo soy la seora La Tharillire...! Ah...! Cmo recuerdo aquellos
principios en un cuartito pequen de Clignancourt! Tenamos tres
discpulos y un ciego que tocaba el piano...! Poco a poco fu aumentando
la clientela: cubanas, chilenas y norteamericanas, que acudan por
casualidad y por... algo ms... No frunzas el ceo...! Es necesario
comer...! Ya estbamos lanzados...! Nos habamos mudado aqu,
contratado una orquesta y hecho repartir prospectos... En esto se le
ocurre a mi marido dejarme viuda...!

GILBERTO (_interesado_).--Ah...! Eres viuda...?

TERPSY.--Desde hace cinco aos...! Apechugu yo sola con el
negocio...! Y te aseguro que, si tengo buenas piernas, tampoco tengo
mala cabeza... Sabes cunto gano ahora por ao...? Doscientos mil
francos...!

GILBERTO (_amargado_).--Menos gano yo y soy mdico de los
hospitales...!

TERPSY (_riendo_).--Caramba! T no puedes recibir a los enfermos mas
que de uno en uno, y yo los recibo a montones...! Tengo diez por la
maana y veinticinco por la tarde. Voy a ampliar el negocio y a tomar un
hotel... Y te aseguro que har una propaganda monstruosa!

GILBERTO.--Y... cmo aprendiste los preceptos de tu arte...?

TERPSY.--Yo...? Yo no aprend nada...! Entre La Tharillire y yo
inventamos todo esto. Compramos cuatro grabados antiguos, y cunto nos
divertimos confeccionando las danzas arcaicas...! Pobre viejo...!

GILBERTO (_conmovido_).--Melania ma...! (_Le coge la mano._) Estoy
turbadsimo... Te encuentro ms bella que nunca..., ms mujer..., ms...

TERPSY (_retirando su mano_).--S...! Tus ojos se nublan...! Ya s lo
que significa esto...! Nada..., nada...! Aquello se acab...!

GILBERTO.--Entonces, me echas...?

TERPSY.--Quia...! Estoy encantada de tenerte y te guardo conmigo. Te
hago un contrato...!

GILBERTO (_asombrado_).--Eh...?

TERPSY.--Precisamente estaba buscando un mdico..., un mdico de
fama..., para que figurara en mi establecimiento... Necesito un nombre
conocido! T no puedes negrmelo...! Te dar un sueldo de cuatro mil
francos mensuales... Esto te entretendr una media hora por da...! Y
yo pongo en mis prospectos: Direccin mdica: Profesor Gilberto
Tassouin. Esto es importante...! Quieres...?

GILBERTO.--Acepto; pero por nada, me entiendes? Por nada...

TERPSY (_resignada_).--Comprendido...! Por nada quiere decir por
m, no es eso...? En fin, si ese es tu gusto... Removeremos las
cenizas...!

GILBERTO.--Querida ma...! (_Va a ceirle la cintura._)

TERPSY.--Un momento...! Voy a avisar a la orquesta...! (_En el
acstico._) Toquen ustedes el _Concerto de Schumann_...! (_Volviendo._)
Ahora..., a tu disposicin...!




IV

CURSO DE NATACION


_La seora Grelou entra en el establecimiento del doctor Sinclar; ensea
su tarjeta de abono y permanece algunos minutos en una cabina; esta
mujer es todava deseable, aunque disimula sus cuarenta y cinco
primaveras. Las piernas de la seora Grelou son famosas por su contorno.
Unicamente el rostro acusa cierto cansancio, por haber estado expuesto
durante un cuarto de siglo a la admiracin de los hombres y al
menosprecio de las mujeres. Los ojos, azules, muy tiernos, tienen lo que
llaman los poetas pata de gallo. Sus cabellos, que eran naturalmente
rubios, siguen siendo rubios, aunque menos naturalmente. Su epidermis no
tiene ya el brillo de hace diez aos y va adquiriendo un matiz harinoso.
En una palabra, la seora Grelou es una antigua rubia; sin embargo, su
lnea es siempre elegante y su porte bastante juvenil. Esta dama ha
venido a la piscina Sinclar (bao mixto, para uso de los parisienses y
de las parisienses de la mejor sociedad) sin la menor intencin de
baarse. Sera imprudente para ella arriesgar una zambullida en pblico;
hase puesto como pretexto un traje de bao azul obscuro, un gorrito
lorens de satn impermeabilizado y unas sandalias gris perla; un
peinador de bao, salpicado de dibujitos amarillos y azules, completa su
atavo de baista jubilada. Llega hasta la piscina._

_Es un estanque cuadrado, bastante amplio, rodeado de una columnata
drica. En el agua, cuatro o cinco personas de uno u otro sexo retozan
bajo la vigilancia de cuatro maestros nadadores, que estn pensando en
otra cosa; al pie de la columnata hay una profusin de mesitas de te,
rodeadas de baistas, con trajes de bao y con peinadores, que se han
guardado muy bien de remojarse. La seora Grelou es detenida, al pasar,
por cuatro nyades, entre los treinta y cinco y los cincuenta aos, que
toman el te._

LA SEORA CELAMINA.--Hola, Simona...! Ven aqu...!

LA SEORA GRELOU.--Dentro de un ratito, querida ma...! Aun no he
tomado mi bao...!

LA SEORA GENTISEL.--Tiene usted tiempo...! Una taza de te no la har
dao...!

LA SEORA LABONNETTE.--Quiere usted un sorbito de oporto...?

EL VIZCONDE GEDEN (_levantndose_).--Sintese usted aqu, seora...!

LA SEORA GRELOU (_pasando entre ellos_).--No...! Resueltamente,
no...! Tengo que mojarme un poco...! (_Se aleja._)

EL VIZCONDE GEDEN (_tornando a sentarse_).--No cabe duda...! Esta
mujer est todava bastante buena...!

LA SEORA GENTISEL.--Cierto...! Nadie dira que tiene cuarenta y ocho
aos...!

LA SEORA LABONNETTE.--No hay que ser mala lengua...! No pasa de los
cuarenta...!

LA SEORA GENTISEL.--Lo dice usted de veras...? Pero si tiene una hija
de veinticinco aos...!

EL VIZCONDE.--Y un hijo, que est en el asilo de Ancianos del Vesinet.
Es el ms pequeo.

LA SEORA CELAMINA.--Es usted absurdo, Geden...! Para usted son
viejas todas las mujeres que no se le rindieron...!

EL VIZCONDE.--Evidente! Tengo veinticinco aos. Me quedan, pues,
todava diez aos para no pasar de esa edad. Y me aprovecho de ello para
vengarme de las damas que no me quisieron...

LA SEORA GENTISEL.--Y Simona no le quiso...!

EL VIZCONDE.--Lo confieso. Me gustaba mucho y se lo insinu. Adoro a las
mujeres de esta edad, a las mujeres de las que se dice que se
defienden; pero a las que nadie ataca ya. Ella me contest que era
honrada.

LA SEORA GENTISEL.--Lo era para usted...!

EL VIZCONDE.--Eso pens yo. Y no tard en descubrir que era honrada para
todo el mundo menos para Ral de Saint-Crazy.

LA SEORA CELAMINA (_interesada_).--Caramba...! Est usted seguro...?

EL VIZCONDE.--Voy a revelarle a usted un secreto, mi querida seora:
Ha muerto Napolen...!

LA SEORA CELAMINA (_disgustada_).--Es un rumor que se hace correr por
ah...!

EL VIZCONDE.--Que ha muerto Napolen...?

LA SEORA CELAMINA.--No! Que la seora Grelou y el pequeo Crazy...

LA SEORA LABONNETTE.--Ah! Permtame usted que proteste... No se habla
de otra cosa desde hace mucho tiempo... Esta buena Simona no viene aqu
mas que para vigilar al hermoso Ral.

LA SEORA GENTISEL.--El hermoso Ral no se priva de nada...! Ayer me lo
encontr en el auto de la seorita Fraicherose, la bailarina. Iba en l
como en su casa...!

LA SEORA CELAMINA.--De qu vive el pobre Ral?

EL VIZCONDE.--No se sabe... Vive. Ya es bastante para los tiempos que
corremos...!

LA SEORA LABONNETTE.--Su padre se arruin por las mujeres.

EL VIZCONDE.--Y el hijo sigue aumentando las trampas del padre.

LA SEORA GENTISEL.--Usted, Geden, es peor que la peste...! Contamina
todas las reputaciones...

EL VIZCONDE.--No me defiendo...! Me molesta el tal Ral...! Parece una
de esas muecas de escaparate que se visten de oficial para Ao Nuevo.
Es dulce, insolente, feroz y, adems, delicioso. Ha posedo a todas las
mujeres que yo deseaba.

LA SEORA LABONNETTE.--El qu...? A la seorita Fraicherose
tambin...?

EL VIZCONDE.--A la seorita Fraicherose tambin...! Despus de todo, la
seorita Fraicherose tampoco est ya en la flor de su juventud.

LA SEORA CELAMINA (_riendo_).--Claro...! Se resisti a usted...!

EL VIZCONDE.--Desde luego...! Por eso la envejezco... Adems... es
una cualquier cosa! Vive a costa del hermoso Ral y, de propina, le hace
pasar por un chulo indecente... Es delicioso...!

LA SEORA GENTISEL.--Est aqu esa Fraicherose...?

EL VIZCONDE.--S. Al otro lado del abrevadero... Es aquella muchacha
alta, delgada y morena que acaba de salir del agua. Porque ella se
baa...! Puede resistir la prueba del agua, que fortalece sus carnes, en
vez de poner de manifiesto, como en algunas, las injurias del tiempo.

LA SEORA GENTISEL (_furiosa_).--Yo tambin me bao...!

EL VIZCONDE.--Por Dios, seora...! Yo no me refera a usted...! Sin
embargo, consiento en perder todos mis derechos a la corona de Portugal
si la seora Grelou desciende a la piscina... Mrela...! Se detiene
junto a las mesas... Poco a poco se llega hasta Ral, que charla con la
seorita Fraicherose y le paga el te... Porque Ral paga...! Usted es
testigo de que paga...!

     _En efecto; el seor de Saint-Crazy recibe a la seorita
     Fraicherose a su salida de la piscina. Le ha alargado el peinador
     recio para que se enjugue y la ha secado tiernamente. Luego le ha
     puesto el peinador de gala, y los dos se han ido a tomar el te
     debajo de la columnata._

RAL (_muy conmovido_).--Querida ma...! Hermosa ma...! Al fin te
tengo un instante...!

FRAICHEROSE.--Ay, amor mo...! Qu cosa tan hermosa es sta...! El
agua fra... como una serpiente.

RAL.--Y la reaccin...?

FRAICHEROSE.--Excelente...! La Reaccin Francesa...! Siento calor por
dentro y fro por fuera... Mira...! Tienta...! (_Ella le alarga su
brazo desnudo._)

RAL (_palpando_).--S...! Ten cuidado...! Nos espan...!

FRAICHEROSE.--Qu dices...? Supongo que no te avergonzars de m...

RAL (_protestando_).--Pero qu ests hablando ah...? Soy prudente por
ti, a causa de Blucher...

FRAICHEROSE.--A causa de mi amante...? Bah! Ya sabe a qu
atenerse...! Todas las maanas recibe varios annimos. Y figrate si
estar enterado...! Adems le he confesado que t eras el amado de mi
corazn...

RAL.--Ah...! Y qu te ha contestado...?

FRAICHEROSE.--Cosas muy bien dichas: Podas haber elegido a alguno
peor, querida ma... Eh...? Es muy _chic_...! Es Luis XV puro...!

RAL.--Es muy mortificante para m... y para ti...!

FRAICHEROSE.--Bah! Qu bobo eres...! Este hombre ser tu amigo ntimo
antes de ocho das...!

RAL (_amargamente_).--S...! Cuando nos hospedemos en la misma
posada, bajo la misma muestra...!

FRAICHEROSE.--Bajo qu muestra...?

RAL.--A los cornudos complacientes...! Se admiten huspedes a pie y
a caballo...!

FRAICHEROSE.--Bah! Esas son frases...! Todo el mundo es cornudo...!
Mi padre lo era y el Emperador tambin...! Oh...! El te con mandarina
es una delicia...! (_Bebe._)

RAL (_sin transicin_).--Te acompao...?

FRAICHEROSE (_indiferente_).--No, amor mo; esta noche, no. Viene
Blucher...!

RAL (_devorado por los celos_).--Falso...! Blucher no va...! Est en
Versalles...!

FRAICHEROSE.--Yo, vida ma, no puedo evitar que sufras; no hago nada
para que padezcas... Eres el amado de mi corazn, y no te basta...? En
tu oficio no se sufre, porque se _sufre_ todo...

RAL (_constreido_).--Ests un poco fuerte...!

FRAICHEROSE.--Soy sincera, chico; al pan, pan, y al vino, vino. Yo no
siento una pasin loca por ti; pero tampoco me desagradas. Sin embargo,
no quiero que me tengas por muy tuya... Me habas prometido la sortija
que vimos el otro da en la calle de la Paz... Te acuerdas...?

RAL (_inquieto_).--Cul...? Hemos visto tantas sortijas en la calle
de la Paz...!

FRAICHEROSE (_insistiendo_).--Ya lo creo...! Fu el da en que nos
amamos tanto, a primera hora de la tarde... Haca mucho calor... Hasta
recalcaste esta frase: Cmo podra yo saber por qu has suspirado,
querida ma...?

RAL (_riendo_).--Acaso me referira a nuestro futuro hijo...!

FRAICHEROSE.--Picaronazo...! Cmo cambias de conversacin...! Esto no
es obstculo para que yo te recuerde que una hora despus, en la calle
de la Paz, delante de la tienda de Saste, el joyero, te seal una
sortija, dicindote: Si quieres saber por qu suspiraba,
reglamela...!

RAL (_sobresaltado_).--Atiza...! Diez mil francos...!

FRAICHEROSE (_tranquila_).--Caramba! Cmo recobras la memoria...!

RAL (_descorazonado_).--Es que... Rosette... es que no tengo los diez
mil francos...!

FRAICHEROSE.--Bah! Si te paras en detalles, no acabaremos nunca...! Si
t no me das el brillante esta noche, otro me lo dar maana. Seguiremos
siendo buenos amigos, y nada ms. Y dejars de ser el amado de mi
corazn.

RAL (_en el colmo de la desesperacin_).--Quinientos luises...! Dnde
encontrar yo una cantidad semejante...?

FRAICHEROSE (_digna_).--Djalo...! Te lo ruego...! Me horrorizan las
cuestiones de dinero en el amor...! Yo tambin tengo mi dignidad...! Te
espero hasta las ocho y luego saldr...

RAL.--Adonde irs...?

FRAICHEROSE.--A ver al Nuncio de Su Santidad, que me ha dado una cita
para confesarme. Despus de esto, amor mo, me volver a vestir y
regresar a casa. Aviso a los aficionados.

     _Se levanta y se marcha con la altivez de una reina._

RAL (_solo_).--Qu estpido...! Y decir que estoy chiflado por esta
potranca...!

     _Se levanta y va hacia su cabina rumiando los ms amargos
     pensamientos. Tropieza con la seora Grelou, que lo detiene. Est
     muy conmovida. El dolor la ha envejecido diez aos._

LA SEORA GRELOU (_avanza con el semblante risueo; pero su voz est
velada por los sollozos_).--Hola, seor de Saint-Crazy...! Qu
sorpresa...!

RAL (_aburrido_).--Encantado de haberla encontrado, seora...!

LA SEORA GRELOU.--Salgo del bao. Quiere usted ayudarme a
reaccionar...?

RAL.--Con mucho gusto...!

LA SEORA GRELOU (_en voz baja_).--Por qu no fuiste ayer, Ral...?

RAL.--Tuve que hacer...!

LA SEORA GRELOU.--Te esper durante tres horas. Oh...! Qu malo
eres...! Qu malo...!

RAL (_en voz baja_).--Por favor...! Ten cuidado... Nos estn
mirando... Sonre, mujer, sonre...!

LA SEORA GRELOU.--No puedo ms...! Te estuve acechando all, a tu
lado, mientras flirteabas con aquella zorra...!

RAL.--Yo...! Flirtear yo con Fraicherose...! Con la amiga de mi
amigo Blucher...! Por quin me tomas t...?

LA SEORA GRELOU.--Te la comas con los ojos...! Y yo no quiero, lo
oyes...? No quiero...

RAL.--Apretemos el paso, porque de lo contrario la gente ver que
estamos de cuestin...

LA SEORA GRELOU.--Es atroz...! Cunto me haces sufrir...! Ya no me
amas...! Confisamelo...! Es ms leal...!

RAL (_cansado_).--Por lo que ms quieras...! No. Que llores en
pblico! Ser un escndalo...

LA SEORA GRELOU (_con las mejillas chorreando_).--No...! No...! No
lloro...!

RAL.--Pero si tienes los ojos arrasados de agua...! Tiene gracia...!
Vamos a ser la irrisin de Europa...!

LA SEORA GRELOU (_dominndose_).--Tranquilzate...! Ser razonable.
Mira cmo se borran mis lgrimas sin que nadie se d cuenta... Anda...!
Se luce la seora Gentisel, que nos acecha...!

LA SEORA GENTISEL (_al pasar_).--Hola, Simona...! Te cojo con tu
flirteo...!

LA SEORA GRELOU (_riendo_).--Mi flirteo Saint-Crazy...! Estoy
trabajando para casarlo...!

LA SEORA GENTISEL.--A buena hora...! Te baaste ya...?

LA SEORA GRELOU.--S...! El agua estaba deliciosa... Hasta luego...!

     _La seora Gentisel se aleja._

RAL.--Una ms que va a chismorrear.

LA SEORA GRELOU.--Me da lo mismo. Por qu no viniste ayer...?

RAL.--Tuve disgustos... disgustos de importancia.

LA SEORA GRELOU.--Y... qu disgustos...?

RAL.--Bah! No te interesa... Disgustos de familia...!

LA SEORA GRELOU.--Tu hermano...?

RAL.--S. Mi hermano, que ha jugado y que ha contrado una deuda de
veinte mil francos. Necesito encontrarlos antes de esta noche o, de lo
contrario, est perdido.

LA SEORA GRELOU (_sorprendida_).--Dios mo...!

RAL (_mintiendo con aplomo_).--Ahora figrate cmo habr removido el
cielo y la tierra desde ayer; logr reunir diez mil francos... Es todo
lo que pude hacer...!

LA SEORA GRELOU (_con reproche_).--Y no te acordaste de m...?

RAL (_altivo_).--Me ests ofendiendo, Simona...!

LA SEORA GRELOU (_ardiente_).--Amor mo...! Ya sabes de sobra que, si
fuera preciso, robara para evitarte un disgusto...! Amas a tu
hermano...? Deseas salvarlo...?

RAL (_avergonzado_).--S!

LA SEORA GRELOU.--Pues bien! Tendrs tus diez mil francos...! No te
preocupes...! Los tendrs maana por la maana...!

RAL.--Es que los necesitaba... antes de esta noche...!

LA SEORA GRELOU.--Desde el momento en que respondes por tu hermano,
esperarn... Los tendrs maana sin falta...!

RAL (_digno_).--Te los devolver en cuanto mi hermano haya cobrado sus
rentas.

LA SEORA GRELOU (_dichosa_).--Bueno...! Oye... Vamos a vestirnos...
Saldrs antes que yo, y yo ir a buscarte a nuestra casa... a nuestro
nidito...

RAL.--Vida ma...! Siento a la vez vergenza y...

LA SEORA GRELOU.--Alivia...! No perdamos el tiempo...!

     _Ella corre hacia su cabina, en tanto que Ral piensa que va a
     empear su amor en el Monte de Piedad._

     _Pasadas dos horas, mientras Ral, algo sofocado, corre a casa de
     la seorita Fraicherose para anunciarle que tendr la sortija al
     da siguiente por la maana, debido slo a que las joyeras
     estaban cerradas, la seora Grelou regresa a su domicilio. Esta
     dama encuntrase alegre y satisfecha: primeramente, porque ha
     gozado de dos horas de pasin, las ms hermosas de su vida; Ral ha
     estado a la altura de las circunstancias. Adems, piensa que ha
     salvado al hermano de su amante, el cual, por otra parte--es
     necesario decirlo?--no tiene hermano alguno._

     _La seora Grelou va corriendo en busca de su marido, que lee_ El
     Tiempo _en el saln. El esposo--un hombrecillo
     insignificante--levntase en cuanto la ve._

EL SEOR GRELOU.--Mujercita ma...! T...! Gracias a Dios...!

LA SEORA GRELOU (_cndida_).--Me he retrasado...?

EL SEOR GRELOU.--Acaban de dar las ocho y media. No puedes imaginarte
lo que sufro cuando vuelves despus de las ocho. Se me ocurren unas
ideas...!

LA SEORA GRELOU (_digna_).--Iras a sentir celos...?

EL SEOR GRELOU.--De ninguna manera...! Pero sufro, sabes...? Y es
atroz...!

LA SEORA GRELOU (_sincera_).--Todo el mundo sufre...!

EL SEOR GRELOU.--Tienes algn disgusto...?

LA SEORA GRELOU.--S... No quera confesrtelo: tengo que pagar una
cuenta de doce mil francos...

EL SEOR GRELOU (_aterrorizado_).--Caramba...!

LA SEORA GRELOU (_vivamente_).--Sin embargo, por ahora tendr bastante
con diez mil francos...

EL SEOR GRELOU.--No te preocupes, encanto mo. Te los llevar esta
noche a tu alcoba... Vamos a comer...?

LA SEORA GRELOU.--S...! Siento un hambre...! Figrate...! He ido a
tomar un bao a la piscina Sinclar...! El agua estaba deliciosa...!

     _El resto de la charla se pierde en el comedor._





V

CURSO DE IDIOMAS


_El seor Csar Juque es un joven agradable, de veintids aos, muy
rubio para su edad; est vestido con una chaqueta de antes de la guerra;
l ha crecido desde hace cinco aos, mientras que la chaqueta se
encoga. Adivnase lo que significa esto. El seor Csar Juque tiene
unos ojos de un azul agrisado; su semblante acicalado y velloso
tranquiliza a las familias. El seor Csar Juque, pequeito y un tanto
afeminado, no es demasiado ridculo; un joven cndido no se presta jams
a la risa. El seor Csar Juque va a casa de la seorita Givendolen
Lorys, llamada Chadd no se sabe por qu. Esta persona ocupa un hotel muy
pequeo, junto a las fortificaciones: una caricatura de casa de tres
pisos; dirase que es un telescopio amueblado por Martine; una vivienda
paradjica. Csar, que lleva una cartera de ministro, como si fuera un
pedicuro, llama a la puerta de esta casa. Una criada gruesa, con aspecto
de madre, o, si a ustedes les parece mejor, una madre con aspecto de
criada gruesa, sale a abrir._

LA MADRE-CRIADA (_insolente_).--Si viene usted a pedir limosna, puede
volverse. La seora socorre solamente a las Hermanitas... (_Pretende
cerrar la puerta._)

CSAR (_sonriendo_).--No soy un pobre...! Soy el profesor enviado por
la Casa Marvitz.

LA MADRE-CRIADA (_recelosa_).--De veras...? No dice usted esto para
penetrar en la casa y sablear a la seora?

CSAR.--Aqu est la carta del Instituto Marvitz, que me acredita cerca
de la seora Lorys. (_Le entrega un sobre._)

LA MADRE-CRIADA (_leyendo la carta_).--Atiza...! Chadd desea tomar
lecciones de ingls...! Pero quiere usted decirme si esto es tener
sentido comn...? No me indic nada...!

CSAR (_un poco seco_).--Hizo mal. Pero tengo los minutos contados. Si
la seora Lorys no recibe, me vuelvo. Las lecciones se pagan por
adelantado.

LA MADRE-CRIADA (_repentinamente fina_).--Entre, seor profesor,
entre...! (_Se deshace en cumplidos._) Sintese en este cofre de madera.
Voy corriendo a avisar a mi hija...!

     _Desaparece. Csar se encuentra en una antesala, muy alta de techo,
     muy estrecha y amueblada con el mencionado cofre de madera y con
     una percha. En el fondo se abre una escalera monumental; en esta
     mansin inverosmil, las habitaciones son minsculas, pero la
     escalera es inmensa; capricho del arquitecto. Al cabo de un
     minuto, una voz grita: Seor profesor...! Quiere usted subir
     hasta el estudio...? Son tres pisos. Csar sube los tres pisos, a
     razn de treinta escalones cada uno. Ya en lo alto, es recibido por
     una mujercita con kimono morado y sembrado de grandes ibis; es la
     seorita Chadd, que, segn se dice, danza en los_ music-halls,
     _pero que principalmente desempea otras profesiones menos
     confesables; pertenece a la gente alegre y se gana la vida
     desayunando, comiendo y bailando el tango en diversos
     establecimientos de la capital. Figura tambin en los fumaderos de
     opio, aunque no haya absorbido nunca una bocanada de este brebaje.
     Es fea; tiene la boca demasiado grande, la nariz bastante
     puntiaguda y los ojos grises y muy pequeos; pero no parece tonta,
     y su carilla viciosa de pilluela, muy avispada, promete mucho. Para
     los hombres, prometer vale ms que cumplir lo prometido._

CHADD (_introduciendo al visitante en un estudio tan pequeo que no
podra pintar en l ms que miniaturas_).--Entre usted en la sala de
estudio, seor profesor...!

CSAR (_al ver una mesita_).--Aqu est lo que necesitamos. (_Se
sienta._)

CHADD (_mirndole con estupefaccin_).--De veras...? Es usted profesor
de idiomas...?

CSAR (_molesto_).--S, seora...! No le inspiro confianza...?

CHADD (_riendo_).--Ni pizca...! Es usted un chiquillo...! Tiene usted
veinte aos, verdad...?

CSAR.--Cumplir veintids cuando maduren los albaricoques! Hablo cinco
idiomas: el ingls, el ruso, el espaol, el italiano y hasta el francs.

CHADD (_compadecida_).--Pobrecito...! Y no se cans aprendiendo todo
eso...? Usted ganara una fortuna como portero de hotel...!

CSAR (_corts_).--Desde luego...! Pero prefiero ser profesor; me pagan
menos, pero me consideran ms. Aunque su seora criada me haya tomado
por un sablista...!

CHADD.--A mam le pasa siempre lo mismo...! Quiero que le presente sus
excusas...! Voy a llamarla...!

CSAR (_vivamente_).--Es intil. Tengo alguna prisa. La leccin que le
he de dar ser de una hora. Conoce usted el mtodo Marvitz?

CHADD.--No! Yo quiero aprender ingls y nada ms...!

CSAR.--Pues bien; el mtodo consiste en hablar inmediatamente la
lengua. A partir de este instante, no le hablar ya mas que en ingls,
indicndole los objetos. Usted repetir las palabras a medida que yo las
vaya diciendo.

CHADD.--Como usted quiera! Tiene gracia...!

CSAR (_indicndole una silla_).--Chair...!

CHADD (_repitiendo_).--Chair! En francs, esto quiere decir otra
cosa muy distinta y resulta ms bonito...! En fin!...

CSAR (_indicndole la mesa_).--Table![2]

CHADD (_riendo_).--Eres bonita...! Y hueles bien...! Y esto significa
una mesa...! Qu lengua tan hermosa es la lengua inglesa...!

CSAR (_oliendo una rosa_).--Good smell...!

CHADD (_furiosa_).--Cmo...? Que esto tiene gusto a suela? Una
rosa...? Eso es demasiado fuerte...! Usted est de buen humor!

CSAR (_interrumpindose_).--Good smell significa buen olor. Si
usted me ataja a cada paso, no acabaremos nunca...!

CHADD.--Tiene usted razn; pero me parece que estamos perdiendo el
tiempo. Yo, amigo mo, no tengo empeo en aprender la lengua inglesa,
sino solamente en conocer unas treinta frases de ingls que me son
necesarias. Por esta causa no gaste usted su tiempo hablndome de la
silla, de la mesa, de la suela y de un montn de cosas sin importancia.

CSAR (_resignado_).--Como usted guste, seora...! Qu es lo que
desea...?

CHADD.--Va usted a explicrselo todo. Mi profesin es la de artista, la
de bailarina; pero esto no es mas que la fachada. En realidad, yo soy
una... mujer alegre. Hay algn mal en ello...?

CSAR.--Santo Dios...! Yo, personalmente, no veo que haya ningn
inconveniente...!

CHADD.--Tengo una buena clientela en el ejrcito ingls y entre los
norteamericanos. Pero estos tipos no hablan francs. Esto es muy
molesto...! Para entrar en materia, es muy sencillo: basta una
pantomima; pero cuando se trata de fijar las condiciones, ya es muy
distinto. Por ejemplo: yo no s cmo se dice un regalito...

CSAR.--A little gift.

CHADD.--Bueno! Pngame eso por escrito, con la pronunciacin...

CSAR (_abre su cartera, saca una hoja de papel y escribe_).--Ah lo
tiene...!

CHADD (_que ha ledo por encima del hombro_).--Muy bien! Siga usted
escribiendo: Me gustas mucho, Necesito veinticinco luises para mi
costurera, Tengo gana de ese sombrero tan bonito, Querra un hermoso
diamante para el da de mi santo, Tengo sentimientos religiosos...
Esto es muy importante...! Soy de buena familia, No sea usted
brutal, Hoy es imposible; pero dentro de tres das ser suya, Esta
noche tengo mucho apetito... Y luego: Siento mucha sed... Y despus:
Pgueme el coche... A continuacin: Qu bien sabes besar...!
Cochinillo mo...! Nunca me quisieron as...!

CSAR (_escribiendo_).--Podr usted acordarse de todo esto...?

CHADD.--Ya lo ver usted...! Cuando yo me propongo alguna cosa...!
Adems, me ensayar con usted... Nos veremos muchas veces...!

CSAR.--Tiene usted pagadas por adelantado veinte lecciones.

CHADD.--Ha ido usted con frecuencia a casa de seoras solas...?

CSAR.--Muy a menudo...! Por lo general, suelen hacerme las mismas
preguntas que usted!

CHADD.--Claro! Hay que comprenderlo...! Una mujer que habla ingls se
hace en seguida con un grupito de amigos, que se la recomiendan unos a
otros... Ah! Se me olvidaba...! Ponte a tu gusto!...

CSAR (_asombrado_).--Qu dice usted...?

CHADD.--Es una frase esencial...!

CSAR.--Ah...! Bueno...! (_Torna a escribir._)

CHADD.--Acurdate de la criada!... Y adems: Vuelve a verme... Y
pngame tambin los das de la semana y las horas....

CSAR.--Aguarde un momento...! (_Silencio. Trabaja._) Tome usted...

CHADD.--Oh! Ya est...! Va a ser un exitazo...! Me da lo mismo!
Cmo van a rabiar mis compaeras cuando me oigan hablar ingls...! Va
usted muchas veces al Rey Dagoberto?

CSAR.--Al establecimiento de baile? No...!

CHADD.--Si quiere usted ir, le regalar las entradas.

CSAR.--Es usted muy amable...! Pero no estoy libre por las noches.

CHADD.--Trabaja usted?

CSAR.--En efecto, trabajo para m...

CHADD.--Tiene usted quiz una amiguita...! Le regalar las entradas
para ella.

CSAR.--Muchas gracias! No tengo amiguita...!

CHADD (_interesada_).--Qu muchacho tan arreglado...!

CSAR (_riendo_).--Voy a parecerle algo ridculo... No tengo amiguita
porque no pens nunca en ello...!

CHADD.--Apuesto a que es usted novio...!

CSAR.--Tampoco...!

CHADD.--Bah! Aunque lo fuera usted, no haba de confesrmelo...!

CSAR.--Por qu...? Un novio no es ridculo. Lo ridculo es un marido,
o un amante engaado...

CHADD.--Yo he conocido a muchos novios y nunca se atrevan a
decrmelo...!

CSAR.--Le aseguro que carezco de medios para casarme o para tener una
amiguita.

CHADD.--Entonces... qu hace usted...?

CSAR (_avergonzado_).--Trabajo.

CHADD (_insistiendo_).--Bueno...! El trabajo es muy bonito; pero hay
momentos en que no reemplaza a una linda epidermis fresca, a unos
labios, a... Bueno! Va usted a ser la causa de que diga ms de cuatro
tonteras... Cuenta usted veintids aos... Sabe usted decir te amo en
cinco idiomas. Y no se lo dice usted a nadie...!

CSAR.--No tengo a nadie que me escuche.

CHADD.--Busc usted...?

CSAR.--No he tenido tiempo... Adems, yo no me contentara con la
primera que se presentara...

CHADD (_burlona_).--Tiene usted el gusto difcil?

CSAR.--S de sobra que no tengo derecho a ser as. Soy un jovenzuelo
sin importancia. Como hermoso, dejo bastante que desear.

CHADD.--Verdad que no es usted bonito. Pero tampoco es usted feo. Es
usted pasadero.

CSAR (_ingenuo_).--De veras...?

CHADD.--Hay hombres mucho ms desagradables que usted y que causan
grandes pasiones.

CSAR.--Tienen suerte...!

CHADD.--Vamos a ver...! Usted me interesa...! Es preciso que le
encuentre una mujer...!

CSAR.--Nos alejamos un poco de la leccin.

CHADD.--Bah! La leccin...! Nos quedan todava diez y nueve...!

CSAR.--En este momento yo soy el discpulo y no el profesor.

CHADD.--Nunca me he divertido tanto...! Un mocoso que despabilar! Si
lo llego a saber, pago cuarenta lecciones...!

CSAR (_molesto_).--Usted dispense, seora...! Yo no he dado derecho a
suponer...

CHADD.--Sintese otra vez...! Tengo todava derecho a treinta minutos
de su presencia...! Ya le miro...

CSAR (_hablando en ingls_).--Table... Chair... (_Indica estos
objetos._)

CHADD (_preocupada_).--S... s...! Djelo para despus...!

CSAR.--What a fair foot... (_Indica el pie de Chadd._)

CHADD (_furiosa_).--Qu...?

CSAR.--Esto quiere decir en ingls: Qu pie tan encantador...!

CHADD.--No haba cado...! Tiene gracia esta lengua...! Todos los
piropos parecen insultos... Yo haba comprendido Vete a hacer...!

CSAR (_confuso_).--Jams, seora, me hubiera permitido tal cosa...!

CHADD.--No me escriba usted esta frase... Y, adems, dejemos ya el
ingls... He reflexionado. El nmero que a usted le conviene es Juanita
Pris, una rubia alta y lnguida, que baila conmigo en el Rey
Dagoberto.

CSAR.--Querra conocer ms detalles.

CHADD (_levantndose y yendo en busca de unas fotografas_).--Aqu
est...! Mrela vestida de incroyable, de rata de hotel y de Thais...
Verdad que est muy bien formada...?

CSAR (_fro_).--Si quiere que le d mi opinin, me parece algo
imbcil...

CHADD (_riendo_).--Y lo es...! Entre nosotras se le llama la Crema.
Sin embargo, no le gusta el dinero...

CSAR.--Y a m tampoco...! Pero no me gusta la imbecilidad...

CHADD.--Yo creo que a ella no le gusta la inteligencia. Pasemos a otra
cosa. (_Sacando otra fotografa._) Mire...! Es Julia Tubal... Esta no
es imbcil... Aqu est completamente desnuda. Trabaja de modelo con los
artistas.

CSAR.--En efecto, no parece mala...! Los senos son un poco grandes...
las manos demasiado fuertes... y el rostro vulgar...

CHADD.--Tiene usted un golpe de vista...! Julia carece de educacin y
habla como una rabanera. Se hartara usted de ella en seguida...!
(_Tomando otra fotografa._) Esta es mi mejor amiga: Gladys Leal. Tiene
un corazn de oro; unos ojos como no los hay de hermosos en la tierra;
casi ningn pecho, y unas pantorrillas tan espirituales...!

CSAR.--Es muy delgada...!

CHADD.--Tiene usted razn. Es delgada... bastante delgada... Y, adems,
es muy exigente...! Ya lo demostr con bastantes hombres...! Y, al
tratarse de un jovencito como usted, en seguida iba usted a
enfurruarse...!

CSAR.--No tiene usted otra cosa...?

     _Un largo silencio; Chadd mira a Csar y ste mira a Chadd con aire
     de ruego admirativo. Chadd baja los ojos, suspira y luego se
     decide._

CHADD (_tierna_).--S! Qu tonta soy...! Aqu estoy yo...!

     _Csar se precipita sobre Chadd y le da una leccin que la Casa
     Marvitz no haba previsto. Pasada una hora, Chadd despierta:_

--Oye, amor mo... Para la prxima leccin vendrs ms tempranito!

     _Por la noche, en el Colbert's Bar, el joven barn Latripe charla
     con su parsito Gemblin, saboreando un_ cock-tail _rosa_.

LATRIPE.--S, amigo mo. He conquistado a la pequea Chadd, y de balde.

GEMBLIN.--T bromeas...!

LATRIPE.--Se trata de un truco digno de m... Me encontr a un bohemio
al que haba conocido en el barrio Latino, un tipo asombroso y
sabihondo, que se haba visto reducido a contratarse en la Casa Marvitz
para vivir. Me refiri que iba a dar lecciones de ingls a la pequea
Chadd. Yo le solt doscientos francos por ocupar su puesto... Represent
mi papel a la perfeccin... Y Chadd se dej coger en la trampa...! Qu
hora pas, amigo mo...! Ella no la tuvo igual para nadie. Y pensar que
yo le haba hecho ofrecer, por mediacin de la ta Cognal, cincuenta
luises...! Y que Chadd los haba rechazado...! Ahora me falta todava
dar a Chadd, tan tierna y tan enamorada!, diez y nueve lecciones.

GEMBLIN.--Supongo que las aprovechars todas...

LATRIPE.--Jams...! No volver a verme. He avisado a Csar. Figrate
cmo lo van a recibir...! Ya ves! Se trata de un individuo que no sale
de la cervecera, calvo prematuro y bastante puerco... Imagnate la
escena...!

GEMBLIN (_soador_).--S...! Sin embargo, para ser chic, deberas
continuar desempeando tu oficio...

LATRIPE.--Diez y nueve lecciones como la de hace poco...! Quia! No,
amigo mo...! Me dejara all los huesos...! No volver a las
andadas...! Comprndeme: he logrado de esta criatura lo que jams
concedi a nadie. La he posedo por sorpresa. Conformes! Si yo
insistiera, no tendra delicadeza. Adems, Chadd comprendera quiz mi
treta, y esto lo echara todo a perder.

Pasemos a otro orden de ejercicios...




VI

CURSO DE BRIDGE


_El seor Ernesto Lucien sale de su alcoba y entra en su despacho. Como
vive de una renta vitalicia de cincuenta mil francos, legados por un
padre que ha reconocido as las bondades de la madre sin reconocer al
hijo, el seor Ernesto Lucien no necesita trabajar en su despacho. Se
acerca a los veinticuatro aos y, aunque haya tenido muy pocos
principios, siente la necesidad de aspirar a un fin. Es un mozo
arreglado, muy elegante, y bastante agradable de aspecto; parece un
joven diplomtico, y, en efecto, es no s qu cosa en el ministerio de
Negocios extranjeros. Esto no le ocupa mucho tiempo. Apenas entrado en
su despacho, comprueba que un servido de caf de antiguo Rouen ha
desaparecido. Se encoleriza y llama. Al cabo de algunos minutos aparece
un ayuda de cmara, con tipo de viejo golfo, cano, delgado, calvo, con
la nariz demasiado larga, con la boca desdentada y con pinta de borracho
empedernido._

ERNESTO (_severo_).--Chupin...! Dnde est mi antiguo Rouen...?

CHUPIN (_que se ha esforzado por quedarse junto a la puerta_).--Qu
ests diciendo...?

ERNESTO.--En primer lugar, te prohibo que me tutees...

CHUPIN (_pronto a llorar_).--... Soy tu hermano de leche...! Yo te
eduqu... cuando muri tu pobre padre...!

ERNESTO (_excitado_).--S..., s...! Ya conozco tu historia...!

CHUPIN (_vertiendo lgrimas_).--El pobre hombre me dijo: Chupin: eres
hermano de leche de mi hijo. No puedo reconocerlo...! No tiene
padre...! T no lo abandonars nunca...! Jramelo...! Y se lo
jur...!

ERNESTO (_furioso_).--Basta...! Hace veinte aos que te soporto...!
Dnde est mi antiguo Rouen...?

CHUPIN (_enjugndose las lgrimas con la manga_).--No lo s...!

ERNESTO.--Lo has roto...?

CHUPIN.--Se cay l solo! (_Cndido._) Anoche debiste venir borracho...

ERNESTO (_en el colmo de la clera_).--Desdichado...! T eres quien
debi volver borracho esta maana...!

CHUPIN.--Se necesita valor para decir tal cosa...! Yo, que no bebo ms
que agua...! Son calumnias que se propalan por ah...!

ERNESTO.--T has roto mi antiguo Rouen...! Borrachn! Pellejo de
vino! Un servicio de caf que haba heredado de mi pobre padre...!

CHUPIN.--A m tambin me heredaste de tu pobre padre...!

ERNESTO.--Un rico regalo que me hizo...! Hala...! Has colmado ya mi
paciencia...! Vete...!

CHUPIN.--Est bien...! Volver cuando ests de mejor humor...!

ERNESTO.--No...! No volvers ms...! Te echo...!

CHUPIN (_sonriendo_).--Me parece que he odo mal...! Me plantas en la
calle...?

ERNESTO.--S...! Ve a recoger todo lo tuyo... Te ajustar la cuenta en
seguida y no te ver ms.

CHUPIN (_digno y vacilante_).--Ernesto...! Oye una cosa...!

ERNESTO.--No oigo nada...! Djame en paz...!

CHUPIN (_furioso_).--Est bien...! Te pesar...! (_Sale dando
traspis._)

ERNESTO (_sbitamente tranquilo en cuanto se ve solo_).--Uf...! Ya
estoy libre de ese viejo borracho... Mi hermano de leche...! Y su
madre me cri con bibern...! (_Llaman a lo lejos._) Ah! Es el seor
Froment, mi profesor de _bridge_. (_A la puerta._) Entre, seor
Froment...!

     _Aparece el seor Froment, un viejecillo seco como un esparto, con
     cabeza de gorrin disecado y con cabellos de un blanco amarillento
     sobre una calvicie excesiva. El profesor de_ bridge _est afeitado;
     pero tiene_ chic _natural, que revela al antiguo hombre de mundo
     cado en la miseria_.

EL SEOR FROMENT (_muy corts_).--Goza usted de buena salud, mi querido
discpulo?

ERNESTO (_yendo a buscar una mesita de juego y un_ necessaire _de_
bridge).--Vamos marchando...! Y usted, querido maestro?

EL SEOR FROMENT (_sentndose_).--Se lucha...! Es tan dura la vida!

ERNESTO (_colocndose al otro lado de la mesa_).--Sin embargo, el oficio
de usted es bastante agradable...

EL SEOR FROMENT.--Desde luego! Adems, era el nico para el cual poda
servir yo... Y, despus de todo, esto me recuerda el tiempo en que yo
cartoneaba para satisfaccin ma.

ERNESTO.--Ha sido usted jugador...?

EL SEOR FROMENT.--Ay! He perdido tres fortunas: he devorado en el
Crculo, adems de mis bienes, la herencia de dos tos...

ERNESTO.--Caramba...! No est mal...! Y de qu Crculo era usted?

EL SEOR FROMENT (_sencillo_).--Del _Jockey_!

ERNESTO (_asombrado_).--Eh? De manera que usted, seor Froment, era
del _Jockey_...?

EL SEOR FROMENT (_vacilante_).--Es que... Froment no es mi nombre
patronmico...!

ERNESTO.--Qu me cuenta usted...?

EL SEOR FROMENT (_solemne_).--Yo me llamo Melchor de Honnemoy de
Esketua, ltimo duque de este nombre...!

ERNESTO (_estupefacto_).--Usted era duque...?

EL SEOR FROMENT.--Y lo sigo siendo! Los de Esketua son los
representantes ms antiguos de la magnfica nobleza vasca, que se cubri
de gloria al lado de los bearneses, a los que, por otra parte,
detestaba. Sin embargo, comprender usted que para dar lecciones de
_bridge_ y de _poker_ tuve que mandar a paseo el ducado.

ERNESTO.--De manera que usted se arruin en el juego?

EL SEOR FROMENT.--Ay, mi querido discpulo...! Las mujeres ayudaron
al azar...! Puedo decirlo con orgullo: jams di un beso sin haberlo
pagado antes. Sin embargo, el amor me result menos costoso que el
juego. Un jugador no es sensual ni enamoradizo. Dejara a la mujer ms
amada por una partida de _baccarat_. Conoc a las criaturas ms hermosas
de mi tiempo y no me dejaron ningn recuerdo tierno o cruel. Por el
contrario, repaso todava en mi debilitada memoria los gloriosos
episodios de las partidas en que me arruin, y encuentro en ello un
deleite que no acertara a expresarle... En mil novecientos uno, al
principio del _bridge_, jugamos en el _Jockey_ la clebre partida que
hizo poca: mil francos por punto. Tena por compaeros al vizconde
Goutte, al marqus Fridolin y a Toumeh-Baj. Este heroico combate dur
tres das con tres noches, durante los cuales nos sostuvimos con
_sandwiches_ y con champaa. Yo me hubiera sostenido cuatro das; el
vizconde Goutte fu el primero en caer rendido por el sueo. El y yo
perdamos cerca de un milln. Creo que es la partida ms fuerte que se
ha jugado al _bridge_; todava no tenamos la _auccin_ ni el _pirata_.
Comprender usted que yo haba quemado mis naves; liquid mi cuadra de
carreras.

ERNESTO.--Ah! Luego usted era propietario...?

EL SEOR FROMENT.--S! Y, cosa curiosa, ganaba en las carreras. Sin
embargo, me empeaba en forzar la suerte con los naipes... Pretenda
violentarla...! Mal medio...! Ca, poco a poco, en el subsuelo de la
necesidad, en lo ms hondo de la pobreza. Haba vendido granjas y
castillos, villas, palacios, mis cuadros, mi despacho de grabados, mis
Tanagras del siglo XVIII--la mejor poca para las Tanagras falsas--y mis
medallas; toda la paciente herencia de mis antepasados, que eran
peritsimos y que tenan almas de chamarileros, desapareci en algunos
meses. Encontrme en mitad del arroyo, sin un cntimo. Tena cincuenta y
cuatro aos; solamente me quedaba ya por vender mi nombre.

ERNESTO.--Y usted era demasiado altivo para consentir semejante
cosa...!

EL SEOR FROMENT.--No!... En el extremo en que me encontraba, ya no se
tiene altivez. Lo que pasaba era que yo tena una reputacin de jugador
empedernido. Las damas, que me hubieran comprado mi ttulo en otras
circunstancias, apartbanse horrorizadas del jugador perdidoso e
impenitente que yo era. Ofrecanseme pensiones vitalicias a condicin de
que, una vez efectuado el matrimonio, me fuera a enterrar en provincias.
Esto equivala a morir sin gloria...! Perd muy buenas ocasiones, y no
lo deploro. No tengo nada; pero sigo siendo dueo de m mismo. Y manejo
los naipes como antao; pero ganando con ello, en vez de perder.
(_Tornando a su leccin._) Dispnseme, mi querido discpulo, esta
digresin; olvdese de mi chchara y trabajemos. Quedamos la ltima vez
en el sintriunfos. Es una declaracin que se impone en dos casos:
cuando se tiene mucho juego o cuando no se tiene ninguno.

ERNESTO (_parndose_).--No me entero ya del juego, seor duque...!
Estoy pensando en otra cosa... Lo que usted me ha referido me ha causado
una gran turbacin...

EL SEOR FROMENT.--Sin embargo, caballero, mi biografa no puede ser
ms banal...!

ERNESTO.--Usted me ha hecho sus confidencias. Vyase una cortesa por
otra...! Yo tambin voy a franquearme con usted. Hoy no jugaremos ms.
Me dirijo al hombre de mundo.

EL SEOR FROMENT (_recogiendo los naipes_).--Le escucho.

ERNESTO.--Caballero: si yo quiero aprender el _bridge_ no es por aficin
a los naipes. Los aborrezco. Pero he observado que un joven de mi edad,
dotado de cierta ambicin, debe saber el _bridge_, si quiere hacer buen
papel en el mundo. Las gentes ms dispares guardan tesoros de amabilidad
para un buen cuarto en el _bridge_. De esta manera conoc al seor
Leplu-Raboin.

EL SEOR FROMENT.--Al gran almacenista de hierros?

ERNESTO.--Al mismo! Me lo encontr en Vichy. Nos hospedbamos en el
mismo hotel. El estaba all con su hija, la seorita Lysiane.

EL SEOR FROMENT.--Una muchacha encantadora!

ERNESTO.--No! Es bonita y fea al mismo tiempo. Eso es...! Me gusta por
esto. El seor Leplu no me haba prestado ninguna atencin hasta la
noche en que se encontr a dos amigos. Estos caballeros pensaron
establecer un _bridge_ diario. Les haca falta un cuarto compaero...!
Entonces el seor Leplu se mostr muy amable y me dirigi la palabra; al
cabo de cinco minutos ya ramos amigos; me pregunt: Sabe usted jugar
al _bridge_? Contest afirmativamente. Nos sentamos a la mesa. Comet
falta tras falta y perd cinco luises. Esprese...! Al da siguiente
jugu tambin. Comet falta tras falta; pero gan doscientos francos.

EL SEOR FROMENT.--Dios protege la inocencia...!

ERNESTO.--Me da lo mismo! Yo haba podido trabar conocimiento con la
seorita Lysiane; durante el da permaneca al lado de la hija y pagaba
este gusto acompaando al padre en el juego por la noche. Yo jugaba
siempre muy mal; lo cual le disgustaba cuando era mi compaero y le
colmaba de alegra cuando era mi adversario. A pesar de todo, sin duda
mirando por la belleza del deporte, me di la direccin de usted y me
aconsej que tomara lecciones.

EL SEOR FROMENT.--El seor Leplu ha sido discpulo mo...!

ERNESTO.--Se ve a cien leguas! Me gan cinco mil francos durante el
veraneo. Pero yo le haba ganado la hija. En cuanto l estuvo aqu de
vuelta, fu a pedirle la mano de la seorita Lysiane.

EL SEOR FROMENT.--Y se la concedera...?

ERNESTO.--Al principio mostrse encantado: su hija lo haba presentido;
tengo una fortuna muy saneada; no soy tonto, ni muy villano; no tengo
pasiones; no bebo, y he procurado cuidadosamente evitar los amoros
duraderos.

EL SEOR FROMENT.--Vaya! El yerno soado...! Si yo tuviera una hija,
se la concedera...!

ERNESTO.--Es usted muy amable!... Tocaba ya al logro de mis deseos,
cuando el seor Leplu quiso enterarse de mi situacin social. Yo tuve
que confesarle que era hijo natural, no reconocido.

EL SEOR FROMENT.--Ah..., ah...!

ERNESTO.--Usted tambin dice Ah..., ah...! Lysiane estaba al
corriente de este detalle y me haba manifestado que careca de
importancia. Mi futuro suegro no tena la manga tan ancha; cuando ayer
tuve que confesarle la irregularidad de mi nacimiento, se contrist.
Qu gran contrariedad, amigo mo...! Nosotros pertenecemos a una
familia burguesa ltimo refugio de los ms arcaicos principios. Aunque
hubiera sido usted el hijo de un Durand o de un Dupont cualquiera, le
habramos aceptado. Pero no puedo dar mi hija nica al hijo no
reconocido de un desconocido. Lo lamento, porque me agradaba usted.
Caramba...! No podra usted dar por ah con un padre legtimo? No debe
ser difcil de encontrar, si se busca bien. En esto estaba esta maana,
planeando mltiples combinaciones, cuando vino usted y me refiri su
historia.

EL SEOR FROMENT.--No veo la relacin...!

ERNESTO.--S...! Va usted a verla...! Usted, seor duque, no tiene un
cntimo; usted vive vegetando. Yo me brindo a salvarle, por lo menos
provisionalmente...! Su nombre es soberbio...! Vndamelo...!

EL SEOR FROMENT.--Usted tiene ganas de broma!

ERNESTO.--Por qu...? Si yo no tengo padre, usted est sin hijo! No le
propongo un negocio deshonroso; le pido solamente que me reconozca como
hijo suyo. Y yo le ofrezco cien mil francos en dinero contante y
sonante, adems de una renta vitalicia de seis mil francos.
Pinselo...!

EL SEOR FROMENT.--No! No quiero pensarlo...!

ERNESTO.--No quiere usted...?

EL SEOR FROMENT.--Lo acepto. Entierro al pobre viejo Froment, que da
lecciones de _bridge_ para vivir, y torno a ser el hidalgo de siempre.
(_Se yergue y adquiere en seguida una dignidad inesperada._) Qu debo
hacer, querido hijo...?

ERNESTO.--Vuelva en seguida, a las dos... Iremos juntos a casa de mi
notario para redactar nuestros acuerdos. Luego nos trasladaremos a la
alcalda del dcimo distrito, donde me reconocer usted. Por la noche,
en fin, le presentar a la familia de mi novia...

     _Mientras habla, Ernesto acompaa al seor Froment hasta la puerta,
     donde se despide de l. En este momento, Chupin irrumpe en el
     despacho, aun ms borracho que antes._

ERNESTO (_furioso_).--Todava ests aqu, borrachn...? No te haba
plantado en la calle...?

CHUPIN.--Es posible! Pero vuelvo...! Y, adems, mira cmo me tratas...
Ya no soy tu ayuda de cmara...!

ERNESTO.--Entonces, qu eres...?

CHUPIN.--Soy tu padre...!

ERNESTO (_viendo las estrellas_).--Qu...?

CHUPIN.--S...! Cuando me fu de aqu, cog a dos compaeros mos, el
tabernero de la esquina y un _chauffeur_ de _taxi_, y los tres nos hemos
ido a reconocerte a la alcalda del dcimo distrito. Aqu tienes la
copia de tu partida de nacimiento...! Est en regla...! Ahora debes
respetarme...!

ERNESTO (_aplanado_).--Canallas...!




VII

CURSO DE BELLEZA


_La seora Lenclos posee un Instituto de Belleza en una tiendecita muy
blanca situada en un entresuelo de la calle de Galileo. Un amplio
escaparate y una puerta exigua. En el escaparate, unos bustos de damas,
hechos en cera, ofrecen un espectculo horripilante; porque las damas
estn divididas en dos partes; la parte de la derecha muestra la vejez
con todo su horror: arrugas, bolsas bajo los prpados, pellejos
flotantes en la barbilla, tendones en el cuello, amarillez de la
epidermis, cabellos blancos y pelos en la nariz y en las orejas. Es la
mujer antes del tratamiento de la Lenclos...! La parte izquierda es
fresca, juvenil y apetitosa... Nada de bolsas, sino cabellos de un
rubio veneciano...! Labios arqueados...! Mejillas carnosas...! Sin
embargo, estas cabezas causan la impresin de pertenecer a las malas
pagadoras, que no saldaron el precio convenido de antemano y a las que
dejaron a la mitad de su rejuvenecimiento. La anaquelera se compone de
una profusin de tarritos, de frasquitos, de tiles y objetos extraos,
de caretas de caucho, de brochas, de instrumentos de masaje, de
vibradores elctricos, de esptulas, etc., etc. La tienda est dividida
en seis departamentos. Una dama de aspecto muy juvenil est en el
mostrador y comprueba las sumas de su libro Mayor._

_Entra un joven de unos veintids aos, vestido con esa elegancia, un
poco oropelesca, de los cmicos que hacen el papel de Perdican en el
Conservatorio. Dirgese rectamente al mostrador. Es el seor Beauvallon,
primer premio de Comedia._

BEAUVALLON.--Buenos das, La Choute!

LA CHOUTE (_alzando los ojos_).--Eres t, Beauvallon...? Qu te trae
por aqu...?

BEAUVALLON (_estrechndole la mano_).--Te vi esta maana en el Metro,
y me dije: Atiza! Qu busca La Choute por estos sitios? Te segu a
lo lejos y te vi entrar en esta tienda. Como tena prisa, no me acerqu
a ti... Cumpl ya con mi obligacin--unas lecciones en este barrio--, y
al regreso he entrado para darte los buenos das.

LA CHOUTE (_disgustada_).--Eres muy atento...! Pero, ya que me has
visto, vete...

BEAUVALLON.--Qu desabrida eres...! As recibes a tu antiguo
compaero, a tu interlocutor en La Caja Faur...!

LA CHOUTE.--No tengo tiempo de charlar, amigo mo...! Vuelve ms
tarde, a las seis, cuando est cerrada la tienda...!

BEAUVALLON.--Jams...! Primeramente, cualquiera sabe dnde estar yo a
las seis...! T, La Choute, no te portaste bien... Cuando abandonaste el
Conservatorio, en el pasado ao, no nos dijiste tu direccin. Te busqu
por todas partes, lo sabes...?

LA CHOUTE (_divertida_).--Es posible...?

BEAUVALLON.--De veras! Senta alguna ternura por ti. Habamos dormido
juntos, y esto siempre crea ciertos lazos...

LA CHOUTE.--Oh! Lo que es t...! Duermes con todo el mundo...!

BEAUVALLON.--Es verdad...! Pero a ti estuve a punto de amarte...! Nada
de guasa...! Cuando desapareciste sent algo parecido a un disgusto...!
En primer lugar, t eras ms linda y ms joven que las otras... Tenas
solamente veintitrs aos...

LA CHOUTE.--Veintids...!

BEAUVALLON.--Poseas los cabellos rubios ms hermosos del mundo...

LA CHOUTE.--Y los sigo poseyendo...

     _Ella le tiende la cabeza, coronada por una soberbia cabellera de
     un rubio ceniciento._

BEAUVALLON.--Y tus dientes...?

LA CHOUTE (_sonriendo_).--Completos...! Puedes comprobarlo...!

BEAUVALLON.--Ah, picarona...! Ests todava ms bonita que el invierno
pasado...! Y con tu fsico, con tu inteligencia y con tu hermosura
tuviste valor para abandonar el teatro...!

LA CHOUTE.--S...! Lo tuve...! Qu quieres...? Comprenda claramente
que en l no llegara a ser nada...! No me gustaba el oficio, ni los
compaeros; no se puede tomar mas que dos partidos: trabajar o
prostituirse. A m no me gusta trabajar y soy demasiado burguesa para
dedicarme a cortesana. Por eso me he lanzado al comercio...!

BEAUVALLON.--Y has entrado en casa de la Ninon de Lenclos...!

LA CHOUTE.--Mejor todava...! La seora de Lenclos soy yo...!

BEAUVALLON (_estupefacto_).--Qu! T bromeas...!

LA CHOUTE.--Cuando yo te lo digo...! Pero procura callrtelo, porque
me arruinaras...!

BEAUVALLON.--Vaya una historia...!

LA CHOUTE.--Es un cuento de hadas, amigo mo! Aqu, donde t me ves,
estoy en camino de hacer fortuna, por haberme encontrado hace seis meses
a un viejo y canallesco nigromante, a un tipo astuto, a un hombre
extraordinario... al profesor Blsamo...!

BEAUVALLON.--Calla...! Yo conozco ese nombre...!

LA CHOUTE.--No es profesor, y su verdadero nombre es el de Bouzigue...!
No puedes imaginarte un viejo macaco semejante...! Si me dijeran que
haba estado preso, no me asombrara. Ha hecho de todo...! Pues vers:
volva yo de Saint-Germain, adonde haba ido para ver a mi ta Josette;
subo a un coche del ferrocarril, donde se encontraba ya un seor
anciano, bien portado, que tira su cigarro en cuanto me sinti. Esto me
adula--lo comprendes?--y le digo: Oh, caballero...! Puede usted
fumar... No me molesta...! Inciase la conversacin. Al cabo de cinco
minutos le haba referido mi vida.

BEAUVALLON.--Es una justicia que hay que hacerte...! T cuentas tu
historia a todo el mundo...!

LA CHOUTE.--Escuchme l con inters, y despus me dijo: Est usted
perdiendo el tiempo, hija ma! Lo ms que lograr usted ser un primer
accsit en el Conservatorio. Y a qu le conducir esto...? A
representar el papel de Blanquita en provincias. Har usted tambin el
de Margarita de Borgoa en Provenza y el de Mireya en el Languedoc.
Ganar usted veinte luises por mes y los favores soberanos de los
consejeros municipales, propuestos en Bellas Artes. Yo no le pido que
sea mi querida. Le ofrezco dos mil francos mensuales, y hacemos un
contrato por cinco aos. Trtase de un oficio fcil, honrado y horro de
fatiga. Siete horas de presencia por da y mucha consideracin. Usted se
limitar a explotar la estupidez de las mujeres, hermanas suyas... Y
me explic su plan! Era maravilloso...! Tratbase de fundar un
Instituto de Belleza, una tienda, en la que se vendera un montn de
productos a base de nada, destinados a revocar las juventudes
aniquiladas. Acept el trato; en ocho das, el viejo alquil una
tienda--sta--, instal el almacn y principi una propaganda de todos
los diablos. Habrs visto en todos los peridicos unos carteles enormes
anunciando que Ninon de Lenclos rejuveneca a todas las viejas. Todo
esto cost cerca de cien mil francos, hoy reembolsados ya. Ay, mi pobre
Beauvallon...! Nosotros, comiquillos, que nos pintamos por la noche para
complacer al cochino pblico, no somos mas que unos nios comparados con
las damas del gran mundo, que se rehacen una belleza y una juventud en
beneficio de sus galanes. No tienes una idea del nmero de criaturas que
pasan diariamente por aqu, y a las que vendo, por diez francos, unos
tarros de pomada que a nosotros nos cuestan cincuenta cntimos,
comprendido el envase. El temor de envejecer...! Esto es terrible para
las mujeres que no saben hacerse viejas...! Bah...! No hay sacerdote
que haya odo las confesiones que yo escucho a diario en uno de estos
compartimientos! Todas lanzan este grito de angustia: Prolngueme...,
devulvame mi rostro de hace diez aos...! Aydeme a ser amada...! Mi
corazn ha permanecido joven; pero mi cuerpo se aniquila. Dicen que
posee usted secretos maravillosos...! Vndamelos...! Pagar todo lo
que sea preciso... Y yo vendo esperanzas e ilusiones en frascos, en
cajitas y en barras. Se lo llevan como pan bendito...!

BEAUVALLON.--Y obtienes buenos resultados...?

LA CHOUTE.--Desde luego...! Durante algunos das borro las arrugas,
revoco las _fachadas_ y fabrico juventudes. Despus, la edad recobra sus
derechos; la cliente vuelve. Qu demonio! Yo no puedo luchar mucho
contra el tiempo. Llega siempre un momento en que las viejas son viejas.
Cuanto ms se esfuerzan ellas por rejuvenecerse, ms envejecen. Si
supieras, Beauvallon, las miserias de que soy confidente...! Hay mujeres
cuyo cuerpo permanece joven y apetitoso, y de las que solamente se ve el
rostro, que ya est feo. He aqu la injusticia de la suerte: el cuerpo y
el semblante no se ponen de acuerdo para agostarse. El uno precede
siempre al otro en la decrepitud. Te aseguro que mi oficio no tiene
nada de alegre...! Desde hace poco comprendo que en el mundo no hay mas
que un solo bien: la juventud. Tengo solamente veintitrs aos, y ya me
asusta el ao prximo!

BEAUVALLON.--Qu ganas de bromear! Con tu hermosura tan fresca...!

LA CHOUTE.--Tienes razn, y, sin embargo, es algo ms fuerte que mi
voluntad... Temo ser menos linda que ayer... No amo a nadie...! Hasta
lamento haber amado a tontitos como t...! Era cansarse...! Me
mustiaba! Ay! Ahora soy ms prudente... Me administro y me cuido
mejor... Cuando sea rica, dentro de diez o de quince aos, me retirar.
Comprar un hermoso castillo en Turena y har quitar de l todos los
espejos.

BEAUVALLON (_tierno_).--De todas formas, tendrs los ojos de tu amante
para mirarte en ellos.

LA CHOUTE.--Quita de ah...! De hoy en adelante no tendr ya enamorado.
Temer deducir de su actitud los progresos de mi decadencia. El viejo
hechicero ha envenenado mi dicha; sin embargo, me ha inspirado la
desconfianza contra las drogas, los ungentos, los perfumes y los
polvos: contra todo lo que vendo a mis infortunadas clientes.

BEAUVALLON.--Sin embargo, en tu profesin debe de haber algunos minutos
divertidos.

LA CHOUTE.--Son raros, comprendes...? A cada consulta solicitada va
unido un secreto doloroso, la confesin de una pasin. Por lo general,
las mujeres no quieren ser bellas para ellas solas. Casi todas procuran
embaucar a un amante ms joven que ellas o a un viejo que no ama mas que
a las jvenes. Si oyeras lo que se dice en estos compartimientos!

BEAUVALLON.--No deseo otra cosa...!

LA CHOUTE.--No puedo violar el secreto profesional...!

BEAUVALLON.--Ni siquiera para m...?

LA CHOUTE.--Ni siquiera para ti. Y, adems, no tienes nada urgente que
hacer...? Te conozco...! Deben esperarte...!

BEAUVALLON.--Que me esperen...! Te lo ruego, La Choute...! Permteme
asistir a una de tus consultas...!

LA CHOUTE (_decidindose_).--Te juro, guapo destrozador de corazones,
que ser una bonita leccin de cosas, de la que saldrs disgustado. En
fin, puesto que lo deseas, no puedo negrtelo. En este preciso instante
llega una cliente. Escndete en el compartimiento nmero uno, y, sobre
todo, no te muevas...!

     _Introduce a Beauvallon en uno de los exiguos compartimientos, y
     corre las cortinillas de entrada. Aparece una dama muy elegante y
     bastante linda, con un rostro armnico, un poco cansado; es de las
     que adelgazan con la edad._

LA DAMA.--La seora Ninon de Lenclos...?

LA CHOUTE.--Yo soy, seora...!

LA DAMA (_asombrada_).--Pero... usted parece muy joven, seora...!

LA CHOUTE (_grave_).--Qu edad cree usted que tengo?

LA DAMA.--Bah! Lo ms, veinticinco aos...!

LA CHOUTE.--Muchas gracias...! Tengo cincuenta y cinco!

LA DAMA (_estupefacta_).--Imposible...!

LA CHOUTE (_sacando un papel de un cajn_).--Aqu est mi partida de
nacimiento...! Enriqueta Brezaillon, nacida en mil ochocientos sesenta y
cuatro.

LA DAMA.--Pues se conserva usted admirablemente!

LA CHOUTE.--La mujer que no quiere envejecer, no envejece. Aqu donde
usted me ve, tengo una hija de treinta y dos aos y un hijo capitn.
Mire sus retratos...! (_Abre un medalln._) Sin embargo, tengo un
vientre aplastado y liso como el de una joven. Si usted lo desea, se lo
ensear...!

LA DAMA.--Es sorprendente...! Dadas estas condiciones, no vacilo en
confiarme a los cuidados de una persona tan experta. Y sus cabellos...?
Son soberbios...!

LA CHOUTE.--Gracias a un tratamiento especial! Estaba amenazada de
calvicie completa; un mdico--el nuestro--me ha reimplantado, uno a uno,
veinticinco mil cabellos.

LA DAMA.--Y... los dientes...?

LA CHOUTE.--Ni uno es mo...! Es una maravilla de la prtesis. Haga el
favor de pasar a este gabinete. Charlaremos. (_Introduce a la dama en
uno de los compartimientos y corre las cortinillas._) Ahora, qu desea
usted de m...?

LA DAMA (_quitndose el velo_).--En primer lugar, he aqu mi rostro...

LA CHOUTE (_admirativa_).--Qu hermosa ha debido usted de ser,
seora...!

LA DAMA (_amargamente_).--S! Fu muy bella, y entonces me daba lo
mismo. No conoca mi riqueza...! Ser bella para su marido es como si
una no lo fuera... Cierto que yo me enorgulleca con mi lnea y con mi
rostro; durante mucho tiempo gust la envidia de las mujeres. Este
placer harta pronto. Pasaron los aos y me enga mi marido. Esto me
puso en guardia; pero, en fin de cuentas, no me importaba tres cominos.
Hace algunos meses me aficion de nuevo a la coquetera; ambame uno, y
yo tambin le amaba. Entonces fu cuando descubr la verdad: no era ya
tan bella. Evidentemente, con los trampantojos ordinarios de la toaleta
todava causaba cierto efecto a la luz artificial. De regreso en mi
casa, hallbame cara a cara con la verdad. Esto es, por otra parte, lo
que me ha impedido hasta ahora engaar a mi marido, porque en amor hay
que pagar al contado. Qu pensara el que me adora si me viera tal como
soy...? Huira de m, despus de una hora de embriaguez, y no le vera
ms...! Me causa horror pensarlo...! Deme usted un ao de juventud...!
Mire... Deme usted solamente seis meses...! Tenga yo durante seis
meses el rostro y el cuerpo que tuve antiguamente...! Y despus, Dios
mo...? Despus... me resignar...!

LA CHOUTE.--No, seora! No se resignar usted. Y har bien...! Yo no
le conceder un ao de juventud, sino diez... Pero le advierto que esto
resulta caro...!

LA DAMA.--No reparo en dinero!

LA CHOUTE.--Y sepa que ciertos mtodos son bastante dolorosos...

LA DAMA.--Ah!

LA CHOUTE.--Mire... Para poner tersa la piel, tenemos el tratamiento del
doctor Sabio. Consiste en una aplicacin de lquido corrosivo, a base
de iodo, que consume los tejidos superficiales hasta dejar al
descubierto la primitiva piel. Son tres semanas de torturas; pero en
seguida encuntrase usted con una piel de jovencita.

LA DAMA.--Est bien! Conformes...! Y para el rostro...?

LA CHOUTE.--Djeme que la mire...! Ah, s...! Tenemos tres
tratamientos. Primeramente, el masaje; ste es bueno, pero no resulta
eficaz mas que para un da. Al menor cansancio, las arrugas reaparecen
al instante. Tenemos despus la pasta de los Nabis; sta se la aplica
usted por la noche con la careta especial. Es una pasta a base de
plantas astringentes, que estiran y ponen tersa la piel. Pero hay que
aplicrsela todos los das. Tenemos, por ltimo, las inyecciones de
parafina, que hinchan el rostro; es bastante doloroso: debe usted
permanecer durante un mes en un lugar apartado, mientras es absorbida la
parafina.

LA DAMA.--Pero lo que usted me propone son suplicios chinos...!

LA CHOUTE.--Para estar hermosa hay que sufrir. Adems, todo lo que le
ofrezco no tiene sino una eficacia pasajera. Slo hay un tratamiento
duradero...! Y ste es... el tratamiento quirrgico...!

LA DAMA (_espantada_).--Qu...? Quiere usted que recurra al
cirujano...?

LA CHOUTE.--Es preciso...! Para las arrugas de la frente, el cirujano
le har a usted ah, bajo los cabellos, a derecha e izquierda, dos
incisiones, cortar dos pedazos de piel y coser; para las arrugas del
cuello, le har otras incisiones detrs de las orejas.

LA DAMA (_aterrorizada_).--Calle..., calle...!

LA CHOUTE.--Quiere usted ser amada, seora...? Entonces, somtase a lo
inevitable...! De lo contrario, djese dominar por la vejez...!

LA DAMA.--No..., no...! No me abandone usted, seora...! Lo que me
inquieta no es solamente el rostro, sino el cuerpo. Quise adelgazar, y
mi pecho, demasiado voluminoso, se convirti...

     _El resto de la confesin se pierde en el odo complaciente de La
     Choute; la dama, orgullosa, se muestra desde los pies a la cabeza.
     No es solamente el pecho el que se le cae. Es el vientre en forma
     de persiana, son los muslos descarnados, las manos que se manchan
     de herrumbre y los pies que se deforman. La Choute toma notas, y,
     cuando ha concludo, manifiesta que todo esto puede repararse._

LA DAMA (_despidindose, llena de esperanza_).--Me enviar usted
discretamente todos sus productos, verdad...?

LA CHOUTE.--Descuide usted...! Se los llevar yo misma y le indicar
la manera de usarlos...! La acompaar tambin a casa del doctor
Blsamo, nuestro cirujano. Y no tema usted nada...! Fuera de m, nadie
conocer su secreto...!

     _La dama torna a ponerse su tupido velo, y se marcha._

LA CHOUTE (_soltando a Beauvallon_).--Qu, amigo mo...? Oste...?

BEAUVALLON (_plido_).--Todo...! Es horrible...!

LA CHOUTE (_riendo_).--Bah...! Y a ti qu te importa...?

BEAUVALLON.--Desgraciada...! El enamorado de esa dama, el enamorado
para quien ella quiere rejuvenecer... soy yo...!

LA CHOUTE.--Imposible...!

BEAUVALLON.--Y yo estaba loco por esa mujer...! Despus de lo que s,
no la ver ms...!

LA CHOUTE.--Quia, amigo mo...! Djate de historias...! No vas a
quitarme una cliente de treinta mil francos...!




VIII

CURSO DE COCINA


_El joven Lionel Musot vive en un piso bajo del nmero 152 de la calle
de Copenhague. Es uno de esos reducidos departamentos llamados cuartos
de soltero porque en ellos no se recibe ms que a muchachas. Este
joven, descolorido, imberbe y peinado untuosamente, posee la gentileza
usual en cualquier otro de su especie; es deplorablemente rubio y
delgado; sus ojos, de un azul de porcelana, tienen una expresin
desabrida, que equivale a falta de expresin. Mustrase muy agitado; va
desde la alcoba al saln, desde el saln a la cocina, donde todo est
preparado para el te, y desde la cocina al recibimiento. Est
soberbiamente vestido con un pijama de seda azul, que pondra en peligro
las mejores digestiones. Habla consigo mismo, como suele hacerse en las
obras del antiguo repertorio._

LIONEL (_furioso, en la cocina_).--El agua hierve...! Har el te...?
Pero si lo hago antes de tiempo resultar muy fuerte y me ver precisado
a bebrmelo, en el caso de que ella no viniera... Aborrezco el te
fuerte...! Me queda el recurso de no beberlo y de tirarlo sobre la
piedra del fregadero. S; pero tendr que comerme las pastas. O
regalrselas a la portera, a la que odio...! (_Dirigindose a un pblico
imaginario._) Seoras y caballeros...! Hace dos meses que dedico a una
mujer casada de la alta sociedad, a la seora Line Bisou, un culto
apasionado; supe ser tan tierno, tan respetuoso y, al mismo tiempo, tan
atrevido, que esta Line cedi a mis splicas, subrayadas con gestos
decisivos. Hace un mes que se me entreg en este pisito bajo...! Line
no tuvo motivos para quedar descontenta del ensayo, porque me otorg una
cita en este modesto palacio para la semana siguiente. Line no acudi,
seoras y caballeros; en honor suyo haba perdido una clase de
Trigonometra. (_Cantando._) No! Esto no es un sacrificio...!, como
dicen en el _Alcestes_, de Gluck. No es un sacrificio, porque s que en
el examen de fin de ao me calabacearn y, por tanto, juzgo intil
estropearme las meninges estudiando Trigonometra, en la que no
sobresaldr nunca. A la semana siguiente, Line me jur con todas las
veras de su alma que sera puntual a la nueva cita. Perd una clase ms;
compr pastas; hice un te mediano, lo confieso!, y ella no vino...
Tampoco vino a la otra semana. Estamos en el cuarto lunes, y ya vern
ustedes cmo brillar siempre por su ausencia. Hace un momento llamaron
a la puerta de entrada; corr, con el corazn trmulo de alegra, y
estuve a punto de abrazar al hombre que vena para ver el contador del
gas... Dentro de una hora volvern a llamar y recibir a un chico de
telgrafos, que me entregar un despacho, siempre igual: Imposible
acudir tan pronto. Descorazonada. Ven a comer el jueves. Ternezas.
_Line._ (_Campanillazo._) Ah! Llaman a la verja del parque...
Probablemente es el chico de telgrafos, que avisa desde fuera...

     _Se decide por fin a abrir; una dama, con un velo muy tupido,
     penetra vivamente en el recibimiento._

LINE (_porque es ella_).--Hay que ver, amor mo...! Cunto tardas en
abrir...!

LIONEL (_avergonzado_).--Cre que era el chico de telgrafos...!
(_Estrechndola contra sus brazos._) Ay, amada ma...! Ay, amada
ma...!

LINE.--Espera...! En primer lugar, me ahogas...! Y, adems, me metes
el velo en la boca...! Deja que me quite el sombrero...!

LIONEL.--Alivia..., alivia...!

LINE.--Lo sabes...? No me quito mas que esto... Tengo mucha prisa...!
No puedo dedicarte mas que media hora...!

LIONEL.--Eso se dice...!

LINE.--Cmo eso se dice...? No sueltes tonteras, querido mo. Tengo
que estar de regreso en mi casa a las siete y media, y son las cinco. Y
debo pasar por casa de mi cuada para preparar la coartada...!

LIONEL (_furioso_).--Quisiera que tu cuada estuviera casada con un
mono y maldigo su posteridad hasta la sexta generacin!

LINE (_que se ha quitado el sombrero y la capa_).--Mi cuada no tiene
hijos. Dime... Qu te parece mi vestido...?

LIONEL.--Es muy bonito...! Y me parecer todava ms bonito cuando te
lo hayas quitado...! (_Se lanza sobre el corpio y lo desabrocha._)

LINE.--No...! No...! Nada de tonteras...! Se abrocha por detrs, y
luego cuesta mucho tiempo ponrselo otra vez... (_Lionel no escucha nada
y le quita el corpio como quien despelleja una anguila._) Oh...! Qu
bobo eres...! Ahora tengo que quitarme el vestido...! Aguarda un
momentito...! Dame primero el te...!

LIONEL.--Tienes mucho inters en tomarlo...?

LINE.--No puedo pasarme sin el te. Ni siquiera durante la guerra carec
nunca de te!

LIONEL (_desapareciendo en la cocina_).--Eres una mujer muy metdica!

LINE (_dirigindose a los bastidores_).--Hazlo bien, eh...? Una
cucharada para la tetera y una cucharada para cada persona.

LIONEL (_en lo hondo de la cocina_).--Ya lo s...! Atiza...! Se ha
salido el agua y se ha apagado el gas...!

LINE.--Alivia...! Me muero de sed...!

LIONEL.--Ya est...! (_Reapareciendo con una bandeja._) La seora est
servida...!

LINE (_sentndose_).--Dios mo! Cmo me divierte tomar el te as...
desnuda...! Son las alegras del adulterio...! Un terrn de azcar
nada ms...! A ver las pastas...! Ah! Hay golosinas de las que a m
me gustan...! Y tartas alsacianas...! Eres una delicia...! No me
despeines...!

LIONEL.--Bebe ligera...! Si t tienes sed, yo tengo hambre!

LINE.--Espera un minuto, qu diablo...! Cada cosa en su tiempo...! No
me preguntas por qu estoy este da en tu casa...?

LIONEL.--No...! Lo importante es que ests en ella...! Haz el favor de
beber...!

LINE.--Primero tengo que contarte... Figrate que mi marido est
celoso...!

LIONEL.--Me da lo mismo...! Lo matar...!

LINE.--No lo matars...! No est celoso de ti. Por el contrario, te
quiere mucho y dice: El pequeo Lionel es muy agradable, est muy bien
educado y no hace la corte a las mujeres casadas...!

LIONEL (_molesto_).--Me cree un calabacn, no es eso...?

LINE.--A ver si le vas a guardar rencor por eso...! Sospecha del mayor
Wetherley, un norteamericano que me trae frita, y est convencido de que
este yanqui tiene suerte con las mujeres. Por esta causa, monn, he
estado un mes sin poderte cumplir mi palabra. Mi marido me acompaaba a
todas partes, hasta a las tiendas, a pesar de que los maridos las
aborrecen. El mayor regres ya a Amrica; pero mi querido esposo le
haba tomado el gusto a mi compaa y no haba manera de librarse de
l...

LIONEL.--Ya lo he notado...!

LINE.--Pareca que lo haca a propsito. Siempre que tena que venir a
verte e invocaba todos los pretextos, Exposicin de pintura, conciertos
de msica moderna y obras de caridad, me deca: Voy contigo...! Y,
como comprenders, no poda traerlo aqu...!

LIONEL (_sombro_).--Lo habra matado...!

LINE.--Habras hecho mal...! Ya no se estila eso...! Entonces, ayer
tuve una inspiracin genial... La comida era detestable... Y, ya ves!,
fu preciso despedir a mi cocinera Gertrudis...

LIONEL.--Es lstima. Se coma tan bien en tu casa...!

LINE.--Pues en lo sucesivo, amor mo, comers muy mal. Gertrudis me
robaba como un mercachifle, sin disimularlo siquiera; la he sustitudo,
porque he encontrado a una maritornes de Caen que nos envenena con sus
inmundas bazofias. Ayer mismo, Gustavo se puso loco de clera. De
manera que en esta casa no se puede comer como es debido...? Nos dejas
envenenar... No hay ms remedio que recurrir al restaurante...
etctera, etctera. Yo cog la ocasin por el cabello y le dije: Tienes
mucha razn, amigo mo. Pero la sustituta de Gertrudis est llena de
buena voluntad, y si tomamos otra sera tan ignorante o tal vez menos
dispuesta que sta. Conservemos y enseemos a esta idiota que tenemos.
Yo me encargo de convertirla en una cocinera modelo. Pero para ello es
preciso que la lleve al curso de Cocina. Mi esposo reflexion y pens:
Puedo dejarla bajo la vigilancia de su cocinera! Mi honor est
seguro...! Y me permiti salir con ella. Aqu, donde me ves, vengo del
curso de Cocina...!

LIONEL (_estupefacto_).--Pobrecilla querida ma...! Te has impuesto
este suplicio...?

LINE.--No es un suplicio. Es, por el contrario, una cosa muy divertida.
Figrate una gran cocina, instalada en un piso bajo de la calle de La
Boetie... Unos hornos soberbios; delante de ellos, una amplia mesa con
legumbres preparadas, cacerolas, manteca, etctera. Delante de la mesa,
unas sillas, donde estn instaladas unas seoras con sus cocineras; hay
all tambin jvenes estudiosos con las manos sucias. Entre la mesa y el
horno, un gran sacerdote, cubierto con una tortada blanca y rodeado de
sus vicarios, tocados igualmente con tortadas. Es el maestro un afamado
cocinero... Y hay que ver lo grave y serio que se pone...! No
bromea...! Oficia...! A la apertura del curso, hizo su entrada seguido
de sus ayudantes; salud, y, sin decir una sola palabra, comprob el
calor del horno; luego volvise hacia nosotros y, apoyando las manos en
la tribuna, es decir, sobre la mesa, principi: Seoras y seores: hoy
vamos a estudiar el pollo a la Trevoux. Este plato fu descubierto por
el famoso Birochon, en mil setecientos ochenta y dos; esta lumbrera de
la Cocina francesa estuvo al servicio del duque de Brunswick...

LIONEL (_que piensa en otra cosa_).--Es curioso...! Pero, Line,
nosotros tenemos que preocuparnos de algo distinto...

LINE.--Un instante...! Hasta que acabe mi pastel... Qu impaciente
eres....! Por ti fu yo all...!

LIONEL (_suplicante_).--Line, por lo que ms quieras...! Que se va el
tiempo...!

LINE.--No tienes idea de lo que se necesita para fabricar el pollo a la
Trevoux... Un montn de cosas...! Coges un pollo, le quitas los
huesos...

LIONEL (_decidindose_).--T eres mi pollito...! Yo no te quitar los
huesos...!

     _La coge en brazos y se la lleva a viva fuerza. Sigamos! (Despus
     de todo, esto no le importa a nadie mas que a ellos.) Al cabo de un
     tiempo incierto, Line despierta. Tambin Lionel sale de su
     embotamiento._

LINE (_estirndose_).--Ay, querido mo...!

LIONEL.--Gatita ma...! Mi comadreja...! Mi conejito...!

LINE.--Calla...! Yo conozco eso...! Eso es de La Fontaine...!

LIONEL.--S; el fabulista hall todos los bonitos nombres de amor que se
toman prestados de los animales...

LINE.--Oye...! Me parece que es ya el oporto menos cinco.

LIONEL (_saltando al suelo y ponindose el pijama_).--El oporto de la
seora se ha adelantado...! (_Corre a un velador y trae dos vasos y una
botella._)

LINE.--Muy poco...! Medio vaso...! Prefiero tomar cuatro medios vasos
a tomar uno lleno. Dios mo, que hambre tengo...!

LIONEL.--Todava quedan pastelillos...!

LINE.--Gracias...! Hazte cargo...! Este curso de Cocina me haba
dejado vaca. Porque todava no te he contado cmo se fabrica el pollo a
la Trevoux... Es delicioso...! Segn te iba diciendo, coges tu pollo y
le quitas los huesos... Haz el favor de tener las manos quietas...!

LIONEL.--Y qu ms...?

LINE.--Lo recoses despus de haberlo rellenado con un picadillo de
tocino de pecho, en pedacitos, con menudillos, setas, trufas, unos
trozos de naranja, una pizca de perejil y la carne machacada de dos
pajarillos. Haces cocer tu pollo, en un hornillo econmico, suavemente.

LIONEL.--Y despus te lo comes...!

LINE.--Todava no...! El pollo no es nada...! La salsa es todo...!

LIONEL.--Lo sospechaba...!

LINE.--Antes has hecho un buen caldo de pollo.

LIONEL.--Con otro pollo...?

LINE.--Naturalmente...! Das ste a la cocina; no has guardado de l mas
que los menudillos para aumentar el relleno del pollo nmero uno. El
maestro nos ha recomendado mucho que pongamos toda nuestra atencin en
este caldo... Y ahora resulta que ya no me acuerdo...! Qu coraje...!
Quera prepararte este plato para el jueves...!

LIONEL.--Es verdad...! El jueves como con tu marido!

LINE.--Bah! No pongas esa cara tan seria. No te van a envenenar...! Y,
adems, me divertir saborear contigo un plato del que hemos hablado en
circunstancias tan particulares... Espero que mi cocinera recordar la
manera de hacer la salsa.

LIONEL.--Yo tambin lo espero. Tu famoso plato va a resultar
incomestible...!

LINE.--Te chupars los dedos y pensars: Mi querida estaba en camisa.
Cunto nos habamos amado...! Y este severo seor no sospecha
nada...!

LIONEL.--Eres sdica...!

LINE.--Vamos a ver... Ya deben ser cerca de las siete...! Tengo que
vestirme... Vuelve para ac el reloj de viaje...!

LIONEL (_obedeciendo y ensendole la esfera del mencionado
reloj_).--Mira...

LINE (_brincando_).--Qu? Son las ocho menos diez...! Y no estoy
vestida...! Y qu voy yo a decir, Dios mo...?

     _Se lanza sobre su cinturn, se sujeta las medias y se pone sus
     zapatitos murmurando injurias dirigidas contra las personas
     egostas, que pierden la nocin del tiempo._

LIONEL (_compasivo_).--Qu quieres que le haga...? Era tan dichoso...!

LINE.--No digas una sola palabra...! Te mordera...! Me siento
furiosa...! Y habrs adelantado mucho...! Mi marido ser vctima otra
vez de una crisis de celos, no me dejar ya salir sola y yo no podr
explicarte el pollo a la Machin!

LIONEL (_contrito_).--Line...! Lineta ma...!

LINE.--Tu Lineta est que echa espuma... Dame el corpio y procura
abrochrmelo ligero... lo oyes?

LIONEL (_muy humilde_).--Ya..., ya est...!

LINE (_peinndose_).--Ea! Ya no tengo aspecto de mujer adltera,
verdad?

LIONEL.--No mucho...! Unicamente los ojos...!

LINE.--Los ojos no tienen importancia...! Con tal de que encuentre un
_taxi_...! Oh, San Antonio de Padua...! T, que lo encuentras todo,
encuntrame tambin un _taxi_...!

LIONEL.--Se lo dir a la portera...!

LINE.--No..., no...! No hay tiempo...! Hasta el lunes, querido
mo...! Estudiaremos la codorniz sobre el canap.




IX

CURSO DE DECORADO


_La seora Lucy Mers ha venido en limosina con su amiga y directora de
riqueza, la condesa Rabat, a visitar la instalacin modelo de la seora
Maschine, en la calle de Castiglione. Hace cuatro aos, la seora Lucy
estaba encargada de la seccin de nios en las Galeras Roosevelt. All
fue distinguida por el seor Hiplito Mers, que acababa de ganar muchos
millones fabricando vaca en conserva con atn a la marinera. La seora
Lucy comprendi en seguida los deberes que le impona su condicin de
esposa legtima de un notable comerciante, y se procur la competencia
de la condesa Rabat, que no est en la primera juventud; pero que se
arruin a fuerza de proteger las letras y las artes y de subvencionar a
los artistas. En el vestbulo, la condesa da las ltimas instrucciones a
su discpula._

LA CONDESA.--Usted, querida ma, desea amueblar su palacio; hubiera
podido llevarla a casa de algn afamado tapicero, que le habra
proporcionado un decorado cualquiera; usted hubiera tenido ese interior
banal que se ve en casa de todos los nuevos ricos. Yo he preferido
traerla a casa de la seora Maschine.

LUCY.--Quin es sta...? Una tapicera...?

LA CONDESA.--Quia! No...! Es una mujer de la mejor sociedad. Es la
viuda del clebre barn ruso Maschine, que fu muerto en Petrogrado
cuando la primera revolucin. El barn, que haba sido locamente rico,
habase arruinado, en parte, por satisfacer los gustos dispensiosos de
su esposa; cuando muri, mi amiga Maschine descubri sbitamente su
pobreza. Como era muy linda...

LUCY (_acabando la frase_).--Se dedic a la vida alegre...?

LA CONDESA.--Se equivoca usted! Era una mujer honrada en toda la
extensin de la palabra...! Tom un amante; pero, al mismo tiempo, tom
un oficio que no lo pareca. Como era muy artista, hzose de improviso
profesora de decorado prctico. Va usted a serle presentada, porque le
he pedido una cita y nos espera. Ya ver usted...! Es una mujer
exquisita...! Subimos...?

     _Las damas toman el ascensor, que las lleva hasta el primer piso.
     La condesa llama; se abre una puerta; un lacayo muy correcto
     introduce a estas damas en un saln y poco despus aparece la
     seora Maschine. Es una mujer joven, alta, delgada y de una belleza
     soberana; luce un vestido de interior muy modesto, pero de una
     elegancia discreta. Presentaciones._

LA SEORA MASCHINE.--Encantada de conocerla, seora...! La seora
condesa Rabat me ha dicho que deseaba usted consultarme...

LUCY.--S, seora. Se trata de esto: yo soy... es decir era...
(_Decidindose._) Mire... Prefiero decrselo todo en seguida, porque
usted acabara por comprenderlo, si es que ya no lo sabe. Soy una nueva
rica...!

LA SEORA MASCHINE (_sonriente_).--No hay ningn mal en ello,
seora...! Hasta hay cierto buen tono en confesarlo...!

LUCY.--Es usted muy amable; me siento ms a gusto para hablarle. No voy
a decirle que el dinero me desagrada. No! Pero el dinero no es todo
para m. Quiero ser feliz antes que nada. No le ocultar que hace poco
tiempo era una seorita de almacn y no pensaba que algn da sera una
dama del gran mundo como usted y como la condesa: venda trajecitos para
muchachos. Cierto da pasa a mi seccin un caballero alto, bastante
joven, buen mozo, moreno, como los que se ven en los cinemas. Pnese a
regatear un marinero de setenta y dos francos con noventa y cinco
cntimos. Al instante vi que no vena por el marinero, sino por la que
lo venda. Me miraba, me miraba...! Bueno...! Cogi su marinero y se
march. Al da siguiente volvi y me compr otro marinero. Charlamos;
era muy amable; le confieso que me gustaba mucho. He aqu que, a los
tres das, vuelve y me compra el tercer marinero! Esto principia a
inquietarme. Me muestro ms reservada y l no se desanima. Todos los
das, a la misma hora, se presentaba y me compraba el mismo trajecito.
Al cabo de tres semanas conclu por decirle: Qu piensa usted hacer
con todos estos marineros? Entonces l me mir con una expresin que
no olvidar nunca: Es para vestir a nuestros hijos, seorita...!

LA SEORA MASCHINE.--Como declaracin, resulta bastante original...!

LUCY.--Va usted a ver...! Es un cuento de hadas...! Figrese lo
sorprendida que me quedara...! El mostrse muy _chic_ y no me propuso
nada vergonzoso. Me dijo que me amaba y que haba resuelto casarse
conmigo. Quiere usted ser mi mujer...? Yo no saba qu contestarle;
arrugaba mi vigsimoquinto marinero; al fin, recobr la sangre fra.
Segn y cmo!, le dije. Tiene usted algn oficio...? No se
preocupe; tengo una profesin bastante lucrativa. Lo importante es que
yo no le desagrade! Me dej caer sobre una silla, me puse a sollozar y
me enjugaba los ojos con el marinero. Aquella misma noche, el seor
Mers vena a buscarme a la salida del almacn con su auto, me llevaba a
nuestra casa y peda mi mano a pap, que estuvo a punto de caer enfermo
por la impresin. Ya ve usted...! Un yerno que tena quince millones!
El pobre pap no volva de su asombro...!

LA SEORA MASCHINE.--Esto no ocurre mas que en el cinema...!

LUCY.--Nos casamos a escape y desde entonces vivo en un sueo. Tengo
todo lo que quiero. Cuando salimos juntos, no me atrevo a mirar a las
tiendas. Me lo comprara todo...!

LA SEORA MASCHINE.--Tranquilcese..,! Esto no durar mucho...

LUCY.--Al contrario...! Quiero que dure... Y no por los regalos...! Es
que cuando se puede tener todo ya no se desea nada. Deseo que me ame
porque yo le har agradable la vida. Y, para que se sienta satisfecho en
su casa, es preciso que tenga una casa satisfactoria. Hemos comprado un
pequeo palacio en la calle de la Faisanderie, y me ha confiado el
cuidado de arreglarlo. Si lo logro, se quedar encantado. Haga todo lo
posible por que yo lo consiga; esto depende de usted. Soy muy ignorante;
pero no tengo nada de tonta, y con algunos consejos saldr bien de este
asunto.

LA SEORA MASCHINE.--No lo dudo. Voy a darle la primera leccin... La
habitacin ms importante...

LUCY (_aturdida_).--Es la alcoba...?

LA SEORA MASCHINE.--Eso es...! Voy a ensearle una. Sgame...!
(_Conduce a las damas a una habitacin muy clara._) Aqu est! Usted ha
elegido la habitacin mejor situada, aquella donde entre el sol de la
maana. Una cortina muy sencilla, sin ramajes ni chineras, de un tono
neutro.

LUCY.--Y por qu sin ramajes...!

LA SEORA MASCHINE.--Porque stos llegan a ser una obsesin. Siempre
siente una la tentacin de contarlos. Para un hombre de negocios no
conviene nada que fije su atencin. Su marido debe dejarse imponer el
reposo. Sobre todo, nada de armario de luna, ni de muebles altos. Esto
abruma. Tampoco habr en ella cuadros; grabados muy plidos y muy
dulces, que no se destaquen demasiado. El espejo de la chimenea debe ser
pequeo y embutido en un marco de madera apenas ornamentada. Prescinda
usted del reflector suspenso del techo; nada entristece tanto una
habitacin como la luz que cae desde lo alto. Adems, esto suprime toda
intimidad. No debe haber ms que brazos fijos en la chimenea y lmparas,
cuyo brillo ser tamizado por gasas para que no hagan dao a la vista.
La alfombra ser muy recia y de un matiz uniforme. Arrojar usted de
all los divanes y las _chaises longues_, donde se sienten tentaciones
de echarse, en tanto que el lecho espera. Y llegamos a la cama; aqu ha
de poner usted toda su atencin. Nada de cama de cobre, verdad...? Se
parece a un instrumento de suplicio dorado y resplandeciente. No caiga
en el exceso contrario; aborrezco los grandes monumentos de encajes,
adornados con doseles del siglo XVIII, que se llenan de polvo y atraen
los mosquitos. Resulta pretencioso y se siente una ahogada entre ello.
Parece que usted representa El sueo de la desposada, y esto tiene
algn sabor pueblerino. Necesita una bonita cama baja, muy preciosamente
esculpida, con el tablero de los pies sobrepasando apenas el colchn, y
con el de la cabecera sobrepasando apenas las almohadas; es
indispensable una lamparilla encima de la cabeza; ella le permitir
entrever el espectculo de su alegra. Si el seor quiere leer, tendr
una luz sobre la mesita colocada a su lado...

LUCY.--Oh! No lee, porque yo no le dejo tiempo para ello...!

LA SEORA MASCHINE.--Muy bien! Sin embargo, conviene prevenirlo todo.
Tendr usted tambin su lucecita encima de la mesa; si el seor lee,
usted aparentar igualmente que lee, y l no leer ya. Pasemos al
_sommier_; eljalo un poco duro, de fabricacin inglesa. A un marido
joven deben repugnarle los lechos demasiado blandos, que adormecen el
deseo. Pero ponga todo su cuidado en el colchn, que encargar usted muy
recio: as se forma un hoyo y, a pesar suyo, a despecho de los
disgustillos pasajeros, los cuerpos se renen en sueos y se perdonan.
Le enseo este pequeo truco; es infalible, y prepara un despertar
conciliador.

LUCY.--No est mal...!

LA SEORA MASCHINE.--Una recomendacin: procure no amueblar ninguna
habitacin con arreglo a un estilo determinado. Esto ya no se lleva...!
Conserve una general armona. El estilo de nuestra poca encierra todos
los estilos, todas las caractersticas de las pocas precedentes y todos
los exotismos, y, sin embargo, le desafo a que lo formule. En l se
mezcla y se armoniza todo; tiene usted estilo Luis XVI y estilo
Directorio, que no se espantan de verse juntos. Todo esto, unido, acaba
por formar cierto estilo Clemenceau... Ahora vamos a visitar el
comedor... Vengan ustedes...!

     (_Van al comedor._)

LUCY.--Qu...? Pero se come ah dentro...? Si parece un tocador...!

LA SEORA MASCHINE.--Y lo es...! A qu obedece esa estpida costumbre
que nos obliga a ocupar una habitacin solamente con las comidas...?
Consagra usted una hora al desayuno y otra a la comida... Y necesita
usted una mesa especial para esto...? Tiene usted unos aparadores para
poner de manifiesto en ellos la plata de familia...? Puf...! Estas son
costumbres de advenedizos. Que la plata no se vea demasiado en el
servicio de usted...! Que no se emplee mas que en la presentacin de
los platos calientes...! La plata es un metal vulgar. La plata
sobredorada es un metal bastardo, que no tiene el valor de su opinin.
El oro es el emblema de la estupidez triunfante. Forme usted su vajilla
con porcelanas raras y con fayenzas curiosas.

LUCY.--Pero yo no veo mesa alguna en este comedor...!

LA SEORA MASCHINE.--Las mesas estn en la repostera; se traen en el
ltimo momento; son tres o cuatro mesas especiales, que los criados
ponen y quitan cuando se van los seores... Detrs de estos tableros se
ocultan los estantes de una biblioteca, y detrs de estos otros
encontrar usted toda clase de juegos. En la sociedad de usted, la gente
tiene aficin a jugar. En algunos minutos, mientras sus invitados
saborean el caf en el saln, esta estancia se convierte en sala de
juego y en fumadero. Se imponen, pues, unos altos cimacios de nogal
claro, decoracin de madera, en que los muebles y los divanes se
armonicen con la pared. Alumbrado mediante enchufes situados junto al
suelo. Tenga usted brazos de mucha luz sobre su mesa; ponga en ella un
centro muy bajo, que no haga penosa la conversacin. En los rincones
mandar usted colocar unos fanales de cristal sujetos en aros de madera.
Nada de sirvientes; las viandas llegan desde la repostera, lo mismo que
los platos. No tolere usted que se imponga a sus convidados el aderezo
de los manjares, ni el ruido de la vajilla. Que los criados de usted no
confen al odo de sus huspedes la genealoga ni la partida de
nacimiento de los vinos preciosos que ellos les sirvan. Esta antigua
costumbre constituye un desafo para las apreciaciones de los buenos
catadores que usted reciba.

LUCY.--Comprendido...! Adnde vamos ahora...?

LA SEORA MASCHINE.--Al saln. Esta es la habitacin menos interesante,
porque usted no vive en ella. Aqu puede colocar los cuadros de los
maestros y los _bibelots_. Convendr que se procure usted una coleccin
de cualquier cosa: una coleccin de campanillas antiguas, o unas
vitrinas llenas de sajonias autnticas. Estas cosas son motivos de
conversacin. Pondr usted un gran espejo encima de la chimenea: ste
permite a las personas notables que se miren al hablar, y a las damas,
que vean cmo estn los pliegues de sus vestidos, sus semblantes y sus
peinados. Muchas sillitas bajas, esparcidas ac y all, sin orden
aparente; varias mesitas. En uno de los rincones, la _mise en scne_
necesaria; un pequeo _bureau_, en el que pensarn que escribe usted. En
el rincn opuesto, un piano, donde el compositor parsito le tocar algo
de Schumann, que l interpreta como nadie en el mundo!.

LUCY (_tmida_).--Yo pensaba en recepciones alegres, en tes-tango...!

LA SEORA MASCHINE.--Est usted un poco retrasada en cuestin de
modas...! Ya no se piensa en bailar; cuando alguien tiene mucho empeo
en hacerlo, se va a retozar a cualquier establecimiento de baile. Los
tes-tango disgustan a los maridos y turban la paz de un hogar. Por otra
parte, usted no utilizar el saln mas que para pasar por l. De esta
manera podr lucir en l todos los tapices de la Savonnerie y todos los
Beauvais. Antiguamente, esta habitacin tena una razn de ser, en el
tiempo en que la conversacin era un deporte. Ahora no se habla mas que
en la mesa y en seguida se juega. El ingenio de saln desapareci con la
seora Aubernon de Nerville y con la seora de Loynes. Ya no subsiste
mas que el ingenio del crculo y el del caf. No se tiene tiempo de
chismorrear; los peridicos han matado el arte de la maledicencia
elegante. El saln no es mas que el paso de una comida a una mesa de
_poker_, del apetito a la digestin. Qu siglo tan triste...!

LUCY.--Le queda por ensearme una habitacin: el tocador.

LA SEORA MASCHINE.--Lo dejaba para lo ltimo. (_Nuevo viaje; entran en
una amplia sala, muy alegre._) Aqu est el santuario! El lugar donde
pasar usted la mitad del da...! En cuanto despierte, correr usted a
retocar su belleza. Pasemos por alto el bao y no nos fijemos en los
aparatos para la ducha; esto ya se lo vendern. Sin embargo, observe que
el bao, muy hondo, est enterrado hasta la mitad en el suelo. Puede
usted sentarse en l; una sillita est instalada en uno de sus extremos.
Aqu tenemos el robusto tubo para la ducha escocesa. Aqu est el gran
espejo de tres lunas, que le dir la verdad. All se encuentra el divn
para descanso, donde se lee los peridicos mientras se saborea el
chocolate reparador. Ms lejos hay un pequeo _bureau_, su verdadero
_bureau_, donde usted escribir las cartas para las amigas ntimas y
ajustar sus cuentas. Aqu est, por ltimo, la _coiffeuse_; no necesito
describir a usted los perfeccionamientos aportados a sta por la Casa
X... Ahora bien; lo que debe absorber toda la solicitud de usted es el
calientabaos...

LUCY.--Por qu?

LA SEORA MASCHINE.--Porque es un instrumento caprichoso y variable. No
calienta, o calienta demasiado; no se enciende, o provoca incendios.
Estalla en el momento en que se le cree dominado. Le hace a una mil
jugarretas. Es un perpetuo motivo de inquietud. Un mal calientabaos
acaba por agriar a usted el carcter, volvindola irritable y
quisquillosa. La hace esclava de los fumistas, unos seores poco
cmodos, que le deteriorarn el tocador en cuanto tengan que efectuar la
menor reparacin. La vida resultara demasiado dulce si no fuera por
esta calamidad del calientabaos.

LUCY.--Y si recurriera a la calefaccin central...?

LA SEORA MASCHINE.--No tendra nunca agua caliente a la hora que la
deseara. Crame usted...! No hay ms remedio que aguantarse. Tanto ms,
cuanto que aqu habr de pasar usted sus horas de soledad. Cuando su
marido desayune fuera, aqu desayunar usted. Aqu meditar y
reflexionar usted; aqu recibir usted a sus mejores amigas. Lo ms
claro de su existencia transcurrir en esta sala; en ella reconquistar
usted al marido vacilante...

LUCY.--Espero que el seor Mers no vacilar nunca...

LA SEORA MASCHINE.--Quin sabe...! Acurdese usted de mi consejo:
cuide mucho el tocador. (_Un silencio._) Ahora, seoras, ya slo me
falta ensearles el recibimiento.

LUCY.--La antesala...?

     (_Nuevo viaje._

LA SEORA MASCHINE.--No! Nada de antesala...! Para qu sirve...? Qu
significa este aposentillo amueblado con una percha y con un arcn de
madera...? No! Prepare una buena entrada al visitante; que ste no se
sienta desconcertado por la decoracin hostil; que pueda esperar,
arrellanado en un silln, en medio de un ambiente simptico, el minuto
de audiencia que usted le conceder; que salga usted a su encuentro, si
es preciso, hasta el vestbulo, el cual resultar as un disimulado
recibimiento. Ponga usted aqu la mentira inicial de su vida mundana.
Sea esta habitacin encantadora e ntima...! Entrase as a pie llano en
la cordialidad de usted. El proveedor, el visitante, el pordiosero,
todos se juzgarn bien recibidos, y de esta manera muchos de los
indiferentes a quienes usted atienda se convertirn en amigos suyos.

LUCY.--Si usted me lo permite, seora, le compro todo el mobiliario.

LA SEORA MASCHINE.--Rechazo su proposicin; en primer lugar, porque
este mobiliario no es exactamente el que le conviene y, adems, porque
ya est vendido.

LUCY (_desolada_).--Entonces, me abandona usted...?

LA SEORA MASCHINE.--Djeme continuar: maana ir a visitar su palacio.
No se preocupe usted de la instalacin; yo me encargo de ella. Le
costar doscientos mil francos a precio alzado; pero dentro de veinte
das estar usted en su verdadero hogar, que ser todava ms cordial
que ste.

LUCY.--Una ltima pregunta. Qu tal es el hogar de usted, que se dedica
a adornar los hogares del prjimo...?

LA SEORA MASCHINE.--Mi hogar...? Yo vivo en un hotel.




X

CURSO DE MEDICINA


_La seorita Sita Volanges, siguiendo las exhortaciones de su amiga
ntima Vera Shrestenieff, se ha alistado bajo la bandera de las Hijas
de Galia, Sociedad para la educacin de las enfermeras benvolas; las
Hijas de Galia se cubrieron de gloria durante la guerra: instalaron
ciento cuarenta hospitales en el frente; desafiaron los bombardeos;
veinte enfermeras de la Sociedad fueron muertas; ciento cincuenta
resultaron heridas; la Casa fu mencionada muchas veces en la orden del
da. Damas muy distinguidas organizaron sanatorios bajo la gida de la
H. D. G., y ganaron la cruz de guerra. Los cursos para enfermeras
benvolas se dan siempre en el amplio hotel cedido por la seora condesa
de los Charmes, en la calle Spontini. All est instalado un hospital
escolar, donde los peludos son cuidados y mimados. En la sala principal,
que antes fuera saln, los ltimos enfermos acaban su convalecencia. Es
una amplia sala encristalada, completamente blanca, llena de blancos
lechos y flanqueada de mesas. Unas comedidas jvenes, vestidas de
blanco, juegan a los naipes y al domin con los gloriosos heridos. Es
una escena ntima y muy conmovedora, seoreada por una abrumadora
impresin de aburrimiento. Se ha notado que el aburrimiento era un
remedio infalible para los convalecientes. Las seoritas Sita y Vera
atraviesan con viveza la ciudad doliente y se presentan en un saloncito
lleno de jvenes y viejas damas, que esperan la apertura del curso.
Estn vestidas de enfermeras._

VERA.--Permtanme ustedes, seoras, que les presente a mi amiga la
seorita Volanges, la cual acaba de alistarse bajo nuestra bandera...
Haga el favor, mi generala, de tomar a mi ahijada bajo su proteccin.

LA GENERALA (_una comadre gruesa y canosa; pero de modales
autoritarios_).--Ah...! Una nueva recluta...? Muy bien...! Es usted
muy joven y muy linda, seorita...! Y, adems, bastante rubia...! En
fin...! A qu se dedica su padre...?

SITA (_tmida_).--Mi padre es director de las Forjas de
Commentry-Yapamieux.

LA GENERALA (_ya ms amable_).--Un metalrgico...? Bueno...! Tiene
usted vocacin...?

SITA.--Creo que s. Querra consagrar mi vida a cuidar los sufrimientos,
a inclinarme sobre los dolores.

LA GENERALA.--S...! Adems, para una mujer nunca resulta desagradable
ver sufrir a los hombres. Y es ms agradable todava consolarlos.

SITA.--Siento dentro de m algo como un apostolado...

LA GENERALA.--Ya lo veremos en la curacin...! Pero no en seguida;
antes hay que seguir los cursos...

SITA.--Yo tengo ya algunas nociones de Medicina.

LA GENERALA.--Esto puede ser ya mucho, o puede ser poco. Nosotras
debemos atenernos al lado prctico y no procurar jugar a los mdicos,
como lo hacen las bachilleras que rodean a la seora marquesa de la
Escalinata del Patio de Guardias.

SITA.--Quin es esa dama?

LA GENERALA.--Una vieja pava blasonada, amiga de la condesa de los
Charmes, a la que han nombrado presidenta, mientras que la condesa, que
ha prestado su palacio, y yo, que he obtenido el apoyo del Gobierno
militar, no somos mas que vicepresidentas... Y pensar que sin m no
hubiramos tenido un solo herido...!

SITA.--De veras...?

LA GENERALA.--A ver...! Las Damas de Aquitania, la Sociedad rival, se
las haban compuesto para acaparar todos los heridos graves de Pars y
todos los cirujanos famosos... Figrese usted cmo se burlaran de
nosotras...! Yo me las arregl de tal modo, que al fin decidieron enviar
a nuestro hospital modelo una parte de los heridos, que las imbciles de
enfrente pretendan acaparar. Le juro que no fu cosa fcil. Maldita
sea...! Qu batalla...! Menos mal que acabamos ganndola por nuestra
propia autoridad. Sin embargo, la querida marquesa se atribuy todo el
mrito de la victoria y se hizo nombrar presidenta.

SITA.--Parece que usted no la quiere mucho...!

LA GENERALA.--La detesto, y ella me paga en la misma moneda. Por esta
causa, le advierto que no se deje engatusar por ella. Yo soy muy cabal
en mis amistades y estimo con razn que las que no estn conmigo estn
contra m...

SITA (_ingenua_).--Es que hay dos partidos...?

LA GENERALA.--Hay hasta tres, si se cuenta el de la seora de los
Charmes. Pero esto no tiene importancia...! La buena condesa cedi su
palacio y no se le pide ms.

VERA (_acercndose_).--Generala: la llaman en el economato...

LA GENERALA.--Atiza...! Alguna equivocacin de la encargada...! Lo
est usted viendo...? No se puede hacer nada sin m...! (_Ella
desaparece, moviendo las caderas._)

VERA.--He tomado este pretexto para alejarla de aqu. Mientras se
entretiene, le presentar a la patrona mayor, la seora marquesa de la
Escalinata del Patio de Guardias.

SITA.--Yo no s si debo...!

VERA.--Hija ma: en nuestro sacerdocio, lo mismo que en los otros, hay
que estar bien con todo el mundo; de lo contrario, aunque ponga usted en
ello toda su buena voluntad, no llegar a ser nada... Ah...! Aqu
llega nuestra querida presidenta...!

     _Entra una especie de jamelgo de coche fnebre, un larguirucho
     esqueleto apocalptico, de una delgadez inverosmil. Es la seora
     marquesa-presidenta. Mucha nobleza y condescendencia. Esta dama,
     sin edad y sin belleza, de ojillos negros y penetrantes, lanza
     sobre todos los humanos una mirada impregnada de desprecio y de
     compasin. Vera le presenta a Sita._

LA MARQUESA.--Ah...! Perfectamente...! La seorita Volanges...! Su
padre hizo un donativo importante a nuestra Obra, y yo le di las gracias
con una carta personal. Los grandes industriales han comprendido que
deban ayudar a las vctimas de esta guerra, que sirvi para
favorecerlos. Viene usted a unirse a nuestras abnegadas hijas...?
Muchas gracias...! Entonces voy a indicarle el camino que deber
seguir. No se atenga usted demasiado a la parte prctica; nosotras
formamos aqu mujeres capaces de suplir a los mdicos cuando stos se
encuentran lejos. Deber usted trabajar y seguir nuestros cursos con
asiduidad. Las damas que escucharon mis consejos seran capaces de
sufrir el examen del internado. La generala le dir a usted que sus
funciones son las de una muchacha de sala. Esta pobre criatura se
equivoca; si se la hubiera hecho caso, nuestra Casa no existira ya. Yo
soy quien reclut los cirujanos y los profesores ms famosos. Si tenemos
en nuestra Casa las ms nobles lumbreras de la Ciencia, es gracias a m.
Ayer me di la maa suficiente para engatusar al renombrado prctico
Moumel, que desea dejar a las Damas de Aquitania para operar en
nuestro santuario; me prometi, adems, explicar un curso de Rinoplastia
y de Estomatologa dos veces a la semana. Sabe usted lo que son estas
dos ciencias...?

SITA.--No tienen por objeto restaurar los semblantes de los heridos en
el rostro...?

LA MARQUESA.--Eso es...! Veo que tiene usted ya conocimientos
quirrgicos. Siento que no nos hayan enviado heridos del rostro; como
siempre, la generala se ha conducido tan torpemente, que nos vemos
privados de tan interesantes heridos. El curso del profesor Moumel ser,
sin embargo, muy cautivador, aunque slo sea terico. Las aplicaciones
de la ciencia quirrgica no se pierden nunca; si usted no se aprovecha
inmediatamente de estas lecciones, puesto que ya termin la guerra,
podr utilizar su beneficio cuando llegue el prximo conflicto europeo.

SITA (_aterrorizada_).--Por Dios, seora...! Piensa usted que una
nueva catstrofe...?

LA MARQUESA.--Yo veo claro y ya tengo descontada una nueva conflagracin
mundial. Para nosotras, lo mismo que para los militares, la guerra es
una ocasin de sacrificio y de actividad. Dios me libre de desearla! La
creo fatal y quiero preparar un equipo de mujeres superiores, que
suplirn a los hombres de ciencia. Ah! Le advierto que no quiero
enfermeras demasiado elegantes. Nada de rojo en los labios, ni de
pintura, ni de vestidos de carnaval, ni de perfumes...!

SITA (_disgustada_).--Seora presidenta: yo no tena esa intencin...

LA MARQUESA.--S..., s...! Todas dicen eso. Y pasados quince das me
las encuentro emperifolladas, cubiertas de joyas y apestando a esencias.
Estas costumbres son capaces de desacreditar a un hospital modelo. Una
advertencia ms: aqu soy yo quien lo dirige todo, y usted no tiene que
recibir rdenes de nadie mas que de m. No haga caso de lo que pudiera
decirle esa generala; est medio loca. Me agrada usted, y quiero
convertirla en algo de provecho; pero acurdese de que las que no estn
conmigo estn contra m...

SITA (_perpleja_).--Muy bien, seora presidenta...!

LA MARQUESA.--Es usted inteligente y triunfar... Hasta ahora, hija
ma...!

     _Alarga a Sita un manojo de huesos y se marcha._

VERA.--Vamos! Qu le parece a usted...?

SITA.--No s qu pensar...! Yo no sospechaba que en la consagracin al
sacrificio tomara tanta parte la diplomacia. Si sigo a la generala, la
marquesa me guardar rencor, y si sigo a la marquesa, la generala me
fastidiar todo lo que pueda.

VERA.--Lo mismo sucede en todas las Obras. Estas damas se sienten
animadas de la mejor intencin cuando se agrupan. Y en cuanto se trata
de repartirse los grados, la autoridad, las direcciones y, por
consiguiente, las recompensas probables, todo el mundo se pone a reir.
Esto no impide que la mquina marche casi bien. He aqu la belleza de
las instituciones francesas...! Son indisciplinadas, estn corrodas por
luchas internas y, sin embargo, funcionan porque, a pesar de todo, las
alimenta la abnegacin. Me espera usted aqu...? Vendr a buscarla en
cuanto el profesor se encuentre entre nosotras.

     _Vera se aleja. Sita, sola, se sienta en un rincn y mira en torno
     suyo. No conoce a nadie; una enfermera pasa y ve a esta joven, que
     parece estar en cuarentena. Como es una persona caritativa, se
     acerca y dirige la palabra a Sita._

LA ENFERMERA.--Espera usted a alguien, seorita...?

SITA.--S...! Es decir... no...! Vine con la seorita Vera.

LA ENFERMERA.--Ah...! Comprendido...! Usted es la nueva...!

SITA.--En efecto...! Y debo tener un aire muy torpe, verdad?

LA ENFERMERA.--Es la primera impresin que se experimenta. Luego se
acostumbra una...

SITA (_por decir alguna cosa_).--Estas damas son muy agradables...

LA ENFERMERA.--Bah...! Cuando las conozca usted...! Se han puesto una
cofia para chismorrear ms a gusto.

SITA.--Hay aqu chismes?

LA ENFERMERA.--Desdichada...! Est usted en Villachismosa...!

SITA.--Es horrible...!

LA ENFERMERA.--No, hija ma...! Cuando haya cuidado usted a algunos
heridos se iniciar en el flirteo, que acerca al enfermo a su ngel de
la guarda. Todas estas viejas hadas, la generala de las enfermeras y la
marquesa de las parlanchinas, no saben lo que es cuidar hombres. Una les
ofrece higiene y la otra les brinda operaciones. Bonito
tratamiento...! Los desgraciados que vienen del frente, convalecientes o
moribundos, no quieren mas que una cosa: alegra. Que una cabeza
graciosa se incline sobre su dolor y que tengan el calmante supremo: el
amor...!

SITA.--El amor para los moribundos...?

LA ENFERMERA.--Qu duda cabe...? Si yo fuera la duea, querra que
todos los heridos viviesen en un sueo esplndido. Que las enfermeras,
sin excepcin, fuesen lindas y cariosas...! No prohibira ni el tango
ni el flirteo. Ponga usted aparte los atacados de altas fiebres. Los
dems tienen un padecimiento terrible: el aburrimiento. Devuelva usted
al convaleciente el placer de vivir, el amor; esto vale ms que las
partidas de _piquet_ o de malilla a pblica subasta o que la lectura de
la ltima novela salida a luz. Querra que todas las enfermeras fueran
enamoradas, criaturas lindamente adornadas y vestidas por los grandes
modistos...

SITA.--Hay tambin un msculo que se llama el gran sartorio...[3].

LA ENFERMERA.--Es usted ya demasiado sabia, seorita...! Los
infortunados que usted cuidar no tienen necesidad de su ciencia;
reclaman solamente su gracia. Amelos! Proporcione a los que sufren la
ilusin de una tierna novela! No sienta usted ninguna curiosidad
fisiolgica...! Procure curar solamente su parte moral. Hay que distraer
a estos nios grandes con pasioncillas. Cuando el pensionista se
levanta, usted, sublime comedianta, le har una reverencia. De todas
formas, lo habr salvado de la desesperacin y del tedio; habr
suscitado usted en l la voluntad de vivir, que es el auxiliar ms
eficaz del mdico. Le advierto que estos _resucitados_ son luego muy
embarazosos... No importa...! Volvieron a ser hombres, y, por
consiguiente, hay ya medios para hacerles entrar en razn. Hija ma: yo
soy en esta Casa la ltima entre las ltimas; pero tengo lo que falta a
todas estas damas: sentido comn... Le ensearn el espica del brazo y
el galeno de la cabeza...!

SITA.--Los conozco...! Son vendajes.

LA ENFERMERA.--Est usted muy enterada para su edad...! No importa...!
Lave las escudillas, desinfecte el instrumental, d vueltas a las vendas
segn est ordenado; pero no olvide usted que es mujer y que su ternura
es la que cura todos los males. Un herido que se enamora de su enfermera
adopta en seguida la resolucin de sanar; es dcil, se presta a todas
las operaciones, no recrimina y piensa, mientras se le cura: Es por
ella...! Sea usted coqueta y dulce. Sea elegante...! Perfmese...!
Es necesario...! Esto forma parte de sus deberes...!

SITA.--No es as, seora, como se me presentaban mis funciones de
enfermera...!

LA ENFERMERA.--Mal hecho...! Mire usted la decoracin en que ha de
ejercitar sus facultades: es un palacio, que abrig las fiestas ms
hermosas de antes de la guerra. Su decoracin fu pensada para gentes
dichosas. El marido parti para la guerra en los primeros das de la
movilizacin; abandon este interior, que todos los artistas haban
exornado para deleite de los ojos; la mujer quiso que este hogar fuera
el de todos los hroes que se haban sacrificado por la salud de la
patria. Se habl y se brome a costa de los que haban sacrificado su
casa. A pesar de todo, los desdichados que vivieron aqu sus horas de
sufrimiento conocieron la alegra de una acogida cordial y suntuosa. No
ponga usted su atencin en las mezquinas rivalidades de estas damas, que
no supieron concebir toda la _feminidad_ de su misin. Ya resulta
hermoso que se consagren a esto; perdneles la pobreza de sus ambiciones
si el herido ha de beneficiarse con ello.

SITA.--Sin embargo, desde que estoy aqu no vi an esa desinteresada
abnegacin, cuya grandeza ensalza usted. O a la generala glorificarse a
costa de la marquesa; o a la marquesa expresarse sin miramiento alguno
en todo lo concerniente a la generala.

LA ENFERMERA.--Simple divergencia de mtodos y de autoridades...!
Tranquilcese... Como cada una de estas damas quiere afirmar su
supremaca sobre la otra, los enfermos estn mejor cuidados.

SITA.--Es usted muy indulgente. Adivino que seremos amigas.

LA ENFERMERA.--No se haga ilusiones...!

SITA.--Quia...! Mi corazn no me engaa nunca. Usted tiene una
filosofa prctica y una visin clara de la vida. Pero querra
preguntarle algo ms...!

LA ENFERMERA.--Pregunte...!

SITA.--Hay una persona que me parece representar en este asunto el papel
de vctima; se trata de la buena condesa de los Charmes...

LA ENFERMERA.--Por qu...?

SITA.--Ella cedi su palacio, ella corre con los gastos de la empresa y,
sin embargo, nadie le hace caso. La marquesa y la generala parecen
tratarla como algo sin importancia; estas matronas se atribuyen todo el
xito de la empresa. A ellas irn a parar los honores y las cruces. Qu
le parece...?

LA ENFERMERA (_turbada_).--Me es muy difcil contestarle...

SITA.--Por qu...?

LA ENFERMERA.--Porque conozco a la condesa de los Charmes, que es mi
amiga ntima. A ella le agradara mucho saber que una persona en el
mundo se cuid de su existencia; pero le contestara a usted que no le
agrada que la compadezcan y que cumpli con su deber por nada, por el
placer que el cumplirlo le produca... Espero que volveremos a vernos,
seorita, porque le repito que me es usted muy simptica... Adis...!
El famoso profesor Moumel ha llegado y va a principiar su curso...

     _Estrecha la mano de Sita y se va._

VERA (_corriendo_).--Hala... hala... Sita...! El profesor Moumel ocupa
ya la ctedra. Como no alivie usted, no encontraremos buen sitio...!

SITA (_levantndose_).--Vamos...! Dgame...! Quin es aquella
enfermera que zarandean all, y con la que estuve hablando mucho
tiempo...?

VERA.--Aquella morenilla...? Oh...! Es la condesa de los Charmes...!
(_Desdeosa._) Valiente mujer...!




XI

CURSO DE PINTURA


_En la academia Velzquez, la seorita Lorenza White es la discpula
preferida del maestro Joaqun Pont-Dugard, miembro del Instituto y
profesor de pintura para seoras. Esta joven es inverosmilmente rubia,
con entonacin de oro plido; es delgada de aspecto, pero muy robusta.
Una cabeza de_ madonna _prerrafaelista, con ojos de un azul verdoso, muy
inquietante; habla el francs con un acento ingls apenas perceptible.
Llega la primera a clase y se instala ante su lienzo. El modelo est ya
all: es un mozo fornido, completamente desnudo; pero que lleva, por
decencia, unos minsculos calzoncillos rojizos._

EL MODELO.--Seorita White...! Llega usted antes de la hora...

LORENZA.--Pienso darme una buena sesin de trabajo. Quiero acabar mi
estudio.

EL MODELO.--Si usted lo desea, adoptar la _pose_.

LORENZA.--No! Espere a las dems seoritas. Se molestaran si se
empezara sin ellas.

EL MODELO.--Oh! No tienen prisa...! Con tal de que las vean en el
Metro con la caja de colores ya estn contentas...! (_Desdeoso._)
Esto es jugar a ser artistas..., esto es gana de perder el tiempo. Entre
todas ellas, usted es la nica formal.

LORENZA (_ufana_).--Es usted muy amable, Cornu...! Yo quiero llegar...

EL MODELO.--Usted llegar...! Posee la obstinacin, que es una cualidad
muy hermosa. Adems, tiene usted dinero. Y esto ayuda siempre...!

LORENZA.--Quin le ha dicho que tengo dinero...?

EL MODELO.--He odo que el patrn deca al seor Joaqun Pont-Dugard:
Querido maestro: atienda mucho a la seorita White. Es la hija de
White-Petrole. Conviene que obtenga este ao una mencin en los Artistas
franceses. Y Joaqun le respondi: No se preocupe usted...! La
tendr...! Y agreg: Es muy rica, verdad? A lo cual le contest el
patrn: Ya lo creo! Es ms rica que Berta Morizot...!

LORENZA.--Caramba! Qu bien enterados estn estos seores...!

EL MODELO.--Bah! Son unos vivos que saben lo que se traen entre manos.
Usted lleva aqu poco tiempo. Aguarde algo ms y le tendern la red de
la leccin particular.

LORENZA.--Qu leccin...?

EL MODELO.--Ver usted...! El buen Joaqun es presidente del Jurado en
el saln de Artistas. Le aconsejar que acuda a la Exposicin; usted ir
a trabajar a su casa, a razn de cien francos diarios; mediante lo cual
l le retocar el pandero.

LORENZA.--El pandero...?

EL MODELO.--Quiero decir el cuadro...! En el ao prximo, si desea
usted una medalla, tendr que encargar su retrato al maestro; esto slo
cuesta veinte mil francos. Pero os pintar de pie delante del caballete.
Ha hecho ya unos veinte del mismo modo. As logr tener su hotelito en
Auteuil. Y pensar que Monticelli venda sus cuadros a diez francos cada
uno en las terrazas de los cafs de Marsella...! Qu lstima...!

LORENZA.--S...! Da grima...! Sin embargo, yo tengo la intencin de
imponerme como artista. Y la seorita Cassatt, que era rica, trabaj
como si fuera pobre. Pongamos mano a la obra...!

EL MODELO (_subindose a la mesa_).--Muy bien, seorita White! Y no se
deje usted engatusar por estos tos sinvergenzas! (_Adopta la_ pose _y
se apoya noblemente en el mango de una escoba_.) Estoy bien?

LORENZA.--S!

     _Trabaja con encarnizamiento; poco a poco van llegando las dems
     seoritas con sus cajas de colores. Llega la seorita Elsa Metra,
     apodada Espermosle!, muchacha desabrida y bastante clortica.
     Luego llega la seorita Ins Perre, hija nica de la Casa Perre,
     de pastas al por mayor; es una morenita muy inquieta, ms bonita
     que fea. Viene despus la seorita Raquel Caen-Duseigneur, hija del
     famoso anticuario--una Juno--; la seorita Teresa Kiry, elegaca y
     pensativa, y, por ltimo, la morralla de las discpulas, Juana
     Aymar, Julieta Capulet, las hermanas Agata y Sofa Fruche, etc. La
     sala se llena pronto de piar de pajarillos y de risas aflautadas.
     La seorita White es la nica que trabaja._

ELSA.--Naturalmente...! Lorenza est ya acabando...!

INS.--Lo hubiera apostado...! Tiene horas suplementarias...!

RAQUEL.--Ella nos da el ejemplo. Buenos das, White...!

LORENZA (_corts_).--Muy buenos, amigas mas...! A ver si me dejis en
paz...! Estoy a punto de sorprender el secreto del modelado fino.

TERESA.--Te divierte pintar as?

LORENZA.--Mucho...! No hago mas que pensar en el modelo desde por la
maana hasta la noche!

INS.--Qu te parece, Cornu...? Vaya satisfaccin para ti...!

RAQUEL.--Me siento holgazana, hijas mas...! (_Se despereza._)

JULIETA.--Estuviste tambin de juerguecita...?

RAQUEL.--Estuve bailando con los norteamericanos hasta las dos de la
madrugada...! No s dnde tengo las piernas... Y este endiablado
estudio apenas est empezado...!

ELSA.--A m me da miedo pensar que tengo que cubrir de color este
lienzo...! Lo nico que me interesa de todo esto son los calzoncillos,
porque es lo ms fcil de hacer. Lo dems tiene muchos msculos.
Prefiero las mujeres, porque tienen menos msculos.

JUANA.--Pues yo prefiero los hombres; cuando se ha dado con el quid de
los msculos todo marcha como una seda.

GATA (_a Juana_).--Quin te ha hecho este vestido, chica...? Armal y
Martian...?

JUANA.--No! Tengo una modistilla que trabaja muy bien y que me copia
los modelos de las Casas ms importantes. Dentro de un rato ir a verla,
para que me pruebe unas cosillas, y te llevar conmigo. Atiza...! No
est all Luciana...?

RAQUEL.--No... Ya no vendr...! Est prometida, y su maridito no quiere
que en lo sucesivo vea a ningn hombre desnudo.

SOFA.--Bah! Despus de todo, no tena ni pizca de talento. Con quin
se casa...?

RAQUEL.--Con un pintor llamado Geden Lourmail; un seor que expone en
los Independientes mujeres azules y hombres verdes...

TODAS (_indignadas_).--Oh!

TERESA.--Por nada del mundo querra casarme con un artista. Busco un
mdico.

ELSA.--Ay! Qu mal haces...! Los mdicos son muy pillastres...!

TERESA.--Tomar mis precauciones; tengo una amiga que se cas con un
gran gineclogo. Le prohibe que ausculte a las clientes ni siquiera la
piel, y asiste a todas las consultas escondida detrs de un tapiz que
representa a Alejandro victorioso. Cada vez que su marido va ms all de
lo conveniente, Alejandro se agita.

JUANA (_dndose polvos_).--Dios mo! Qu estpido ser celosa...!
Verdad, Raquel...?

RAQUEL.--Ms estpido todava es casarse. A menos que se presente una
buena proporcin...!

TERESA.--El maestro Joaqun, por ejemplo...!

RAQUEL.--Qu quieres decir con eso...?

TERESA.--Nada! Oh! Nada...! Haba corrido el rumor de tus esponsales
con l...!

RAQUEL.--Es una calumnia infame...! El seor Pont-Dugard me ha
cortejado, como lo ha hecho con todas... As lo exige su profesin...!
Pero t sabes de sobra que no est libre... Tiene un compromiso...

GATA.--Bah! Quin es...?

INS.--Una princesa italiana que fu raptada por l. Lo sabe todo el
mundo...! Se trata de una patricia muy bella que lo aliment cuando l
estaba en la miseria.

GATA.--Ay! Ests demoliendo a mi dolo...!

INS.--Por qu...? Todos los grandes hombres fueron lanzados por
mujeres... La princesa Lappioni se ha consagrado a la gloria de nuestro
querido maestro; vive en un hotel inmediato al suyo, y hay en l una
puerta de comunicacin con una escalerilla secreta...

TERESA.--La escalera de sus vicios.

JULIETA (_corriendo_).--Hala..., hala...! A trabajar...! Acaba de
llegar Joaqun...!

     _Todas estas seoritas vuelan hacia sus caballetes: se han puesto
     las blusas y aparentan absorberse en su arte. Joaqun entra; es un
     hombre de cincuenta aos, extremadamente_ chic _y muy atildado.
     Tiene manos de prelado, rostro banal de artista mundano, hermosos
     ojos negros, nariz aguilea, bigotes finos y barba en punta,
     demasiado negra. Luce una severa levita con la gran roseta de
     comendador. El que la crtica ha llamado El maestro de la rosa
     afecta una gran nobleza de actitudes. Cuando habla, sintese uno
     conquistado al instante. Tan dulce y cantarina es su voz...! A la
     entrada del gran jefe todas las discpulas abandonan su tarea y
     permanecen de pie._

JOAQUN.--Dispnsenme ustedes, seoritas, que me haya retrasado; pero me
han entretenido en el Elseo, donde yo desayunaba con la delegacin del
Instituto.

RAQUEL.--Maestro: no me he acordado de decir a mis compaeras que
reciba usted esta maana, de manos del presidente, la corbata de
comendador.

     _Viva emocin._

JOAQUN (_modesto_).--No concedamos a estos vagos honores sino la poca
importancia que merecen. Slo el Arte debe ser objeto de nuestras
ambiciones, seoritas...! El es el que da una significacin, un valor a
la existencia...! Trabajemos sin descanso, seoritas...! El trabajo nos
proporciona alegras puras, junto a las cuales la riqueza y las
condecoraciones no son mas que frusleras.

EL MODELO (_entre dientes_).--Farsante...!

JOAQUN.--Y ahora voy a ver sus estudios! (_Todas tornan a su tarea.
Joaqun principia por el lienzo de Raquel._) Delicioso...! Ah!
Delicioso...! Todava un poco compendioso, pero vigorosamente
indicado...! Acuse el contorno...! El dibujo es la probidad del
Arte, dijo Ingres... Caramba...! Usa usted un perfume exquisito...!

RAQUEL.--Es Ola en el alma, de la Casa Liedon.

JOAQUN.--Adoro los perfumes, porque viven con vida propia; se
identifican con las mujeres y traducen su secreto pensamiento. Un
perfume es una confesin!

RAQUEL (_enrojeciendo_).--Maestro...!

JOAQUN (_satisfecho de su conquista_).--Contine, hija ma,
contine...! Su estudio se presenta bien! (_Pasa a la vecina, a Ins,
que ha pintarrajeado una imagen informe, una composicin para
salvajes._) No se moleste, seorita... (_Estudiando su lienzo._)
Delicioso! Oh! Deliciossimo...! Y muy personal...! Sacrifica usted
a los falsos dioses de la nueva escuela!

INS (_convencida_).--Resulta feo, verdad?

JOAQUN (_protestando_).--Yo no he dicho eso...! Est lleno de
promesas...! Pero precise ms el dibujo... Acuse los contornos...! D
relieve a los msculos...! Haga carne que sea sonrosada...! Aficinese
al color de rosa, que es el color de la alegra... Tiene usted un bonito
grin... Es de encaje, verdad...?

INS (_conmovida_).--S, mi querido maestro.

JOAQUN.--Ah, los encajes...! Qu poemas de paciencia y de
reflexin...! Se piensa en las mujeres que gastaron aos enteros en
producir estas maravillas, ornato de la belleza de usted... Le sienta
estupendamente...!

INS.--Es usted demasiado bueno, maestro...!

JOAQUN (_cogiendo un pincel_).--Con su permiso...! Voy a disminuir
este muslo... Qu buenos muslos tiene este mozo...! Ajaj...! Para
darle carcter, dibuja usted el esternocleidomastoideo... Qu soberbio
msculo...! Trabaje, hija ma. Va usted por buen camino...! (_Se acerca
a otra discpula, a Julieta._) Delicioso...! Oh! Completamente
delicioso...! Hace usted progresos... Pero no acusa bastante el
contorno...! No caiga usted en la tentacin de pintar el fondo con las
raspaduras de la paleta... Enternzcase sobre la carne...! No ve usted
bastante el tono rosado...! _Etc., etc..._

     _De esta manera, el maestro ha dado la vuelta al estudio
     rectificando los lienzos de todas las seoritas y repartindoles
     cumplidos, como se ofrecen bombones a los nios de las escuelas
     primarias. Todas estn encantadas._

JOAQUN (_llega al lado de Lorenza_).--Seorita White...! Mi discpula
preferida...!

LORENZA (_muy tranquila_).--Maestro...! Reciba usted mis saludos...!

JOAQUN (_mirando el estudio_).--Delicioso! Oh...! Qu delicioso...!
Ha hecho usted progresos considerables...!

LORENZA (_fra_).--Pero no acuso bastante los contornos, verdad?

JOAQUN (_turbado_).--En efecto...!

LORENZA.--Ni acuso bastante los msculos...! Ay! Conozco mis
defectos...!

JOAQUN (_recobrndose_).--No! Al revs! Tiene usted tendencia a
acusarlos...! Esta no es pintura de mujer...! Hay que atenuar un poco
ms...!

LORENZA (_asombrada_).--Ah! Yo crea que haba que abordar
abiertamente el desnudo...!

JOAQUN.--Endulce usted su temperamento, porque de lo contrario caer en
el impresionismo.

LORENZA.--Es un crimen?

JOAQUN.--Por lo menos, es una torpeza...! Se lo advierto: tiene usted
muy buenas condiciones... Hasta le permitir que acuda este ao a la
Exposicin del Saln.

LORENZA.--Cree usted, maestro, que estoy bastante segura de m misma?

JOAQUN.--Yo estoy seguro de usted y le garantizo que ser admitida.
Tengo un asunto para usted: un lavadero con unas aldeanas, desnudas
hasta la cintura, golpeando la ropa.

LORENZA (_amargamente_).--Qu novedad...!

JOAQUN.--Es un asunto eterno. Vendr usted a hacer esto a mi casa.
Maana me traer el esbozo. Se lo figura usted as...? Carnes rosadas
al aire libre; vestidos rosados; alrededor, matorrales rosados, y
encima, la luz rosada del crepsculo.

LORENZA.--Yo he visto lavanderas en Bretaa; eran viejas, sucias, feas y
esplndidas; lavaban en pleno sol y estaban amarillas y terrosas.
Componan un horrible poema de miseria y de espanto.

JOAQUN.--Seorita: es preciso que el pintor magnifique la Naturaleza y
la haga agradable. Esta es nuestra razn de ser...! (_Mirndola._)
Est usted muy linda, seorita White...! Me gustara hacer su
retrato...!

LORENZA.--Qu honor para m, maestro...!

JOAQUN.--Querra dejar una imagen inmortal de usted... Mire...! La
pintara tal como est ahora... delante de su principiado lienzo...!

LORENZA (_burlona_).--Esto no se ha hecho nunca!

JOAQUN (_ingenuo_).--Verdad que no...? Qu buena idea...! Dgaselo a
su padre, y si tengo algunos das libres, siento que, inspirado por su
radiante belleza, har uno de mis ms hermosos retratos. Y tampoco
resultara mal que los dos expusiramos juntos nuestros cuadros... La
crtica hablara de ellos y yo alcanzara en seguida una mencin para
usted.

LORENZA.--Me colma usted de favores...!

JOAQUN.--Me siento atrado hacia usted por una simpata de artista.
Quiero revelrselo a usted misma. Venga a mi casa despus de clase.
Charlaremos de todo esto...! (_Levantndose._) A los pies de ustedes,
seoritas...!

     _Echa a andar, coge su sombrero y se retira, siempre digno y
     solemne. El trabajo prosigue. De sbito entra Lafripe, una especie
     de bohemio sin edad, hirsuto, canoso y con la ropa llena de
     manchas._

LAFRIPE.--Ustedes dispensen, seoritas! (_Todas se vuelven._) No ha
venido todava el maestro?

RAQUEL (_secamente_).--Acaba de marcharse, caballero.

LAFRIPE.--Maldita sea...! Buena la he hecho! Me va a echar una
bronca...!

LORENZA.--Qu desea usted decirle? Voy a verlo dentro de un rato.

LAFRIPE.--Yo soy quien le pone sus esbozos en cuadrcula. Hay que
vivir...! Me haba citado aqu; pero me he entretenido jugando a la
malilla... Hola, Cornu...!

LORENZA.--Si puedo servirle en algo...!

LAFRIPE.--Es usted muy atenta, seorita...! Acepto su ofrecimiento; le
dir usted que estuve a ver a una vieja parienta enferma y que me
retras por eso. El no creer una sola palabra; pero, por tratarse de
usted, aparentar creerla...

LORENZA.--Piensa usted que tengo tanto crdito para con l...?

LAFRIPE.--Claro...! Usted es su discpula predilecta. (_Acercndose._)
Caramba! No est mal del todo este dibujo...!

LORENZA (_encantada_).--De veras?

LAFRIPE.--En serio. Se nota todava en l cierta inexperiencia, pero no
carece de solidez... Adems, es de pintor. Tiene usted buenas
cualidades... Qu lstima...!

LORENZA.--Por qu qu lstima...!?

LAFRIPE.--Porque lo perder todo. Es usted robusta y violenta? Pues
Joaqun la sumergir en sus tonos rosados. Dibuja usted con el pincel
como los verdaderos, como los puros...? Pues l le har acusar el
contorno. Ama usted su arte? Pues l la obligar a caer en el oficio:
las Lavanderas almibaradas y las Pastoras de confitera. Y, para
concluir, el retrato a la inglesa: la dama tocada con un amplio
sombrero, al pie de un olmo y con flores en las manos... Ah! Buen
pintamonas est el tal Joaqun...! Cuntos talentos hizo abortar...!
Qu viejo tan miserable...! Usted... usted misma tiene entusiasmo e
impetuosidad... El color fluye de sus dedos... Y qu est usted
buscando en esa caja...?

LORENZA.--Procuro aprender la tcnica.

LAFRIPE.--Est buena la tcnica de Joaqun...! Vyase usted a su casa;
pinte tres manzanas en una compotera, o el carrete de su portera.
Trabaje desde la maana a la noche; dibuje y malgaste el color; pero
hgalo, sobre todo, sin maestro. Entrguese usted en cuerpo y alma a su
labor; reviente de exaltacin, de duda, de despecho, y no pida consejos
a nadie. Antes de nada huya de esta escuela como de la peste. Y de aqu
a diez aos tal vez sea usted una gran pintora.

LORENZA.--Seguir sus indicaciones, caballero. Sin embargo, yo no puedo
trabajar sola. Podra usted darme lecciones...? Se las pagara bien.

LAFRIPE (_fro_).--Muchas gracias...! Soy un fracasado...! Retoco los
lienzos del patrn, juego a la malilla y bebo _bocks_ mientras describo
los cuadros que no har nunca. Y me conformo con esto...! Que usted lo
pase bien, seorita...! (_Se marcha, vehemente y sucio._)




XII

CURSO DE MORAL


_El sargento Cirilo Bauquet llega a Pars; su primer cuidado es visitar
a la seora Leonie Marchesse, una persona muy amable, que lo eligi como
ahijado y que durante cuatro aos de guerra lo colm de regalos y de
golosinas y le escribi cartas deliciosas, muy bien compuestas, a las
cuales respondi l con pginas muy elocuentes; durante la lucha le
describa los duros combates, y despus del armisticio le hizo la
crnica de la ocupacin. Leonie le contestaba dicindole todo lo que
pasaba en la capital, la descripcin de las fiestas de la victoria, el
relato de una sesin parlamentaria a la que haba asistido, etc., etc.
Cirilo sac la conclusin de que la seora Leonie desempeaba el cargo
de ama de gobierno en casa de la seora baronesa de Boel, en la calle de
Richelieu. El sargento Bauquet es un joven de fisonoma agradable. Luce
sobre el pecho una coleccin de gloriosas insignias: la placa de piloto
aviador, a la derecha; la cinta de la cruz de guerra, la de la medalla
militar, la de los heridos, la condecoracin norteamericana, etc.;
lleva, por ltimo, la forrajera roja. Llega al nmero 206 de la calle
de Richelieu: es una casa que parece habitada por comerciantes; pregunta
al portero: Hace el favor de decirme dnde vive la seora baronesa de
Boel? El portero le mira de un modo extrao: En el primero, pasado el
entresuelo; hay una placa. En efecto; en el primero de la derecha, una
puerta se adorna con una gran placa de cobre, cubierta en sus cuatro
picos de arabescos multicolores; en el centro se lee esta sola palabra_:
Boel. _Por lo visto, la baronesa se dedica al comercio. Cirilo llama;
repique lejano. Una criadita, con cara de parisiense, abre._

CIRILO.--Vive aqu la seora baronesa de Boel?

LA SIRVIENTA.--S, seor.

CIRILO.--Podra hablar con la seorita Leonie Marchesse? (_Le entrega
su tarjeta._)

LA SIRVIENTA.--No s si estar levantada ya.

CIRILO (_asombrado_).--A las tres de la tarde?

LA SIRVIENTA.--Las damas estas se acostaron muy tarde. De todas maneras,
pasar a ver... Quiere esperar el seor en el saln?

     _La sirvienta introduce a Cirilo en una amplia estancia, parecida a
     un saln de mdico; ni siquiera falta en ella la obligatoria mesa
     de incrustaciones. Moblaje estrafalario, comprado pieza por pieza
     en el Hotel de Ventas. Es de una impersonalidad burguesa, que no
     permite adivinar el estado civil de la seora Boel ni el gnero de
     comercio a que se dedica. Debe de ser una mujer de negocios, una
     dama picapleitos. Al cabo de un cuarto de hora aparece la seora
     Leonie Marchesse. Es una mujer alta, de hermosa presencia y de
     agradable fisonoma, con unos admirables ojos, de un encanto muy
     sugestivo; luce un vestido negro muy sencillo, pero muy elegante;
     alarga a Cirilo una mano bien cuidada._

LEONIE.--Dispense, mi querido ahijado, que le haya hecho esperar...!
Estaba acabando de arreglarme... Por qu no me anunci usted su llegada
en la ltima carta...? Habra ido a aguardarle a la estacin...!

CIRILO.--Ha sido un viaje imprevisto. Vengo para preparar mi
desmovilizacin.

LEONIE.--Oh! Es una lstima...! Le sentaba tan bien el uniforme...!

CIRILO.--Bastante lo llev ya...!

LEONIE.--No quiere usted hacer carrera en el ejrcito...? Me parece
mal...! Un hombre joven y bien formado, como usted, tiene un hermoso
porvenir en la carrera militar. Pero sintese usted...!

CIRILO.--Muchas gracias...! Temera molestarla...!

LEONIE.--Oh! No tengo nada que hacer hasta las ocho. Si usted quiere,
saldremos juntos a recorrer Pars.

CIRILO.--Prefiero permanecer al lado de mi querida madrina, que ha sido
tan buena para m y a la que yo deseaba tanto conocer. Sus cartas me
sostuvieron durante las horas penosas. Tengo que felicitarla. Escribe
usted como madame Sevign...!

LEONIE (_orgulloso_).--Oh! Tengo mis ttulos acadmicos, aunque maldito
si me sirven de algo.

CIRILO.--Una mujer no debe sentir nunca ser instruida, cuando es bonita.

LEONIE.--Indudablemente...! Pero es preferible que sea bonita...!

LA SIRVIENTA (_entrando sin llamar_).--Leo..! La seora pregunta si
podrs salir de paseo a las seis.

LEONIE.--Bah! Ya ves que tengo aqu a mi ahijado...! Que mande a
Carmen, o a Irma.

LA SIRVIENTA.--Es que el general quiere que seas t...!

LEONIE.--Pues contstale que he salido y djanos en paz...!

     _Este breve coloquio sume a Cirilo en una estupefaccin inquieta.
     La sirvienta sale._

CIRILO.--Tiene usted mucho trabajo?

LEONIE.--Ahora hay algo menos que hacer, a causa de la marcha de los
norteamericanos. Dentro de poco no nos quedar mas que la clientela
ordinaria...

CIRILO.--Ah...! Se dedica usted a los negocios?

LEONIE.--A qu negocios...?

CIRILO.--Yo crea... Acabo de ver en la puerta una placa comercial...

LEONIE (_retorcindose de risa_).--Ah...! Es verdad...! No te dije lo
que haca...!

CIRILO (_asombrado por este tuteo repentino_).--En efecto...! Y tem
ser indiscreto si le peda algunos detalles...!

LEONIE.--Y como t no me los pedas, yo no te los di. Adems, me
disgustaba que supieras lo que haca... Qu habras pensado de tu
madrina si sta te hubiera escrito: Estoy empleada en casa de la seora
Boel, una amable mujer que recibe desde las ocho de la noche hasta las
tres de la madrugada a los caballeros que buscan un alma hermana
metidita en carnes...? Habras dicho para tus adentros: Es una
perdida...! Y no me hubieras contestado ms. Esto me habra
apesadumbrado, porque te llegu a tomar cario. Aqu, en la casa, mis
compaeras me gastaban bromas: Ya est Leo escribiendo a su galn...!
No le hablis...! Es sagrado...! Y tenan razn! Te escriba todas
las noches, despus del yantar, y si me hubiesen molestado, me habra
vuelto loca de rabia...

CIRILO (_turbado_).--No tengo por qu censurarla, seora. Por el
contrario, le debo un gran reconocimiento. Esperaba sus cartas todas las
maanas con una impaciencia de la que no puede usted tener idea. Eran
tan compasivas y tan conmovidas...! Se las lea a mis compaeros de
trinchera y luego a mis camaradas de ocupacin en Maguncia. Todo el
mundo me envidiaba; los amigos que partan con permiso me pedan la
direccin de usted con el pretexto de traerle noticias mas. Y yo no
quera drselas...!

LEONIE.--Tenas celos?

CIRILO.--No...! Pero los soldados que pasaron en las primeras lneas
los meses ms rudos conservaron la rudeza de su precaria existencia. No
saben hablar a las mujeres, y alguno hubiera podido agraviarla...

LEONIE.--Bah! Figrate t...! Precisamente en mi oficio...!

CIRILO.--Desconoca su oficio, como usted dice. Supona que usted era el
ama de gobierno de una seora anciana... su lectora...

LEONIE (_soadora_).--Por esto y nada ms que por esto hubiera querido
esperarte en la estacin y llevarte conmigo por ah. Te avergenzas de
m...?

CIRILO (_sincero_).--Oh! No tengo derecho a juzgarla. Ya ve usted...!
Yo no haba pensado siquiera en buscar madrina...

LEONIE (_asombrada_).--Es posible...? Entonces el anuncio de la _Vida
Parisiense_...

CIRILO.--Era una broma que mis compaeros me haban gastado sin que yo
lo supiera. Cuando usted me escribi, su carta me pareci tan bonita,
que contest. De esta manera comenz nuestra correspondencia. Yo la
estimul; adverta en usted una criatura delicada y maltratada por la
vida. Nos comprendimos.

LEONIE.--Oh! Te aseguro que te haba comprendido...! Eras tan atento
y tan dulce...! Cuando tena algn pesar, me consolabas con las palabras
necesarias. Ser una estupidez, pero llegu a enamorarme de ti... No te
disgusta que te lo confiese...?

CIRILO (_confuso_).--Sin duda est usted de buen humor...!

LEONIE.--Hablo muy en serio...! T no eres como los dems; t tienes
carcter. Cuando una persona es un grosero, no escribe cosas tan bellas.
Por esta causa, yo haba trazado mis proyectos para el porvenir: En
cuanto vuelva, saldr a su encuentro. Nos juntaremos; nos iremos a
provincias, a su lindo pas de Gascogne, donde estar bien escondida. Me
encargar del cuidado de su casa. Le ayudar; ser su abnegada
compaera, su esclava, y le amar tanto que acabar por ser dichoso...
Todas las noches me dorma pensando en ti y rezaba tambin por ti...
Porque sabrs que tengo sentimientos religiosos...!

CIRILO (_conmovido_).--De manera que pensaba usted en m de este
modo...?

LEONIE.--S...! No lo tomes a broma. Estoy segura de haberte preservado
de algunos peligros.

CIRILO.--Qu extrao...!

LEONIE.--Ah...! Comprendido...! Eres como todos los compaeros... No
tienes fe...!

CIRILO.--Al contrario...! Tengo mucha...!

LEONIE (_interrumpindole_).--Ms vale as...! Te aseguro que no
miento...! Es intil decirte que no he sido muy feliz. Estaba de maestra
de instruccin primaria en un pueblecillo del centro. Conoc al hijo del
alcalde. Tena que suceder as! En un pueblecillo de provincias se
aburre una. Pasa un buen mozo, bien puesto, que se dedica a
perseguirnos. Y se acaba por ceder...! Luego, el seductor os deja
plantada con dos nios que se parieron en secreto y que se confiaron a
una nodriza... Entonces ya no se sabe a qu santo encomendarse... No
basta el sueldo... Y hay que hacerse prostituta, aunque no se tengan
ganas de ello...

CIRILO (_cogindole las manos_).--Pobrecita ma...!

LEONIE.--Afortunadamente, di con la seora Boel, que se port muy bien
conmigo. A esta casa vienen solamente personas distinguidas, que no
tienen maneras brutales y que pagan convenientemente. Qu diantre...!
Son como parroquianos...! La casa est habitada por familias burguesas.
Ninguno de los inquilinos sospecha que haya aqu una casa de citas.
Jams se da un escndalo; las mujeres no se extralimitan en nada; nunca
hemos tenido disgustos con la Polica. Pero me estoy charla que charla y
no me acuerdo de que hablemos de ti.

CIRILO.--Bah! Yo no soy interesante...!

LEONIE.--Por qu...? Vas a ser desmovilizado y debes preocuparte del
porvenir...

CIRILO.--Volver en seguida a mi antigua profesin...

LEONIE.--Tan joven y ya tienes una profesin...!

CIRILO.--S...!

LEONIE.--Y a qu te dedicabas cuando eras paisano...? Nada... nada...!
Tienes que contestarme...! Yo te he referido toda mi vida y t debes
ser tambin franco conmigo... De lo contrario, me imaginar que tienes
un oficio del que te avergenzas...

CIRILO (_confuso_).--No es sta precisamente la razn que me impide
confesrselo a usted...

LEONIE.--A pesar de mi profesin, yo, hijo mo, soy una buena
muchacha... Es que no tienes confianza con tu madrina...!

CIRILO (_vacilante_).--Va usted a tomar a mal que no se lo haya avisado
antes...! He sido un cobarde. Yo pens: Si me descubro, no me
escribir con tanta franqueza...! Adems, hubiera usted dejado de
enviarme las golosinas y los obsequios, que yo reparta entre mis
compaeros. Fu muy culpable y ahora sufro el castigo de mi
disimulo...!

LEONIE (_impaciente_).--Acabars por desesperarme! Qu ocultas en tu
existencia...? Acuas moneda falsa...? Te dedicas a la trata de
blancas...? Eres diputado...? Contstame...!

CIRILO.--Soy cura...!

LEONIE (_estupefacta_).--Eh...? Que t... que usted es sacerdote...?

CIRILO.--Antes de la guerra estaba de cura ecnomo en
Saint-Sacernien-Haute-Garonne. Sent plaza para mientras durase la
guerra, como mis compaeros. Veinticuatro meses disfrazado! Luego me
hirieron en Bouchavesnes; despus entr en aviacin. Y aqu estoy...!
No me guarde usted rencor por esta tarda confesin, puesto que usted
misma la ha provocado. Yo hubiera querido salir de esta casa dejando a
usted ignorante de mi condicin. La veo consternada y pronta a llorar...

LEONIE.--No me faltan motivos para ello... Ahora va usted a
detestarme...

CIRILO.--Soy tan amigo de usted como antes. En cualquier tiempo, nuestra
misin fu toda de indulgencia. Pero la guerra ha venido a confirmarla;
cuando se vi lo que yo he visto, sintese uno incapaz de severidad, si
no es para consigo mismo. Aunque hubiera sabido quin era usted, no
habra dejado de venir.

LEONIE.--Es usted demasiado bueno, caballero...! Me consuela lo mejor
que puede. Si yo lo hubiera sabido, jams me hubiera atrevido a
escribirle...

CIRILO.--Lo importante para la nobleza de nuestros actos es la
intencin, no la persona. Yo he conservado sus queridas cartas y las
releer cuando dude de la bondad de los humanos. No me avergenza la
ternura que contienen; usted ha puesto en ellas lo mejor de su corazn.
Y si no ve usted inconveniente en ello, le ruego que contine esta
correspondencia.

LEONIE.--Cmo...! Ya, en lo sucesivo, es imposible...!

CIRILO (_sonriente_).--Por qu no se atrever usted a dirigirse a un
ministro de la religin, mientras que, en cambio, charlaba libremente
con el peludo Bauquet? Pues es una tontera, mi querida amiga...!
All lejos, como ayer, cumplir con mi obligacin y necesitar de
alguien que me d nimos. Adems, qu sera de usted si no tuviera ya
la ayuda moral que mis pobres cartas le proporcionaban...?

LEONIE.--Yo pensaba escribir a un hombre, caballero...! Me haba
forjado ciertas ideas...

CIRILO (_sonriente_).--Acaso el sacerdote no es un hombre...? Ninguno,
entre mis hermanos, se atrevera a censurarme en este instante. Tengo
una deuda de agradecimiento para con usted, y quiero saldarla. Pude
apreciarla en todo su valor, mi querida amiga; un alma como la suya no
est completamente perdida. Usted puede redimirse de sus faltas, si hay
falta en ello.

LEONIE (_vaga_).--Cierto...! Pero ya no me las pagarn...!

CIRILO.--Usted puede ganarse la vida en otro oficio ms... cmo
decirlo...? ms catalogado... Es usted inteligente e instruda; le
recuerdo sus propias palabras: usted pensaba convertirse en la esposa de
un desmovilizado...

LEONIE.--En la suya...!

CIRILO.--Yo le encontrar una colocacin decente lejos de Pars. All,
si usted lo desea, podr aislarse del pasado y olvidar lo que ha
sufrido. Se convertir de nuevo en un ser libre.

LEONIE.--Todo eso es muy bonito, pero irrealizable. Si usted hubiera
sido un ahijado como todos los dems, hubiramos podido entendernos.
Usted hubiese encontrado en m una criada sumisa y pronta a embellecerle
todos los minutos de la vida. Hay que renunciar a ello; vuelvo a caer en
mi miseria...

CIRILO.--Por qu no intenta usted siquiera un esfuerzo...?

LEONIE.--Le repito que no resulta prctico. Ejerzo una profesin que no
es de las ms regocijadas; hay en ella momentos desagradables... Pero
no sirvo mas que para esto...! La costumbre nos hace indiferentes a
todas las nuseas... Sea como fuere, tengo el pan seguro para m y para
mis hijos. Usted me ha ofrecido buenos consejos, que, por desgracia,
llegaron un poco tarde.

CIRILO.--Nunca es demasiado tarde...! La Magdalena... Santa Mara
Egipcaca...

LEONIE.--Siempre mencionan a stas...! Son el orgullo de la
corporacin. Tuvieron suerte, y nada ms. En nuestro oficio, para ser
perdonadas, hay que hacer antes fortuna. Despus se compra un castillo y
se vuelve una decente.

CIRILO.--Usted ley eso en las novelas...!

LEONIE.--De ningn modo...! Conozco a seoras respetables que
principiaron como yo, pero que supieron administrarse y ahorraron
dinero. Se casaron y entraron en el buen camino.

CIRILO.--No pierdo la esperanza de hacer que usted entre tambin en l;
pero por medios ms sencillos. (_Levantndose._) Ea! Ya es tarde y
tengo que hacer un montn de cosas... Mi querida madrina: cuando no
lleve este uniforme me ser muy difcil visitarla. Adems, abandonar
raras veces mi puesto. Promtame que me escribir, que me permitir
continuar por carta la obra de su rehabilitacin...

LEONIE (_triste_).--Se lo prometo, caballero...! No me servir de
mucho... En fin, podemos probar a ver... Lo acompaar hasta la
puerta...

     _Leonie lleva a Cirilo hasta el recibimiento; apenas cerrada la
     puerta, aparece la sirvienta._

LEONIE.--Qu quieres...?

LA SIRVIENTA.--Es lo de siempre... El general, que est colgado del
telfono... Pregunta por cuarta vez si volviste a casa... El pobrecito
pierde la paciencia. Qu se contesta...?

LEONIE.--Que ya voy...! Maldito rufin...!

LA SIRVIENTA.--Se march tu ahijado...? Y sin tomar nada...?

LEONIE.--No! Figrate...! Es una aventura extraordinaria! Conoces la
historia de _Thais_?

LA SIRVIENTA.--He ledo algo de eso...! No es un cura de antao, que
va a casa de una muchacha alegre para convertirla...?

LEONIE.--Justo...! Pues bien, amiga ma; acaba de sucederme lo mismo...

LA SIRVIENTA.--Entonces... te metes en un convento...?

LEONIE.--Por ahora no! Voy a ver al general... A escape...! Mi
sombrero...!




XIII

CURSO DE AMOR


_La seorita Dora Lazique est prometida; debe casarse con el hijo de la
firma Lardant-Edward (coches automviles). Ama mucho a su prximo
compaero de existencia. Agreguemos que carece de fortuna y que, por
consiguiente, su matrimonio es un matrimonio de amor. Reconcese un
matrimonio de amor en que el novio aporta la fortuna y adopta el rgimen
de la comunidad: a esto se reduce el herosmo del paladn moderno; puede
arrepentirse de su gallarda ms tarde, a la hora del divorcio. La
seorita Dora acaba de saber por un annimo que su prometido conserva un
hilo atado a la pata; es decir, que este joven no ha liquidado su
pasado. En esto, lo mismo que en otras debilidades, parcese a muchos
jovencillos del Tercer Estado, que no tienen valor para romper y
conservan a sus queridas hasta ms all del matrimonio; de suerte que el
adulterio es concomitante de los esponsales, y contina despus de los
primeros meses del enlace. Habra que formular cosas definitivas
referentes a este problema, pero no tenemos tiempo. Ahora bien; la
seorita Dora, al recibir el annimo, no se ha espantado ni ha
intentado torturar a su prometido exigindole que se lo confiese todo.
Ha reledo la carta sin firma: Su prometido tiene una querida, que vive
en la calle Molitor, nmero 26, y que se gana la vida dando lecciones de
arte industrial; se llama Julia Duval. Trtase de una buena muchacha,
vctima de un impostor. Si usted tuviese vergenza...; etc. Dora piensa
que la vergenza parece el nombre de una piel; no ha perdido la
serenidad un solo instante; decide presentarse en la calle Molitor y ver
a la seorita que fu la buena amiga de su futuro. Parte, pues,
acompaada de su aya, a la que pone de centinela delante del 26 de la
calle Molitor. Luego sube a casa de la seorita Duval, que vive en un
sexto piso; llama, y sale a abrirle una seora anciana._

DORA.--La seorita Duval...?

LA SEORA.--Aqu es...! Viene usted a propsito de las lecciones...?

DORA.--Estoy de paso en Pars y querra adquirir algunas nociones de
pirograbado. (_Alargndole una tarjeta._) Soy la seora Stowe, de
Chicago.

LA SEORA.--Voy a avisar a mi hija.

     _Sale y deja a la seorita Dora en este recibimiento, que adornan
     unas acuarelas pobremente enmarcadas y unos grabados extraos. Al
     cabo de algunos minutos, otra seora, menos vieja de aspecto, abre
     la puerta de un saloncito-estudio de apariencia muy divertida,
     porque se adivina que la duea de la casa ha fabricado por s
     misma todo el decorado: maderas quemadas, cueros estampados,
     estaos repujados, gredas adornadas y muebles de madera blanca
     pintados; encima de la chimenea, y en un marco esplndido, sonre
     la fotografa del que fu dueo de la casa. Est pidiendo a gritos
     que lo abofeteen. Tan satisfecho de s mismo aparece!... La seora
     anuncia a una mujer con un rostro que debi ser lindo, y al que una
     tristeza ya lejana otorga una nobleza especial. Es Julia Duval._

JULIA.--Es usted la seora Stowe, verdad?

DORA (_con un acento americano bien imitado, pero que no engaa a
nadie_).--La misma! Vengo con motivo del pirograbado y del cuero.

JULIA (_muy tranquila_).--Estoy a sus rdenes. Qu gnero de objetos
desea usted estudiar ms especialmente?

DORA (_guiada por cierta presciencia_).--Dios mo...! Los objetos de
ornamentacin corriente... Los que convienen a un hogar burgus...

JULIA.--Comprendido...! Usted tiene un marido que se interesa por las
artes aplicadas y que deseara convertirla en una artesana...

DORA.--No! Estoy aqu sin que lo sepa. Querra darle una sorpresa, me
entiende?

JULIA (_que ya sabe a qu atenerse_).--S! Se trata de una de esas
gestiones que una no se atreve a confesar a su prometido, y todava
menos a su esposo, aunque ste sea tan americano como usted y como yo.

DORA (_ingenua_).--Justo! Usted es la persona indicada para guiarme.

JULIA.--De veras? Ha visto usted obras mas...?

DORA.--Naturalmente...! En el Saln...!

JULIA.--Pues tiene usted muy buena vista, porque debo confesarle que no
he acudido a ninguna Exposicin.

DORA.--Qu aturdida soy...! Yo he visto trabajos de usted en otra
parte... En casa de Chose..., o de Machin...

JULIA (_complaciente_).--Apuesto a que ha sido en la calle de San
Honorato...!

DORA.--Eso es! Qu cosa tan bonita, Dios mo...!

JULIA.--Gracias por sus plcemes; los adoro cuando son sinceros.

DORA.--Adems haba odo hablar de usted...!

JULIA.--Ah! Quiere decirme a quin...?

DORA.--A una amiga que desea permanecer desconocida.

JULIA (_burlona_).--Lo adivino! Una amiga annima, verdad?

DORA.--Algo parecido!

JULIA.--Dar usted las gracias a su amiga, puesto que me proporciona una
discpula tan agradable...

DORA.--En cuanto al precio...

JULIA (_interrumpindola_).--Ya hablaremos de esto ms adelante.
Sintese en ese silln, porque tenemos que decirnos muchas cosas.

DORA.--Usted qu sabe?

JULIA.--Hace poco tena yo un presentimiento. Y pensaba: Hay una
seora Stowe, de Chicago, que vendr a verme una de estas tardes para
pedirme algunas lecciones. Se mostrar muy confusa, a causa de su
gestin, que es un poco atrevida, y apenas llegada aqu tendr grandes
deseos de marcharse. Son tan tmidas las americanas...!

DORA (_valerosa_).--Se equivoca usted. No me marchar si no me echa a la
calle.

JULIA.--Me guardar muy bien de portarme as con una persona que acude a
m con tanta cortesa. A mi edad, y en mi posicin, debe una dedicarse a
formar buenas discpulas, verdad...?

DORA.--Eso depende de las intenciones de usted.

JULIA.--Oh! Voy a retirarme de los negocios despus de no haber hecho
fortuna. Ya no valgo para nada. Por lo tanto, le ceder muy gustosamente
mis secretos. Desea usted adornar la casa de su marido...? No conozco
al seor Stowe; pero... (_Ojeada a la fotografa._) conozco a bastantes
individuos que se le parecen; tomaremos, pues, un nombre general: el del
seor Stowe. Adems, todos los nombres se parecen...!

DORA.--Tratemos slo del seor Stowe.

JULIA.--Es ms cmodo. Vamos a ver... El seor Stowe, es su marido
desde hace muy pocos das...? Es un buen mozo, todava joven, de unos
treinta y cinco aos...?

DORA.--As es, poco ms o menos.

JULIA.--Y usted no sabe an nada acerca de su carcter ni de sus
gustos...?

DORA.--Dios mo...!

JULIA.--Dejemos en paz a Dios...! Usted tiene empeo en ser feliz con
un ciudadano al que ha aceptado a ojos cerrados...? Nada ms sencillo,
si usted acierta a conducirse bien. En primer lugar, lo ama usted?

DORA.--Oh! Ya lo creo...! Estoy segura de ello...!

JULIA.--El, por su parte, debe amarla. Sin duda, para casarse con usted,
ha sacrificado algunos afectos que estimaba en mucho.

DORA.--Lo ignoraba hasta hace poco.

JULIA.--Bueno! Desde luego hay que contar con que es un hombre formado
para la vida del hogar. No se trata de un bohemio. Necesita sus comidas
a una hora fija y sus... diversiones estn previstas de antemano. Usted
es bastante joven para l y acaso toma el matrimonio como una liberacin
de la vida de familia. El, en cambio, entra un poco ms en ella. Mucho
cuidado! De aqu provienen las primeras discrepancias. Las primeras
horas de toda unin son las ms difciles. Si en ellas sobreviene el
choque, se acab!... No caiga usted en el exceso contrario y no sea una
fregatriz. Con una poca costumbre, llegar usted a discernir los das en
que hay que ser una compaera de fiesta y aquellos en que hay que
resignarse a no ser mas que una esposa. Apuesto a que el seor Stowe es
uno de estos egostas risueos que quieren que todo el mundo sea feliz
en el momento en que ellos estn satisfechos de la vida, y que no
toleran que nadie est alegre si ellos estn tristes. No son unos
indiferentes; pero consideran al mundo con relacin a su querida
persona. Amanse ellos en usted, si me es lcito hablar as, y la aman a
usted al travs de ellos. Se ha pretendido errneamente que el amor
era el egosmo de dos personas...!

DORA.--Me tranquiliza usted...!

JULIA.--Los hombres no son santos; pero tienen una excusa, y es que las
mujeres apenas valen ms que ellos. Si se encuentran algunas mejores,
entre todas, no hay que alabarlas demasiado; la bondad es para ellas un
deporte o una costumbre. Prosigamos...! Que la acogida de usted sea
siempre risuea, como el vestido ser siempre objeto de sus cuidados. Un
joven autor ha consagrado una comedia a las mujeres que no se preocupan
de s mismas. En ellas les ha hecho saludables advertencias.

DORA.--No tema usted nada. Tengo una serie de _deshabills_ muy
notables.

JULIA.--Todo no se reduce a los _deshabills_. Usted debe estar siempre
en plena representacin delante de su marido; ha de interpretarle
continuamente la comedia del descuido; en este momento es usted joven,
todo marcha bien y las menores cosas le resultarn fciles; dentro de
diez aos habr perdido usted ya su brillo y ganado otros atractivos. Yo
as lo espero. Sin embargo, tendr usted que estar sobre aviso, y esta
diplomacia no se improvisa. El tiempo en que la mujer est segura de s
misma dura muy poco; el tiempo en que est segura de su marido dura
todava menos. Hay que prever el minuto en que el compaero es amenazado
por el demonio de la saciedad.

DORA (_desconsolada_).--Supone usted que mi marido se cansar de m?

JULIA (_amargamente_).--No se cans de su querida? Porque supongo que
el seor Stowe habr tenido una querida antes de su matrimonio.

DORA.--Yo tambin lo supongo.

JULIA.--Y piensa usted que esta mujer, que no haca con l su primer
experimento, y que acaso lo amaba, no habr recurrido a todo para
atrarselo y conservarlo...?

DORA.--Y, en opinin de usted, por qu no lo consigui...?

JULIA.--Porque el hombre ms enamorado siente la necesidad de
comprometer su dicha, aunque no sea mas que para convencerse a s mismo
de que es libre; una mujer alegre conserva raramente a su amigo, o, si
usted lo prefiere, a su amante, ms de siete aos.

DORA.--Qu diferencia establece usted entre el amante y el amigo?

JULIA.--Para nosotras, el amigo es el amante legtimo, es lo que
representa en nuestra clase al esposo, al caballero de confianza.
Despus de todo, los mejores maridos para ustedes se fabrican con
nuestros amigos.

DORA.--Comprendido! Ustedes son, como quien dice, una escuela de
aplicacin...!

JULIA.--Ay, s...! Y no ignoramos que formamos discpulos para bien de
las mujeres honradas, que nos detestan. Nuestra nica venganza consiste
en pensar que con el tiempo nos casaremos con los maridos divorciados de
nuestras rivales.

DORA (_furiosa_).--Pero yo no quiero que suceda eso!

JULIA.--No lo digo por usted, seorita! Confo en que sabr usted
defender su tesoro.

DORA.--No deseo otra cosa; pero reconozco toda mi inferioridad...

JULIA.--Qu entiende usted por eso...?

DORA.--Es difcil de explicar! Hay una ciencia del amor, que se hace
muy mal en no ensear a las jvenes. De esta suerte, las tales llegan al
matrimonio sin conocer los refinamientos que agradan a su compaero.

JULIA (_riendo_).--No va usted a hacerme creer que las jovencitas de hoy
estn tan poco enteradas de estas cosas. He odo confidencias de
caballeros que me ensearon bastante acerca de la inocencia de las
seoritas de la buena sociedad. Muchas de estas mosquitas muertas
podran darnos lecciones!

DORA.--Desgraciadamente, es exacto; sin embargo, hay entre nosotras
algunas que no estn muy enteradas y que quieren aparentar que saben ms
de lo que saben realmente.

JULIA.--Pues aconseje a stas que no se engran con una ciencia de la
que no conocen mas que los principios. El hombre que sea su marido,
tendr a gran felicidad ensearles la prctica, si le parece bien.
Adems, ser preciso animarle; lo que se cuida ms en una comida son los
entremeses y el postre. Es importante no asombrarse ante las primeras
sorpresas! Por el contrario, reprima usted las manifestaciones de su
asombro y diga que todo tiene su razn de ser, hasta las familiaridades
que al principio le parezcan excesivas. Sobre todo, no se niegue usted
a nada! No sea indiferente ni distrada; espere a comprender el porqu
de las acciones que la desconcertaron; esta revelacin no le ser
concedida sino al cabo de un tiempo vario; con paciencia y buena
voluntad, apenas se har esperar.

DORA.--Muchas amigas mas me han confesado que ellas no haban
experimentado nunca esta revelacin.

JULIA.--Porque sus amigas tendrn unos esposos imbciles o torpes; lo
cual viene a ser lo mismo. O bien porque ellas sern bastante tontas y
se habrn asqueado de un juego en el que no ganaban desde el primer
instante. No hay atajo sin trabajo, ha dicho un fabulista.

DORA.--Confiese usted que todo esto resulta muy complicado!

JULIA.--Pasa lo que en todos los aprendizajes; pero crea usted que el
aprendizaje es lo ms delicioso que hay. Conviene entregarse a l sin
procurar analizarse; toda distraccin es nefasta en estos minutos.
Procure especialmente no aparentar un entusiasmo que no sienta; esto no
engaa a nadie y es ms bien vejatorio para el copartcipe, que tiene
medios de comprobar la sinceridad de los sentimientos y la exactitud de
las expresiones de usted. Al principio, la ignorancia de usted ser lo
que le seducir mejor; luego seguir con alegra sus progresos; el
minuto ms precioso ser aquel en que adivinar que usted toma inters
en la partida, jugando fuerte y pagando fuerte y en buena moneda. En
esta noche quedar l conquistado definitivamente y no pensar ms en la
querida, que le ense el arte de las caricias.

DORA.--Est usted muy segura de que no pensar ms en ella?

JULIA.--Se lo juro; puede usted entregarse con toda confianza al dulce
dueo, que la iniciar. Adems, nunca le recomendar bastante que
dedique todos sus cuidados al guardarropa. Una mujer enamorada debe
estar siempre dispuesta a las conversaciones inesperadas; a partir de
los treinta y cinco aos, en cuanto un hombre tiene un... motivo de
conversacin, quiere aprovecharlo en seguida, ante el temor de que esta
conversacin decaiga; est usted siempre engalanada y emperifollada; no
provoque la charla, pero compngaselas para favorecerla. Si parece que
su marido no le hace mucho caso, no recurra a los celos; stos son mal
excitante, que dejan en pos de s microbios de reproches y de
discusiones. Tampoco sirve de nada una visible tristeza; la mujer triste
pierde mucho de su encanto o impacienta a su marido. Cierto que excita a
los otros; lo cual es una compensacin...

DORA.--Una compensacin para las coquetas...!

JULIA.--Una coqueta no est triste nunca. Otra recomendacin: no se
muestre jams aburrida, porque correra usted el riesgo de aburrir.
Sonra, rmese de buen humor y siempre llevar usted las de ganar. Ea!
Se me olvida algo...?

DORA.--Oh! Todava tengo que aprender muchas cosas. No sospechaba que
la vida fuese tan complicada...

JULIA.--Tranquilcese! Tiene usted lo esencial, porque es usted bonita,
joven y adems nada tonta.

DORA.--Y en qu nota usted que no soy tonta?

JULIA.--En la gestin que ha hecho. Pocas jvenes hubieran sido capaces
de ello, seora Stowe! No le guardo rencor por esto; al contrario, me
parece muy bien. Sin embargo, pudiera usted haber dado con una
profesora de pirograbado menos indulgente que yo...!

DORA.--Le ruego que me perdone si mi visita le ha causado alguna
pesadumbre.

JULIA.--Mi pesadumbre pas hace ya mucho tiempo. Sin duda voy a empezar
otra vez mi vida. No hago otra cosa de veinte aos a esta parte!

DORA.--Me dolera entretenerla ms tiempo. (_Levantndose._) Toda
leccin merece su salario, seora! La ofender suplicndole que acepte
esta sortija, que no tiene valor alguno...? (_Le ofrece una sortija que
se ha quitado del dedo._)

JULIA (_cogiendo la sortija_).--Muchas gracias, seorita!

     _Acompaa a Dora y luego entra en el saln, donde la seora anciana
     acude a su encuentro._

LA SEORA.--Qu! Tienes una nueva discpula?

JULIA.--No, mam! Es una muchacha que carece de condiciones para el
estudio...




XIV

CURSO DE CANTO


_El despacho de un juez de instruccin; moblaje pobre; un bureau debajo
de una ventana; tres sillas; una biblioteca con cortinillas, que
probablemente no encierra ningn libro; una puertecilla, que da a las
habitaciones del escribano, invisible; se entra por otra puerta que hay
en el fondo. Los que vienen por aqu vuelven solos raras veces. A esta
puerta va a llamar cierto da el seor Eloy Genvrain; este
quincuagenario agostado no se retrasa mucho; en esta misma maana ha
recibido una hoja invitndolo a presentarse en el palacio de Justicia, a
cosa de las dos, en el despacho del seor Renato de Espardeillan, juez
de instruccin. Este viejo caballero estaba ayer mismo reluciente y
llevaba erguida una noble faz, muy rasurada, peluda, adornada con una
gran nariz delgada y subrayada por un bigote en forma de parntesis.
Pareca un bravo jabal domesticado! Hoy no es mas que un msero
vejete, repentinamente encorvado, que parece implorar la caridad.
Comprndese que este hombre no se teir ms! La vejez lo ha herido
irremediablemente, gracias a la citacin del juez._

_Despus de un calvario de indagaciones, llega ante el umbral del
Torquemada; llama a la puerta; acrcase un escribano polvoriento; el
paciente muestra su citacin; es introducido en este despacho. Sobre el_
bureau _est inclinado un caballero joven, delgado y ms bien elegante,
con el aspecto de un primer actor del Vaudeville: nariz roma, boca
glotona, ausencia de cejas y calvicie agresiva. Este magistrado, poco
decorativo, se levanta cortsmente e indica una silla Imperio que hay
junto a su temible_ bureau.

EL JUEZ.--Es usted el seor Eloy Genvrain, diputado del Bajo Saona,
verdad?

ELOY (_humilde_).--El mismo, seor juez!

EL JUEZ.--Muchas gracias por haber acudido tan pronto a mi citacin;
trtase de un asunto en que los querellantes dan muestras de una prisa
especial y quieren una solucin pronta.

ELOY (_fingiendo torpemente una sorpresa_).--Le confieso que estoy mal
preparado para esta conversacin!

EL JUEZ (_burln_).--De qu piensa que se iba a tratar en ella?

ELOY.--Soy relator de la ley acerca del aumento de sueldo a los
magistrados instructores y pensaba que usted deseaba interrogarme sobre
este particular.

EL JUEZ (_turbado_).--No, seor diputado...! Desde luego, esta cuestin
no me es indiferente. Pero yo le he llamado aqu para un asunto que le
atae de un modo ms directo. Le acusan a usted de corruptor de una
menor.

ELOY (_dando un brinco_).--Yo...! Yo...? Qu infamia...!

EL JUEZ.--Comprendo su emocin. Sin embargo, hay una querella contra
usted!

ELOY (_sin darle importancia_).--Tiene gracia!

EL JUEZ.--No lo dudo; pero, con arreglo a los informes de la Polica,
usted fu sorprendido en un hotel de la calle de las Grandes Baldosas en
compaa de una muchachita que no haba cumplido los quince aos; el
padre y el hermano de la joven lograron del comisario un proceso verbal
instrudo a instancias suyas; la joven Elisa Machut declar ante el
oficial de Polica que haba sido llevada a este hotel merced a prfidos
manejos, y que una vez encerrada con usted no haba podido substraerse a
sus galantes empeos.

ELOY (_aniquilado_).--Seor juez: soy vctima de una abominable
maquinacin! Han logrado dar un golpe de _chantage_ poltico sin
ejemplo en la historia del sufragio universal!

EL JUEZ.--No veo la relacin que pueda tener esto con el sufragio
universal!

ELOY.--Me juzga usted culpable?

EL JUEZ.--Yo le pregunto solamente si confiesa los hechos.

ELOY.--No puedo negarlos, puesto que me cogieron en flagrante delito!
Pero es preciso que sepa usted la verdad! Aqu donde usted me ve,
caballero, nunca he engaado a mi mujer...!

EL JUEZ (_dubitativo_).--Sin embargo...!

ELOY.--Quiero decir que nunca la haba engaado hasta estos ltimos
tiempos. Y algn mrito tena el conservar esta constancia...! Soy
diputado desde hace cinco aos. Excuso decirle las tentaciones que
habr tenido que sufrir en los teatros subvencionados! Adems, he
redactado el informe de Bellas Artes. Y he permanecido casto...! Este
hecho es nico en los anales de Bellas Artes!

EL JUEZ.--En efecto!

ELOY.--Puede usted felicitarme tanto ms cuanto que la seora Genvrain,
sin que horripile, tampoco puede pasar por una belleza.

EL JUEZ (_indulgente_).--Y usted no tena valor para engaarla! Claro!
As, las seoritas subvencionadas no resultan ya tan atrayentes.

ELOY.--No tengo opinin sobre este asunto, porque nunca quise verlas de
cerca.

EL JUEZ.--Estos escrpulos le honran. Pero despus se ha desquitado
usted...! Las quera usted menores, picarn!

ELOY.--Yo picarn...! Usted tiene ganas de broma...! Aborrezco el
amor, as se trate del conyugal...!

EL JUEZ.--Usted oculta sus intenciones, mi querido diputado!

ELOY.--Le repito que soy vctima de una maquinacin. La culpa de todo
esto la tiene la Proporcional.

EL JUEZ.--No comprendo cmo la Reforma electoral le ha impulsado a
llevar a una menor a una casa de citas.

ELOY.--Porque usted no conoce la perfidia de los competidores. Voy a
desenvolver ante usted toda la canallada de mis adversarios. Podra
hacerse con ella una pelcula...!

EL JUEZ (_resignado_).--Est usted aqu para defenderse y yo le escucho
con paciencia.

ELOY.--Mi historia ser breve. En el Bajo Saona soy el campen de las
ideas avanzadas; los republicanos cuentan siempre conmigo; recib
proposiciones de Fumeux. No lo conoce usted?

EL JUEZ.--No.

ELOY.--Es el boticario de Bizons-les-Dames, un agente de la reaccin, a
quien derrot en las elecciones de mil novecientos catorce. Este me
dijo: Genvrain: quiere usted figurar conmigo en la lista de
candidatos? La Accin Francesa le apoyar; saldr usted con dos
conservadores, que se disfrazarn de moderados; yo y Chaulard, el
liquidador, corremos con los gastos... Qu hubiera hecho usted en mi
lugar...?

EL JUEZ (_cndido_).--Hubiese aceptado.

ELOY.--Yo lo rechac! No se ha hecho ese pan para mis dientes!

EL JUEZ.--Bah! La cuestin es comer!

ELOY.--Fumeux separse de m lanzndome una mirada perversa, y me
amenaz de esta suerte: Amigo mo: ya que se empea usted en obrar por
su cuenta, veremos cmo nos las arreglamos para impedirle que triunfe.
Entonces no conced importancia a estas palabras; sentame orgulloso de
haber rechazado los obsequios de Artajerjes.

EL JUEZ.--Todo esto no me explica...

ELOY.--Espere usted! A partir de aquel da, recib extraos
ofrecimientos: me proponan entrar en Consejos de Administracin y
patrocinar negocios comerciales. Iba a ganar miles y ms miles. No se
me exiga trabajo alguno!

EL JUEZ.--Y decir que yo he buscado durante toda mi vida una ganga como
esa!

ELOY.--Es usted una criatura! Vease demasiado la trampa; pretendan
comprometerme en un negocio puerco. No iban a ir con semejantes
destinos a un imbcil como yo...!

EL JUEZ.--Justo!

ELOY.--Sin embargo, yo no era lo suficientemente estpido para dejarme
atrapar; cuando los otros vieron que por este camino no iban a conseguir
nada, ensayaron otra martingala: me mandaron a Chabornac; ste es uno de
mis electores ms influyentes, un encargado de caf-cantante de toda mi
confianza. El tal Chabornac vino a buscarme hace pocos das y me habl
de esta manera: Mi querido diputado: vengo de parte de la familia
Machut para ver a Elisita Machut, que ha hudo del hogar paterno a fin
de debutar en un caf-cantante. A estas buenas personas les disgusta
tener una nia en el teatro y querran traerla al buen camino a fuerza
de puntapis en... Ya me entiende usted...! En fin, si usted quisiera,
vendra conmigo al curso de Canto donde la rapaza se perfecciona; le
echaramos el guante, usted le dira buenas cosas y yo me la llevara a
Bizons. Usted no puede negarme esto, que causar, adems, un efecto
excelente en su distrito...! Yo no me haba olido la trastada, y segu
a mi Chabornac; llevme a lo ms hondo de una callejuela, all, por el
bulevar de Estrasburgo; subimos la escalera de una casa tan nauseabunda,
que usted no la hubiera encontrado digna de albergar siquiera sus canes.
Al llegar al entresuelo, pasamos a una habitacin sin muebles; no haba
en ella mas que un piano, sobre el cual manoteaba un msero bujarrn
tuberculoso; en torno suyo haba una fila de mujercitas, que repetan a
coro una cancin necia. El profesor les tarareaba el estribillo de moda;
estas desventuradas deban desgaitarse cantando en seguida aquello en
los _music-halls_ de provincias, donde son entregadas como pasto a los
sargentos mayores de la guarnicin. Y que se tolere esto en nuestra
poca...!

EL JUEZ.--Se toleran tantas cosas...!

ELOY.--Qu tristeza...! Valiente porquera el tal curso de Canto...!
Las pobres criaturas cantaban al unsono y descubran sus muslos con el
mismo ademn. No he visto en el mundo nada ms lgubre que aquello. En
la primera hilera de estas rprobas distinguimos a Elisita Machut, que
se mova con ms ardor que sus compaeras y que alzaba la pierna a la
altura de un principal. Ya le dar a usted la direccin, seor juez,
para que haga cesar este escndalo!

EL JUEZ.--S..., s...! Contine...!

ELOY.--Esperamos a que acabara esta triste exhibicin; luego se adelant
Chabornac, se llev aparte a la rapaza durante algunos minutos y despus
de esto me la trajo, dicindome: Aqu la tiene, seor Genvrain! Es una
chica razonable, que slo desea tornar al buen camino; vamos a llevarla
a comer y usted le sermonear lo que sea necesario... Le juro que haba
tomado en serio mi papel de bienhechor; por otra parte, la tarea era
fcil: la joven Elisa tena una cara apicarada y un cuerpo delicioso y
carnosito. Hubiera usted pensado que contaba por lo menos veinte aos.
Tan hermosa y robusta pareca...!

EL JUEZ.--Evidentemente, usted se dej engaar por las apariencias...!

ELOY.--Fuimos a comer al restaurante Duval para acabar nuestra
conversacin; el miserable Chabornac me haca beber, mientras que yo
multiplicaba los sabios consejos a la rapaza; sta estaba sentada a mi
lado; me contemplaba con sus grandes ojos y murmuraba: Qu bien habla
usted...! Habla como mi confesor. Estuve enamorada de mi confesor cuando
hice mi primera comunin... Yo charlaba y beba...! A los postres,
Chabornac se eclips, como quien no hace nada, dejndome con la
pilluela. Esta habase vuelto completamente buena y me juraba que
tomara el tren del da siguiente para tornar al redil; yo sentame
feliz y orgulloso de haber realizado una buena accin; cierto que estaba
a medios pelos y que consideraba al universo con indulgencia. Notaba en
m una imprevista juventud. He de advertirle que no fu nunca joven.
Ejerca el cargo de ujier en Bizons cuando mi mujer se fij en m. Yo no
haba cometido ninguna locura en esta capital de distrito. Desengaado
de cuanto se relaciona con los sentidos, habame consagrado a la
poltica, canalizando en esta direccin todas mis aspiraciones. Mientras
yo predicaba justamente la prudencia, apoderse de m un demonio, que
experiment un maligno placer obligndome sin decir oxte ni moxte a
hacer ademanes contrarios. Pronunciaba palabras definitivas acerca del
deber, en tanto que mis manos se perdan por la rolliza grupa de esta
Elisa tan trmula. Qu sucedi luego...? Creo recordar que la joven me
condujo a un baile pblico y que me oblig a bailar. Deb escandalizar a
los concurrentes habituales de aquel lugar, porque pronto nos plantaron
en la calle. Yo era ya un pingajo. La de los Machut hizo entonces de m
lo que le di la gana. Cmo despert en un hotelito de la calle de las
Grandes Baldosas? Comet el crimen que usted me reprocha? Lo ignoro!
No soy mas que un pobre hombre que no puede con el vino de Champaa...

EL JUEZ.--Sin embargo, el flagrante delito...!

ELOY.--Yo dorma y soaba que acababa de ser nombrado presidente de la
Comisin de Presupuestos, cuando unos golpes retumbaron en la puerta;
recuerdo que, medio dormido, murmur: Levntate, Julia...! Es el
correo! Julia es mi mujer. Los golpes se hicieron ms recios; mi
compaera fu a abrir con una precipitacin que me asombr. Entr un
comisario, seguido de los Machut, padre e hijo, los cuales no vacilaron
en compararme con el ms vil de los animales. El comisario cogi mis
papeles y me invit a seguirle; Elisa lloraba y se arrojaba a los pies
de su pap; yo contemplaba esta escena bblica con un estupor ridculo.
De sbito lo comprend todo! Haba cado en una encerrona! El traidor
Chabornac haba maquinado esta perfidia; necesitbase un escndalo para
desacreditar al campen de las ideas republicanas en el Bajo Saona. Los
Machut se haban vendido al enemigo y Chabornac me haba traicionado! Me
atrajeron a este hotel de tercer orden despus de haber alquilado
previamente la habitacin. Estaba perdido...!

EL JUEZ (_conmovido_).--Seor diputado: su relato es bastante verosmil;
pero yo no puedo dejar de cursar una denuncia tan grave.

ELOY.--Oh! No hay nada ms sencillo! Anuncie a los querellantes que
no me presentar otra vez diputado si desisten de su denuncia. Quieren
que cante la palinodia? Pues la canto, y en paz...

EL JUEZ (_perplejo_).--Sin embargo, y si est en juego el inters de la
Repblica?

ELOY.--Oh! El inters de la Repblica...! Si viera usted cun poco me
importa! A m no me preocupa mas que una cosa.

EL JUEZ.--Cul?

ELOY.--Que mi mujer no se entere de esta historia!

EL JUEZ.--Ser muy difcil ocultrsela.

ELOY.--De veras?

EL JUEZ.--Y, adems, qu importara que lo supiera?

ELOY (_aterrado_.)--Valiente ocurrencia! Ignora usted que el capital
es suyo?

EL JUEZ (_amable_).--Bah! Acabar usted por convencerme...! Vamos a
ver, mi querido diputado... Acaso hay un medio de arreglarlo todo...

ELOY.--No haga que me alegre sin motivo...!

EL JUEZ.--Usted, en fin de cuentas, es vctima de unos maestros del
_chantage_!

ELOY.--Se convence usted?

EL JUEZ.--Se echar tierra a este asunto; pero con una condicin.

ELOY.--Aceptada...!

EL JUEZ.--En estos ltimos tiempos, usted ha votado de una manera que ha
contrariado al presidente del Consejo; usted, que era el ms firme apoyo
del Gobierno, ha cedido a las peores sugestiones de la oposicin.

ELOY.--Lo sabe usted...?

EL JUEZ.--Ay, querido diputado! La justicia no es tan ciega como se
dice.

ELOY.--Ya me doy cuenta...!

EL JUEZ.--No tengo que darle ningn consejo. Usted es demasiado listo
para no comprender que su suerte est en sus propias manos. Vuelva,
pues, a su casa, caballero...! Arreglaremos este asunto. Y en lo
sucesivo desconfe del _chantage_, plaga de nuestra poca...




XV

CURSO DE ESGRIMA


_El maestro Eustaquio Bouteloup es el director de una sala de armas
situada en el barrio Monceau; tres amplias estancias, adornadas con
floretes, espadas, caretas y fusiles antiguos; el maestro es un hombre
de estatura mediana y horriblemente musculoso; lleva puesto el peto de
asalto; su rostro evoca un retrato de Velzquez; para completar la
imagen, slo le falta la gorguera... Este hombrecito es el rey de la
espada y su leccin pasa por infalible; no ama mas que su arte y
experimenta un placer sensual manejando espadas. Desde hace treinta aos
ha sido confidente de todos los duelistas, lo mismo de los ms listos
que de los ms ignorantes; solamente la guerra pudo interrumpir las
consultas que el maestro Eustaquio solventaba en su pisito bajo de la
calle Logelbach. Al comienzo de este dilogo, el maestro se dispone a
colocar una hoja de espada en una empuadura; deplora, en tanto que
canturrea, la tristeza de estos tiempos, en que nadie se bate y en que
no se concede atencin al noble arte de las armas; solamente tiene como
discpulos a los antiguos concurrentes a la sala, que combaten la gota
o la arterioesclerosis. La guerra ha matado al duelo, lo mismo que mat
a la conversacin! El maestro ha terminado de fijar la hoja en la
empuadura con grandes precauciones, cuando suena la campanilla de la
puerta de entrada. El maestro sale a abrir e introduce a dos caballeros:
uno es el seor Bill Sharp, su antiguo discpulo; otro es un joven muy
plido, muy alto, muy rubio y que no parece estar muy tranquilo._

EL SEOR SHARP.--Querido maestro Eustaquio: te traigo a uno de mis
amigos, el seor vizconde Len de Cogniot, que tiene necesidad de tus
conocimientos.

EUSTAQUIO.--Adelante, seores! Pasen a la sala de armas; a estas horas
no hay nadie todava. (_Introduce a los visitantes en el santuario._)
Sintense en el divn...! Bienvenido a nuestra sala, seor
vizconde...! Entra usted en un saln que vi las mejores espadas de esta
poca. Ah donde se sienta usted se sentaron los ms famosos campeones
de espada, que son discpulos mos.

EL SEOR SHARP.--El maestro Bouteloup conserva la pura tradicin de la
espada! Todo el que recibe sus lecciones es invencible!

EL VIZCONDE (_dbil_).--Acepto este augurio!

EUSTAQUIO.--De qu se trata...? Quiere adiestrarse este caballero?

EL SEOR SHARP.--No! Mi amigo tiene que batirse en duelo dentro de
algunos das...

EUSTAQUIO (_sorprendido_).--Pues no lo comprendo! No est prohibido
el duelo mientras dure el estado de sitio...?

EL SEOR SHARP.--Tienes razn, amigo mo; pero dentro de diez das
volveremos al antiguo rgimen merced a la ratificacin del Tratado de
paz, y entonces las personas decentes podrn zurrarse a su talante en el
terreno. En fin, ya era hora...! Se iba uno enmoheciendo...!

EUSTAQUIO (_radiante_).--Gracias a Dios! Me traen ustedes una noticia
estupenda, por la que les doy las gracias. Les juro que crea que mis
compatriotas no tenan mas que sangre de nabo en las venas. Le prometo,
seor vizconde, prepararlo con todo esmero.

EL VIZCONDE (_siempre dbil_).--Muchas gracias, maestro!

EUSTAQUIO.--Vamos a ver de qu se trata...! A m me gusta conocer
siempre el asunto, porque debe usted comprender que si ste no me agrada
lo enviar a un compaero.

EL VIZCONDE.--Apruebo sus escrpulos. Mi caso es de los ms honrosos y
estoy seguro de que usted, a su vez, aprobar mi conducta. No tengo nada
de matn y desde mis ms tiernos aos evit las cuestiones. Yo me
inclino a la conciliacin.

EUSTAQUIO (_severo_).--Mal hecho! Un hombre no debe dejarse pisotear
por nadie...!

EL VIZCONDE.--Tiene usted razn, mi querido maestro; pero yo soy alegre
por naturaleza y mis principios me apartan del duelo.

EUSTAQUIO.--Veo que no es usted deportista. Usted no tiene sangre en las
venas.

EL VIZCONDE.--He jugado al _tennis_, que es todo lo que me permitan mis
medios.

EUSTAQUIO.--S! Usted ha descuidado su educacin. Contine...!

EL VIZCONDE (_molesto_).--Yo he cumplido con mi deber durante la
guerra! Figur en la seccin veintids y tengo los galones de sargento.

EL SEOR SHARP (_confuso_).--Adelante!

EL VIZCONDE.--Digo esto para indicar que no soy pendenciero y que no me
gusta armar camorra con el prjimo.

EUSTAQUIO.--Estos sentimientos le honran! Nunca se debe buscar camorra
al prjimo! Lo que se debe hacer es aprovechar las ocasiones que ste le
ofrezca a uno para romperle las narices. Eso es todo!

EL VIZCONDE.--Usted har de juez, caballero! Estaba yo en el _cabaret_
de Lutecia, en compaa del seor Sharp, mi amigo, aqu presente, y de
mi amiga, la seorita Amelia Migeon, conocida principalmente por el
sobrenombre de _Zipette_; la velada deslizbase deliciosa,
divirtindonos todos delicadamente, como personas bien educadas. Pero he
aqu que viene a sentarse junto a nosotros un individuo acompaado de
una especie de pellejo. No comprendo cmo admiten gente de esta calaa
en el _cabaret_ de Lutecia; la mujer hallbase en un estado de
embriaguez avanzada, y el hombre apenas se encontraba mejor que ella;
piden champaa, y luego se ponen a mirarnos de hito en hito a _Zipette_
y a m, y a comunicarse en voz baja ciertas reflexiones, que deban ser
muy graciosas porque les hacan rer de una manera irritante; yo senta
que se me suba la sangre a la cabeza, y mi amiga, por su parte, se
agitaba; lo cual no es buena seal en ella.

EL SEOR SHARP.--No exager usted las cosas?

EL VIZCONDE (_molesto_).--No soy un nio, amigo mo, y veo claramente
todo. Usted, en cambio, no ha visto nada, porque nos refera su viaje al
Canad.

EUSTAQUIO.--Le ruego que refiera pronto su historia.

EL VIZCONDE.--Est bien! Los vecinos persistan en su molesta actitud;
en esto, mi _Zipette_, agotada ya su paciencia, se pone a hablar en voz
alta y a gritar que haba en el vasto universo personas sin educacin,
las cuales acabaran por recibir unas cuantas bofetadas de las personas
distinguidas de la reunin.

EUSTAQUIO.--Ah! Esto es una provocacin.

EL VIZCONDE.--Usted perdone! Era la respuesta a una provocacin!

EL SEOR SHARP.--Y dale! Vas a empezar otra vez...? Los testigos han
reconocido que t eras el ofensor.

EL VIZCONDE (_con amargura_).--Los testigos son unos calabazas!

EL SEOR SHARP.--Muchas gracias! Se sacrifica uno por ti para que
luego lo trates de esta manera!

EL VIZCONDE.--Yo no he hablado de ti en particular! Ahora bien; apenas
haba lanzado _Zipette_ estas aladas palabras, cuando la doncella de al
lado, dirigindose a la concurrencia, aludi a ciertas golfantas que
merecan recibir una buena azotaina; agreg que los caballeros y las
seoras a quienes interesara este espectculo no tendran que esperar
mucho tiempo para verlo. Entonces mi _Zipette_ apostrofa a su vecina y
le dice: Usted perdone, seora! Se dirigen a m esas frases?
Seora: se dirigen a los pendones en general. Pero si usted quiere
aplicrselas...! Los dichos de una prostituta no tienen importancia:
por eso desdeo los suyos... Etc., etc. Figrese usted cmo se
regocijara la honrada reunin; esto excitaba ms a las dos seoras, las
cuales llegaron a emitir dudas acerca de su fidelidad para con sus
amantes. Cuando los cocheros rien, llega siempre un momento en que los
golpes van a dar sobre los clientes. Lo mismo sucede en las discusiones
de mujeres; hasta entonces nos habamos esforzado por calmar a las
seoras, pero esto no serva sino para enfurecerlas ms; nos vimos
arrastrados en la cuestin; el caballero de al lado me trat de idiota,
y yo le califiqu de rastacuero; revolotearon los eptetos; con ademn
simultneo nos tiramos los platos a la cabeza; yo le obsequi con un
cangrejo a la americana; l me envi mollejas de ternera; nos separaron;
cambiamos las tarjetas, y luego nos plantaron a los cinco en la calle.
Al da siguiente nuestros testigos ponanse a trabajar; mi adversario,
un tal Gmez Ocervo, espaol, exigi la espada. Esto es muy desagradable
para m, porque no s coger un florete. Me bato maana, y ser incapaz
de defenderme...!

EUSTAQUIO.--Creo conocer a su adversario...! Calle...! Ocervo...!
Pertenece a la sala Massena...! Es un tipo muy bragado...!

EL VIZCONDE (_inquieto_).--De veras?

EUSTAQUIO.--Si es el Ocervo que yo me imagino, le vencer desde el
primer encuentro... En fin, tranquilcese... Yo me las apaar para que
no resulte mas que herido. Dnde se bate usted...?

EL SEOR SHARP.--En el Parque de los Prncipes, en el barrio de los
exploradores, a las once.

EL VIZCONDE.--Yo pensaba que nadie se bata en tiempo de guerra.

EUSTAQUIO.--S! Pero se ha levantado el estado de sitio y el duelo no
es ya contrario a las leyes del honor.

EL VIZCONDE.--No es que tenga miedo; pero yo haba contado con un breve
aplazamiento a fin de adiestrarme.

EUSTAQUIO.--Voy a ensearle a ponerse en guardia. Si sigue usted bien
mis consejos, no arriesgar gran cosa. Pngase este peto y tome esta
careta; aqu tiene una manopla parecida a la que usar usted sobre el
terreno; coloque su brazo en tal forma que su espada sea como una
prolongacin de su antebrazo. Est as, inmvil! No deje que su hoja
se separe de la lnea...! Usted tiene un brazo bastante slido y no debe
hacer mas que recobrar inmediatamente su posicin. Ahora voy a ensayar
las principales estocadas que se intentan sobre el terreno; su
adversario es muy fuerte y no arriesgar combinaciones complicadas:
rectas, fondos, envolvimientos, una y dos... Conteste sin descubrirse.
Cuando advierta que va a venir la estocada, salte hacia atrs.

EL VIZCONDE.--Pero y si no advierto que viene?

EUSTAQUIO.--Oh! Es cuestin de intuicin...! Si hubiera tenido ms
tiempo, le hubiese enseado a replicar inmediatamente. Nada como esto
para desconcertar a un adversario...!

EL VIZCONDE.--De todas maneras, mi querido maestro, si escapo de sta
vendr a perfeccionarme en su arte.

EUSTAQUIO (_tranquilo_).--Cuento con ello! Cuidado! Voy a
atacarle...!

EL VIZCONDE (_saltando muchos metros atrs_).--Caramba...!

EUSTAQUIO (_persiguindole_).--Muy bien! Pero no se vaya tan lejos...!

     _La leccin contina; al cabo de una hora, el vizconde casi sabe
     ponerse en guardia con la espada; el maestro le garantiza que no
     har mal papel, le aconseja que se acueste temprano y que duerma y
     le vende un par de espadas de combate con la cazoleta
     reglamentaria. El vizconde se marcha seguido del seor Sharp; diez
     minutos despus de esta visita, el maestro recibe otra: el
     comandante Prune le trae a un caballero moreno, de tez olivcea,
     que tampoco parece muy tranquilo._

PRUNE (_cabeza de viejo militar retirado_).--Salud, mi querido
Bouteloup! Le traigo a mi amigo el seor Gmez Ocervo, que tiene maana
una cuestin de honor. Gmez: el seor maestro Bouteloup, cuyo elogio le
he hecho!

GMEZ.--Celebro mucho conocerle, maestro!

EUSTAQUIO (_que ha pasado ya de la edad de los asombros_).--Es usted
pariente del esgrimidor?

GMEZ.--De ninguna manera! No somos de la misma familia. Adems, yo no
s ni coger una espada...!

EUSTAQUIO.--Bah! Ya le ensear a ponerse en guardia. No lo matarn.
Apenas le herirn levemente. Y esto es lo esencial!

PRUNE (_principiando un discurso_).--Mi amigo ri ayer con un
borracho...

EUSTAQUIO.--S, s! Ya lo s...! En el _cabaret_ de Lutecia...!

PRUNE.--Cmo se ha enterado usted...?

EUSTAQUIO.--En mi sala se est al corriente de todas las cuestiones de
honor. Este caballero se bate maana, a las once, en el Parque de los
Prncipes, no es cierto?

GMEZ.--Efectivamente! Est usted bien informado!

EUSTAQUIO.--No tiene usted tiempo que perder. Pngase este peto...!
(_Le da el mismo peto que acaba de dejar el vizconde._) Cbrase con
esta careta! Aqu tiene una manopla parecida a la que usar usted
maana! Ya est...! Colquese de forma que su antebrazo sea como una
prolongacin de su espada... Etctera..., etctera...

     _Reprodcese la leccin lo mismo que ya la conocemos; el maestro
     aconseja a su nefito que no se mueva, que salte nada atrs y as
     sucesivamente; Gmez se despide de su profesor, despus de haber
     comprado un par de espadas de combate y la manopla._

EUSTAQUIO.--Ser muy extrao que maana por la maana se hagan dao
alguno. De todas formas, ir a ver el duelo, porque me parece que no se
aburrir uno all.

     _Llegan los discpulos y se ponen al corriente del acontecimiento._

     _Al otro da por la maana, en el barrio de los exploradores, los
     cuatro testigos y los dos adversarios se encuentran; saludos
     ceremoniosos; mientras los duelistas se van, cada uno a su cabina,
     para ponerse la obligatoria camisa sin almidonar, el director del
     combate, el clebre Julio, gran campen de espada, charla con los
     testigos; mdese el suelo a grandes zancadas; juganse los puestos
     a cara o cruz; los_ chauffeurs _de las dos limosinas que han
     conducido a los dos grupos han trepado al techo de las cabinas, a
     fin de asistir al juicio de Dios. Cada uno de ellos se pone de
     parte de su patrn, aunque ambos son de alquiler._

EL PRIMER CHAUFFEUR.--Qu aire ms ridculo tiene tu cliente...!
Apenas puede mantenerse en pie...!

EL SEGUNDO CHAUFFEUR.--Tu cliente s que parece ridculo...!
Seguramente est temblando!

EL PRIMER CHAUFFEUR.--Mi cliente es todo un hombre! Se va a comer al
tuyo como si fuera un mostachn...! Y sin beber siquiera...!

EL SEGUNDO CHAUFFEUR.--Quita de ah, hombre El mo es todo nervios!
Os podremos! Te lo aseguro...! Eso es viejo!

EL PRIMER CHAUFFEUR.--T no calles...! Pero ya vers...!

     _Contina la discusin entre estos caballeros; estn a punto de
     venir a las manos; pero he aqu que llegan los periodistas, el
     operador del cinematgrafo, los fotgrafos, el maestro Bouteloup,
     los parientes y los amigos de cada combatiente; aquello se llena de
     gente; se desinfectan las espadas quemndolas en una palangana; los
     dos mdicos, que proceden a esta delicada operacin, parecen hacer
     un ponche; ambos duelistas, en camisa, se mantienen aparte; el
     guarda del barrio se acerca al vizconde y le habla._

EL GUARDA.--Caballero: hoy es da de aniversario...!

EL VIZCONDE (_encantado de encontrarse con un interlocutor_).--De
veras? Y qu aniversario es?

EL GUARDA.--Hoy hace seis aos, justos y cabales, que el prncipe
Monsousoff fu muerto en desafo en este mismo sitio.

EL VIZCONDE (_sonriendo dbilmente_).--Espero que esto no ser
contagioso!

EL GUARDA.--Quin es capaz de saberlo...? Se da tan pronto una grave
estocada! Pobre prncipe...! Lo vuelvo a ver cayendo baado en su
sangre! Mire! Fu a morir all, en la cabina, donde usted se ha
vestido...

EL VIZCONDE (_verduzco_).--Oh! No soy supersticioso...!

     _Los testigos ponen fin a esta agradable conversacin; los
     adversarios son conducidos a sus sitios; aqullos hcense un poco
     atrs; el famoso Julio pronuncia la palabra sacramental:
     Adelante, caballeros! De comn acuerdo, siguiendo las enseanzas
     del maestro, ambos combatientes dan un brinco hacia atrs; ligera
     emocin en la concurrencia; pausa; de esta guisa podran permanecer
     mucho tiempo; Julio toma la resolucin de conducir otra vez a estos
     caballeros a su punto de partida; los enemigos se observan, rgido
     el brazo, sin moverse; el operador del cine da vueltas a su
     manivela. Esto no formar un conjunto excelente! As se pasa el
     tiempo del encuentro; luego son separados los adversarios; sus
     testigos van a confortarlos, en tanto que los doctores se dedican
     al masaje del antebrazo._

SHARP (_a su apadrinado_).--Muy bien! Ha estado usted estupendo! Pero
por qu no intenta usted un pequeo ataque?

     _Como el comandante Prune ha hecho la misma advertencia a su
     apadrinado, sguese que en el segundo encuentro los adversarios se
     atacan con una violencia no exenta de torpeza; hay un cuerpo a
     cuerpo que regocija al operador de cine; preciptase Julio para
     separar a estos dos furiosos; pnchase fuertemente en el ndice; lo
     vendan; descanso._

     _Tercer encuentro: ms calma; tejemaneje insignificante y anodino;
     sin embargo, la espada del vizconde roza la mueca de Gmez._

JULIO (_lleno de esperanza_).--Alto! Ha sido usted tocado,
caballero...!

     _Se desnuda al espaol; no tiene nada; se le vuelve a vestir; se
     desinfectan las espadas._

     _Cuarto encuentro: al esbozar una tmida agresin, el vizconde se
     pincha en la mueca con la espada tendida de su compaero. No se
     ha escapado esto a la mirada vigilante de Julio!_

JULIO (_precipitndose con el bastn levantado_).--Alto...!

     _Los mdicos se apoderan de la mueca que les tiende el vizconde,
     un poco plido, y, a fuerza de apretrsela, hacen salir una gotita
     de sangre de la herida._

JULIO (_satisfecho_).--El duelo ha terminado, caballeros, puesto que uno
de los adversarios se encuentra en condiciones de inferioridad.

     _Ceremonia de la reconciliacin; despus de una corta pero corts
     discusin, Gmez se adelanta hacia el vizconde y le expresa la
     esperanza de no haberle herido mortalmente; el otro le tiende la
     mano tan poco ensangrentada; hay un asalto de finezas._

GMEZ.--Pronto ser medioda. Usted no ha desayunado y yo tampoco.
Quiere hacerme el favor de ser mi husped en compaa de sus amigos?

EL VIZCONDE (_contento_).--Con mucho gusto! Mi coche est ah. Iremos
juntos. Adonde nos dirigimos?

GMEZ (_finamente_).--El _cabaret_ de Lutecia me parece el lugar ms
indicado. Telefonaremos a las seoras, que vendrn a reunirse con
nosotros, y as se conocern mejor.

     _Dicho y hecho; el vizconde y el seor Ocervo suben a la misma
     limosina; todo el mundo est locamente alegre, menos el_ chauffeur
     _del vizconde, que no comprende nada de esto_.

EL CHAUFFEUR.--Cmo! Se baten y despus se van juntos! Qu
asquerosa es la gente del gran mundo! Y decir que he estado a punto de
zurrarme con mi colega a causa de este to imbcil...!

FIN




NDICE


                               Pginas.

I.--Curso de literatura              5

II.--Curso de declamacin           17

III.--Curso de euritmia             31

IV.--Curso de natacin              47

V.--Curso de idiomas                63

VI.--Curso de bridge              77

VII.--Curso de belleza              91

VIII.--Curso de cocina             107

IX.--Curso de decorado             119

X.--Curso de medicina              135

XI.--Curso de pintura              149

XII.--Curso de moral               165

XIII.--Curso de amor               179

XIV.--Curso de canto               193

XV.--Curso de esgrima              207

     MARCELO PROUST.--_Por el camino de Swann._ Traducida del francs
     por Pedro Salinas.

     _A la sombra de las muchachas en flor._ Traducida por Pedro
     Salinas.

     ENRIQUE MANN.--_Las diosas. Diana._ Traducida del alemn por Jos
     P. Bances.

     _Las diosas. Minerva._ Traducida por M. Pedroso.

     _Las diosas. Venus._ Traducida por M. Pedroso.

     _Los pobres._ Traducida por M. Pedroso.

     _El profesor Unrat._ Traducida por Jos P. Bances.

     EMILIO CLERMONT.--_Laura._ Traducida del francs por Luis Bello.

     ANDRES SUARES.--_Crssida._ Traducida del francs por Bernardo G.
     de Candamo.

     LEONARDO COIMBRA.--_La alegra, el dolor y la gracia._ Tr. del
     portugus por Valentn de Pedro.

     MIGUEL DE UNAMUNO.--_Tres novelas ejemplares y un prlogo._

     ANTON CHEJOV.--_El jardn de los cerezos._ Traducida del ruso por
     Saturnino Ximnez.

     TOMAS MANN.--_La muerte en Venecia._ _Tristn._ Traducida del
     alemn por J. Prez Bances.

     ALEJANDRO ARNOUX.--_El "cabaret"._ Traducida del francs por
     Bernardo G. de Candamo.

     JUAN GIRAUDOUX.--_La escuela de los indiferentes._ Traducida del
     francs por Toms Borrs.

     _Simn el Pattico._ Traducida por Manuel Azaa.

     _Lecturas para una sombra._ Traducida por N. Gonzlez Ruiz.

     FRANCIS JAMMES.--_Rosario_ al sol. Traducida del francs por Magda
     Donato.

     ANNIE VIVANTI.--_Los devoradores._ Traducida del italiano por
     Cristbal de Castro.

     ESCIPION SIGHELE.--_Eva moderna._ Traducida del italiano por
     Cristbal de Castro.

     _La mujer y el amor._ Traducida del italiano por Pedro Pedraza.

     HUMPHRY WARD.--_Roberto Elsmere._ Traducida del ingls por F.
     Villaverde.

     CARLOS PEGUY.--_Obras escogidas._

     VALERY LARBAUD.--_Fermina Mrquez._ Traducida del francs por
     Enrique Dez-Canedo.

     ISRAEL ZANGWILL.--_Los hijos del Ghetto._ Traducida del ingls por
     Vicente Vera.

     EUGENIO D'ORS.--_Oceanografa del tedio._

     SCHNITZLER.--_Anatol._ Tr. del alemn por L. Araquistain.


LOS POETAS

     MIGUEL DE UNAMUNO.--_El Cristo de Velzquez._

     FRANCIS JAMMES.--_Del toque de alba al toque de oracin._ Tr. del
     francs por E. Dez-Canedo.

     TEIXEIRA PASCOAES.--_Tierra prohibida._ Traducida del portugus por
     Valentn de Pedro.

     ALBERT SAMAIN.--_En el jardn de la infanta._ Traducida del francs
     por Emilio Carrre.


NOTAS:

[1] Aqu hay un juego de palabras intraducible al espaol. _Des
seins_--de los senos--_y desseins_--designios--suenan lo mismo al
pronunciarlas.--(N. del T.)

[2] Aqu y en las lneas siguientes hay varios juegos de palabras
inglesas y francesas semejantes o casi semejantes en su pronunciacin y
de traduccin imposible al espaol.--(N. del T.)

[3] El gran sartorio, en francs, llmase _le grand couturier_, es
decir, el gran modisto; de donde un juego de palabras intraducible al
espaol.--(N. del T.)







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electronic work or group of works on different terms than are set
forth in this agreement, you must obtain permission in writing from
both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and Michael
Hart, the owner of the Project Gutenberg-tm trademark.  Contact the
Foundation as set forth in Section 3 below.

1.F.

1.F.1.  Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable
effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread
public domain works in creating the Project Gutenberg-tm
collection.  Despite these efforts, Project Gutenberg-tm electronic
works, and the medium on which they may be stored, may contain
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property infringement, a defective or damaged disk or other medium, a
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of Replacement or Refund" described in paragraph 1.F.3, the Project
Gutenberg Literary Archive Foundation, the owner of the Project
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LIABILITY, BREACH OF WARRANTY OR BREACH OF CONTRACT EXCEPT THOSE
PROVIDED IN PARAGRAPH F3.  YOU AGREE THAT THE FOUNDATION, THE
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LIABLE TO YOU FOR ACTUAL, DIRECT, INDIRECT, CONSEQUENTIAL, PUNITIVE OR
INCIDENTAL DAMAGES EVEN IF YOU GIVE NOTICE OF THE POSSIBILITY OF SUCH
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in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS' WITH NO OTHER
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If any disclaimer or limitation set forth in this agreement violates the
law of the state applicable to this agreement, the agreement shall be
interpreted to make the maximum disclaimer or limitation permitted by
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that arise directly or indirectly from any of the following which you do
or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.


Section  2.  Information about the Mission of Project Gutenberg-tm

Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
electronic works in formats readable by the widest variety of computers
including obsolete, old, middle-aged and new computers.  It exists
because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
people in all walks of life.

Volunteers and financial support to provide volunteers with the
assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
remain freely available for generations to come.  In 2001, the Project
Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.


Section 3.  Information about the Project Gutenberg Literary Archive
Foundation

The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
Revenue Service.  The Foundation's EIN or federal tax identification
number is 64-6221541.  Its 501(c)(3) letter is posted at
http://pglaf.org/fundraising.  Contributions to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
permitted by U.S. federal laws and your state's laws.

The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
throughout numerous locations.  Its business office is located at
809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
business@pglaf.org.  Email contact links and up to date contact
information can be found at the Foundation's web site and official
page at http://pglaf.org

For additional contact information:
     Dr. Gregory B. Newby
     Chief Executive and Director
     gbnewby@pglaf.org


Section 4.  Information about Donations to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation

Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
spread public support and donations to carry out its mission of
increasing the number of public domain and licensed works that can be
freely distributed in machine readable form accessible by the widest
array of equipment including outdated equipment.  Many small donations
($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
status with the IRS.

The Foundation is committed to complying with the laws regulating
charities and charitable donations in all 50 states of the United
States.  Compliance requirements are not uniform and it takes a
considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
with these requirements.  We do not solicit donations in locations
where we have not received written confirmation of compliance.  To
SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
particular state visit http://pglaf.org

While we cannot and do not solicit contributions from states where we
have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
against accepting unsolicited donations from donors in such states who
approach us with offers to donate.

International donations are gratefully accepted, but we cannot make
any statements concerning tax treatment of donations received from
outside the United States.  U.S. laws alone swamp our small staff.

Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
methods and addresses.  Donations are accepted in a number of other
ways including checks, online payments and credit card donations.
To donate, please visit: http://pglaf.org/donate


Section 5.  General Information About Project Gutenberg-tm electronic
works.

Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
concept of a library of electronic works that could be freely shared
with anyone.  For thirty years, he produced and distributed Project
Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.


Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
unless a copyright notice is included.  Thus, we do not necessarily
keep eBooks in compliance with any particular paper edition.


Most people start at our Web site which has the main PG search facility:

     http://www.gutenberg.org

This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
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